Entradas archivadas FronteraD

No hay problema

Escrito el 17.11.10 a las 7:27

En un ataque colérico sin precedentes, provocado por la ausencia de cobertura 3G y una fístula infame, hace dos semanas reventé el USB de Simyo contra el radiador, quedando hecho pedacitos en réplica exacta de mi vida.

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La cara infinita

Escrito el 24.10.10 a las 5:08

El sábado 16 de octubre me desperté a las siete de la mañana paseando rácanamente la lengua por los labios, que no sentía, y frotándome los ojos, inflados como pelotas de rugby. Permanecí en cama con la luz apagada durante media hora porque aquello prometía. Llevaba un mes y medio encerrado en casa sin probar el alcohol ni relacionarme con nadie más allá de diez palabras. Para ese sábado en concreto yo tenía una agenda más apretada que el alcalde, y palpándome en la oscuridad intuí, de repente, que me había convertido en una cucaracha, como el otro.

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Mear en amor y compañía

Escrito el 17.10.10 a las 20:35

Mear en un baño fuera de casa siempre me supone un momento de gran intensidad emocional. Normalmente soy incapaz en cuanto alguien se pone a mi lado. Es un bloqueo psicológico que experimento desde siempre y que me acarrea un sinfín de situaciones ridículas.

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La vida por delante

Escrito el 10.10.10 a las 7:21

Llegamos a Amsterdam en avión y cogimos un tren para acercarnos a Vlissingen, la ciudad holandesa a la que íbamos, pero nos quedamos dormidos y aparecimos en Bélgica. No era la primera vez. Una noche uno de nosotros salió en Coruña, volvió en tren a Pontevedra y se pasó a Vigo, así que se subió de nuevo al tren y apareció, naturalmente, en Santiago. Si todo el mundo exportase así sus tradiciones hoy Europa sería imbatible. El vecino más ilustre de Vlissingen, por lo demás, era un camello de 50 años negro como el carbón al que llamaban Blanquito.

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Tener sitio

Escrito el 3.10.10 a las 2:56

Hace años, cuando vivía con mis padres, cada ausencia suya el fin de semana era celebrada con euforia mundialista. Yo escuchaba en la comida que se iban el viernes a Sanxenxo, me excusaba de la mesa un momento “para ir al baño”, y una vez dentro cerraba por dentro, me quitaba la camiseta y la agitaba dando saltos delante del espejo antes de decidirme si masturbarme o no aprovechando el entusiasmo.

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La columna de Dorian Gray

Escrito el 26.09.10 a las 12:17

La primera vez que escribí una columna con una foto de ésas que ilustra al columnista, y que suele ser una foto en la que aparece uno torturado y mirando de lado, a veces con el mentón apoyado en el puño, como si el cerebro le pesase un huevo, se la dediqué a la foto.

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El colmo de la desdicha

Escrito el 19.09.10 a las 3:46

Yo he tratado de leer a Proust con la misma firmeza con la que he tratado de leer a Dios, o sea ninguna, porque en cierto modo me he aproximado a ambos con el respeto de quien no cree en las magdalenas ni en los milagros.

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El orden del día

Escrito el 12.09.10 a las 2:56

Una mañana entré en el ascensor de mi edificio cargado con las bolsas de la compra. Yo entonces vivía en un ático, y como me tenía muy visto en el espejo y empezaba a envejecer, me puse a leer el orden del día que la comunidad de propietarios, ese politburó siniestro, había pegado en la pared. El ascensor subía a medida que yo bajaba la vista leyendo ese lenguaje ladinamente politizado, que a veces ya parece que está uno leyendo el Zutabe, cuando al llegar al punto número cinco me encontré a mí de golpe, sin preámbulos: “Situación del vecino del Ático B y medidas a adoptar”.

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La noche que no fue

Escrito el 4.09.10 a las 10:49

La cadena Ser, como tantas otras veces, estaba en la ciudad y daría su programa de las mañanas en directo desde el Teatro Principal de Pontevedra. La cosa tiene fuerza de costumbre: pasa por los micrófonos el alcalde, alguno de nuestros cinco prohombres de izquierdas y un gaiteiro; es la fórmula de la mañana itineraria de Hoy por hoy, casi tan animada como la del Carrusel.

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Tuneo

Escrito el 1.08.10 a las 4:34

Yo no quiero avasallar, pero hace años una chica me escribió un correo en el que venía a decirme lo mucho que yo le gustaba escribiendo.

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