Escrito el 24.11.11 a las 9:23
“Nunca veo nada como un tiempo perdido. Empecé a publicar libros infantiles, que está considerado como la puerta de atrás de la literatura. Tenía 32 años y un enorme oficio por detrás. No me había contagiado de uno sólo de los tics de los literatos. Venía de otro mundo; había estado en la radio, en el periodismo. Ahora veo a gente muy joven en la literatura que piensan que son absolutamente originales en su forma de mostrar su vocación, y en algunos casos los veo muy rancios. Tan profesionales desde tan jóvenes. Uf. Imitando lo que han hecho otros jóvenes en otro tiempo. Esa cosa del jovencito que se cree que va a venir aquí a romper con todo, que desprecia lo anterior, ni lo he vivido ni lo he necesitado. No tuve la oportunidad de pisar mesas redondas, ni de ser llamada joven autora, ni de pertenecer a una generación. Me he librado. Alguna vez, cuando un periódico hace una fotito generacional de jóvenes novelistas me encuentro a gente de mi edad. ¡Pero esto qué es! Si hasta cuando yo empecé a publicar me consideraba una adulta, o madura, si lo prefieres. Como se supone que debe ser. Pero toda esa suerte de descubrimiento del autor joven al que se le alaba porque es como una fruta fresca que hay que comer rápido antes de que se pudra con la madurez me parece algo así como un capricho del periodismo cultural”.
Elvira Lindo, en Jot Down