Ítaca

A estas alturas deben de estar volviendo de sus vacaciones las primeras remesas de jóvenes que han hecho un viaje “experimental” o “iniciático”. Digo deben de estar porque ya no queda ningún amigo de la partida; el último que volvió de Perú lleva diez años llamándonos a todos para “hablar”. Lo imagino desde entonces con un hatillo de notas y unas fotos en sepia sin nadie a quién enseñar, como si le hubiesen amputado la mejor parte del viaje: contarlo. Me gusta verlo junto a un chamán en una colina mientras escucha que nada tendrá sentido si en la oficina nadie se entera de sus misteriosas conversaciones nocturnas.

Ítaca, en El País