Si Leo está bien, Pep ya no está bien

Cuando Pep Guardiola llegaba a los entrenamientos del Barcelona lo primero que hacía era observar a Leo Messi y preguntar por él. “Es que si Leo está bien, todo está bien”, le confesó alguna vez al columnista español Salvador Sostres. En aquel Guardiola estudioso y obsesivo por los detalles había algo de clarividencia después de tantos videos, tantas tácticas y tantas jugadas ensayadas. Reaccionaba del mismo modo que el cerebro de Pat Riley en circunstancias anormales, cuando un punto por debajo y a falta de tres segundos Magic Johnson preguntaba qué hacer.

-¿Cómo qué hacer? Sos Magic Johnson: agarrá la pelota y metela.

En Pep Guardiola había también esa aprensión que legitimaba de golpe su enorme castillo táctico, sus pilares rayanos en el fundamentalismo del balón, los triángulos y los extremos abiertos con que el Barcelona aprende desde niño a devorar al rival. Él sabía, como había confesado en la intimidad, lo mismo que el Tata Martino confesó después en público: “Si Leo está bien, mi táctica está bien”. Messi lo homologa todo en el Barcelona desde hace más de diez años; Newton sólo podría demostrar su ley de la gravedad en La Masía si tira a Leo de un árbol. Las cosas existen en Barcelona si Messi les encuentra un uso.

Si Leo está bien, Pep ya no está bien, en La Nación