CXX

El anuncio y lo que hay detrás. Madrid es una ciudad que temo sea una enredadera. No saldría nunca del Bernabéu y gastaría todo el dinero en taxis. Me he prometido a mí mismo volver sólo cuando tenga que rodar.

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Una de las cosas con las que lidiamos a menudo los periodistas es con nuestro plumero. Detrás de cada redactor, a la hora de encender la pantalla, pueden verse a los representantes del Observatorio de la Imparcialidad, compuesto naturalmente de radicales de uno y otro lado, pues la objetividad siempre la vigilan los espíritus más atormentados. Los periodistas escribimos con la mirada del Tribunal implacable en la nuca. Cada vez que abrimos la maqueta escuchamos arrastrarse una silla y sentimos de repente su respiración a la espalda. Incluso cuando el artículo coge la temperatura adecuada sabemos que seguirá ahí, ceñudo, auscultando el texto como si fuera la barriga de un mosquito. Hace años en un suceso se me ocurrió contar que la ambulancia había tardado a causa del embotellamiento en una calle: casi dimite el concejal de Tráfico y yo con él.

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Rubalcaba en la pasarela

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Mi vida como un sarcófago por la que sólo se cuela la luz de las palabras. Aún por encima, las mías.