Son de amor

En son de paz llegan los enemigos. Lo sabe Artur Mas, que agitó la bandera blanca por la ventanilla al entrar en La Zarzuela, y lo sabe Felipe VI. Por eso cuando Mas dijo que visitaba al Rey en “son de paz” lo raro fue que la Guardia Real no se pusiese alerta, pues esperaba a un presidente autonómico y se encontró con la confesión de un guerrero. Y sin embargo el presidentresumió el estado en que se encuentra el soberanismo catalán: una paz tranquila y mansa, sin perturbaciones, que aspira al monopolio de la moral.

Son de amor, en El País