Entradas archivadas Jot Down

De los lectores se pasa

Escrito el 3.12.11 a las 11:18

“Llevo unos años escribiendo columnas. Y he aprendido algo asombroso: unas gustan a unos, unas gustan a otros, unas no gustan a casi nadie y otras, las menos, gustan a casi todos. Creo que de los lectores hay que pasar y dedicarse uno a estar satisfecho consigo mismo y su trabajo. Ése es el primer deber del columnista. Ya sé que mi tentación al acabar de escribir es enviarle el artículo a media España antes de publicarlo, pero al final se impone el riesgo (risas). Sobre si se elige un tema u otro, tampoco le doy mucha importancia porque no me dedico a cambiar gobiernos. A mí me preocupa más el juego que pueda dar el artículo. Como cuando la Junta de Extremadura organizó un taller de pajas, por ejemplo. Yo esa columna no la suelto así haya un golpe de Estado. Lo primero es mi numerito; después, el país”.


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Locura y muerte en ETA

Escrito el 1.12.11 a las 8:37

Txato Kalparsoro estaba captando a futuros etarras mediante el método convenido de dar a conocer anécdotas que hubiese compartido con los contactados. Probablemente no quería que le ocurriese lo que al etarra Santiago Díez Uriarte, que acabó denunciado en los juzgados por tres abertzales, uno detrás de otro y en sucesivos días, a los que invitó a sumarse a ETA. Lo habían creído parte de la “txakurrada”.


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Nunca veo nada como un tiempo perdido

Escrito el 24.11.11 a las 9:23

“Nunca veo nada como un tiempo perdido. Empecé a publicar libros infantiles, que está considerado como la puerta de atrás de la literatura. Tenía 32 años y un enorme oficio por detrás. No me había contagiado de uno sólo de los tics de los literatos. Venía de otro mundo; había estado en la radio, en el periodismo. Ahora veo a gente muy joven en la literatura que piensan que son absolutamente originales en su forma de mostrar su vocación, y en algunos casos los veo muy rancios. Tan profesionales desde tan jóvenes. Uf. Imitando lo que han hecho otros jóvenes en otro tiempo. Esa cosa del jovencito que se cree que va a venir aquí a romper con todo, que desprecia lo anterior, ni lo he vivido ni lo he necesitado. No tuve la oportunidad de pisar mesas redondas, ni de ser llamada joven autora, ni de pertenecer a una generación. Me he librado. Alguna vez, cuando un periódico hace una fotito generacional de jóvenes novelistas me encuentro a gente de mi edad. ¡Pero esto qué es! Si hasta cuando yo empecé a publicar me consideraba una adulta, o madura, si lo prefieres. Como se supone que debe ser. Pero toda esa suerte de descubrimiento del autor joven al que se le alaba porque es como una fruta fresca que hay que comer rápido antes de que se pudra con la madurez me parece algo así como un capricho del periodismo cultural”.


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Nos destrozamos nosotros mismos

Escrito el 15.11.11 a las 10:08

No se habían inaugurado aún los años veinte ni Scott Fitzgerald abría de par en par las ventanas de los hoteles para inundar las calles de dólares. El enamorado Francis quiso triunfar en la publicidad antes de publicar a los veinticuatro años A este lado del paraíso. Entonces eran una pareja de novios; él, acomplejado por no poder ir a la guerra; ella, una femme destinada a la dolce far niente: una de esas mujeres que queman si las tocas, inestable y pasional, dedicada a los placeres extasiantes de la vida, formidablemente zumbada. “Su talento”, escribió Hemingway de Fitzgerald, “era tan natural como el dibujo que forma el polvillo en un ala de mariposa. Hubo un tiempo en el que él no se entendía a sí mismo como no se entiende la mariposa, y no se daba cuenta cuando su talento estaba magullado o estropeado. Más tarde tomó conciencia de sus vulneradas alas y de cómo estaban hechas, y aprendió a pensar pero no supo ya volar, porque había perdido el amor al vuelo y no sabía hacer más que recordar los tiempos en que volaba sin esfuerzo”.


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¿Pero de dónde sale?

Escrito el 10.11.11 a las 8:44

Emil corría desmadejado, con el rostro hundido en un dolor espantoso, cabeceando bruscamente y moviendo los brazos de forma absurda, contraviniendo cualquier ciencia. Emil hacía lo contrario de lo que se debía hacer: se movía sin importarle los brazos, como si le sobrasen, y sacudiendo de forma absurda los hombros de tal forma que levantaba los codos de forma exagerada.


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¡Otros preferirán la juventud!

Escrito el 1.11.11 a las 8:49

En sus primeros diarios, Iñaki Uriarte relata la actitud displicente de un personaje de Monnier la primera vez que vio el mar: “Tal cantidad de agua roza lo ridículo”. Lo recuerdo cuando me cruzo con la entrevista que Robert Mallet le hizo a Paul Léautaud, y que tradujo Emilio Quintana: “¿Cómo explica usted una repulsión tan absoluta por el mar?”. “Eso no tiene explicación, es así y punto. Por más que lo miraba, me parecía una lata (…) Me gusta más una pequeña orilla en un paisaje que el mar. Encuentro que tiene más expresión”.


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Amar el ciclismo

Escrito el 25.10.11 a las 9:28

Roger Walkowiak aceptó hablar para un documental. Delante de la cámara, sembrado de arrugas, contaba divertidas anécdotas ciclistas hasta que el periodista, después de varios rodeos, se atrevió a preguntarle por una cuestión espinosa: el Tour que había ganado cuarenta años antes. “Nunca hablo de eso, ni siquiera con mi mujer”.


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Romeo

Escrito el 9.10.11 a las 10:05

Siempre que veía a Félix Romeo en las revistas y en los periódicos me decía a mí mismo que debería leer algo bueno y grande como él y no limitarme a algunos artículos suyos en Letras Libres.


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Piratas

Escrito el 4.10.11 a las 10:17

Visto en perspectiva había entonces cierto romanticismo en matar a alguien que no era de tu país precisamente por eso, por extranjero.

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Cesária

Escrito el 25.09.11 a las 11:41

Su música es el quejido, la morna caboverdiana (del mourn: el lamento). Se crió en un orfanato y salió a los escenarios de todo el mundo descalza (la diva aux pieds nus) para denunciar la pobreza y acercarse tremendamente a los pobres de su país debatiéndose entre el dolor y la nostalgia.


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