El periódico mecánico

La primera vez que vi una linotipia ya no había linotipistas. O sí, pero eran otra cosa y trabajaban en la planta de arriba. La linotipia estaba en los talleres de Diario de Pontevedra en la calle Secundino Esperón. Años después la calle pasó a llamarse Hermanos Vázquez Lescaille. Ahora se llama calle de Rouco. Los locales del Diario de Pontevedra se convirtieron en una oficina de Correos, más tarde una sucursal de caja de ahorros y ahora están en desuso, cubiertos de polvo y folletos publicitarios; en la puerta un cartel anuncia un “taller sobre el perdón” dirigido por un experto, que ya tiene que ser sospechoso un experto en el perdón.

En quince años la calle ha tenido tres nombres y la sede del periódico tres usos, todos acordes con el futuro de la prensa. La primera vez que pisé ese lugar fue un día de 1997. Subí las escaleras de madera hasta la primera planta para entregar una carta al director. En ella criticaba una información del diario deportivo As que había representado la alineación de un equipo con violines y la otra con tanquetas o algo parecido. Fui con mi chica de entonces, y el redactor que nos abrió la puerta no le quitó el ojo mientras yo le agitaba delante de las narices mi papel. Un chico de 19 años que escribe una carta al director quiere ser periodista, no que le levanten a su novia.