Entradas archivadas FronteraD

Casi chulo

Aquellos años yo me movía entre la inmundicia, la desazón y la paranoia, así que cuando un compañero del periódico me propuso alojar unos días a dos amigas suyas que llegaban en tren desde Zaragoza cabeceé como esos viejos a los que le da mucho el sol, un poco resignado. Claro que a Galicia no se llega en tren desde Zaragoza siendo inocente: algo muy turbio tiene que pasar; algo, en fin, relacionado con el delito o con la pobreza.

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Un parchís color pistacho

Yo empecé a ganar el Nadal porque me pareció un premio a mi altura, y siempre tuve la sensación de que se fallaba la noche en que se entregaba (como muy temprano algunas noches antes), no en el momento en que el editor le pide al autor que le eche unos párrafos al cheque.

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Un número equivocado

Churchill dijo una vez que la democracia era el régimen en el que si alguien te llamaba a las seis de la mañana sabías que era el lechero. En mi casa, si alguien llama a esas horas sabemos que alguien quiere coger un autobús.

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Una tertulia en la cárcel

(…) Yo dije que cada vez me interesaba opinar menos, pero que bien es verdad que hay días en los que la columna ha de rellenarse sí o sí, y no siempre hay historias en el armario o asuntos triviales de los que ocuparse, y se pone uno de repente a salvar el mundo. También que en este país los columnistas están en los diarios compitiendo para ver quién se toma más en serio y hasta los viñetistas se las dan de trascendentes. Que no hay humor, vamos, y el que hay es humor inteligente hasta el elitismo, indetectable para el pueblo, como esos codazos estúpidos que se dan los intelectuales en las cenas con una gracia sobre Plinio el Viejo. Luego bien es verdad que está el humor involuntario, la risa que se da sin pretenderlo, pero eso no cuenta. Por lo demás suelen vaciarse las columnas como se vacía el saco de pienso en las granjas industriales, y la gente va al periódico con la sagrada misión de convencerse, no de informarse. Con todo, el periódico no sólo se complace de convencer, sino que viene fabricándose para tal objeto y con una sensibilidad muy particular, como hacía Camba con sus artículos teniendo en mente a su admirador incondicional (…)

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Porno

A los pocos días de instalar internet desarrollé una adicción casi infantil por el porno, al que pasaba enganchado horas no tanto por la masturbación propiamente dicha, que también, sino por una cierta curiosidad profesional en lo que había allí de potencial narrativo, empezando por una jerga que actualmente uso a la hora de clasificar los hechos más trascendentales de mi vida según los vea busty, milf, brunette, blowjob, threesome, bbw, tranny y por ahí todo seguido.

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Nostalgia de Herodes

Hay en mi juventud dos guerras capitales que creo haber librado con destreza: el día en que me convertí en el mejor empresario de locales de alterne de España y la mañana de verano en la que los niños dejaron de ser una molestia necesaria para convertirse en el enemigo al que combatir sin cuartel con todas las armas.

Nostalgia de Herodes, en FronteraD


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Antología

Hace un par de meses emprendí la tarea definitiva de mi vida: elaborar una selección de mis artículos, ordenarlos en temáticas y empezar a andar con ellos de editorial en editorial como un chamarilero.

Antología, en FronteraD


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Horror en el ultramarinos

Probablemente no haya en España un lugar en el que se refleje tan bien el espíritu cainita de las amas de casa como los supermercados. Ya dijo en su momento mi amigo Montano que las amas de casa de los ochenta fueron las primeras friquis, y que fue Almodóvar el visionario encargado de recoger esa impresión, alimentar la hilarante fatuidad de su desdicha y elevar todo ello al cine a través de un par de películas.

Un viejo artículo que recupero esta semana para FronteraD


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Morir en Caneliñas

Así que una noche de verano de principios de siglo saqué de una discoteca de la mano (como yo hacía las cosas entonces, un poco en la escuela de ligoteo Chiquilín) a una niña ourensana, que Sanxenxo está lleno de ellas, rubita y de ojos azules, que era el catálogo con el que yo trabajaba en mis veintipocos. Nos dejó un taxi en Portonovo, y subimos la cuesta de Caneliñas enamoriscados y mordiéndonos las orejas como perritos juguetones.

Morir en Caneliñas, en FronteraD


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Ruido interior

Yo era un despojo moral y un títere manirroto que salía bien entrada la noche a pasear al perro por las calles del casco antiguo, semiborracho casi siempre, y a veces, si alguien me pedía dinero o me pedía droga, o sólo se dirigía a mí para pedirme la hora, peleaba por placer.

Ruido interior, en FronteraD


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