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De los lectores se pasa

Escrito el 3.12.11 a las 11:18

“Llevo unos años escribiendo columnas. Y he aprendido algo asombroso: unas gustan a unos, unas gustan a otros, unas no gustan a casi nadie y otras, las menos, gustan a casi todos. Creo que de los lectores hay que pasar y dedicarse uno a estar satisfecho consigo mismo y su trabajo. Ése es el primer deber del columnista. Ya sé que mi tentación al acabar de escribir es enviarle el artículo a media España antes de publicarlo, pero al final se impone el riesgo (risas). Sobre si se elige un tema u otro, tampoco le doy mucha importancia porque no me dedico a cambiar gobiernos. A mí me preocupa más el juego que pueda dar el artículo. Como cuando la Junta de Extremadura organizó un taller de pajas, por ejemplo. Yo esa columna no la suelto así haya un golpe de Estado. Lo primero es mi numerito; después, el país”.

Entrevista en Jot Down.


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CXXI

Escrito el 18.11.11 a las 2:08

Entra un señor gordito de unos sesenta años en el supermercado haciendo muchos aspavientos y tras él una joven pareja con pinta de acorralada. “Venga, que hoy coméis”, dice de pronto.

CXXI, en Elmundo.es


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CXX

Escrito el 6.11.11 a las 9:40

El anuncio y lo que hay detrás. Madrid es una ciudad que temo sea una enredadera. No saldría nunca del Bernabéu y gastaría todo el dinero en taxis. Me he prometido a mí mismo volver sólo cuando tenga que rodar.

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Una de las cosas con las que lidiamos a menudo los periodistas es con nuestro plumero. Detrás de cada redactor, a la hora de encender la pantalla, pueden verse a los representantes del Observatorio de la Imparcialidad, compuesto naturalmente de radicales de uno y otro lado, pues la objetividad siempre la vigilan los espíritus más atormentados. Los periodistas escribimos con la mirada del Tribunal implacable en la nuca. Cada vez que abrimos la maqueta escuchamos arrastrarse una silla y sentimos de repente su respiración a la espalda. Incluso cuando el artículo coge la temperatura adecuada sabemos que seguirá ahí, ceñudo, auscultando el texto como si fuera la barriga de un mosquito. Hace años en un suceso se me ocurrió contar que la ambulancia había tardado a causa del embotellamiento en una calle: casi dimite el concejal de Tráfico y yo con él.

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Rubalcaba en la pasarela

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Mi vida como un sarcófago por la que sólo se cuela la luz de las palabras. Aún por encima, las mías.


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Rajoy de antimovida

Escrito el 11.10.11 a las 9:30

Me piden que escriba del estilo de Rajoy y estoy por exigir una millonada. El estilo de Rajoy, de tenerlo, es un estilo conservador de las provincias, de hijo de juez que ha vivido en Pontevedra, donde los que tenían posibles se vestían en los setenta como hippies mal peinados o como magistrados de la Audiencia, con toga y todo.

Rajoy de antimovida, en GQ


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CXIX

Escrito el 8.10.11 a las 11:07

Habría tanto que escribir en estos diarios.

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Irse a Madrid es un libro de verdad. Se trata de una pregunta recurrente en las entrevistas que obtiene una respuesta exacta: “La gracia de este libro, o de esos artículos a los que usted se refiere, es que pasó todo como se cuenta, y en cualquier caso hay ciertas historias rebajadas no para no espantar al personal, que me la trae al pairo, sino a mi familia, que me prefiere contenido y heredero”. Mi querido Grial se llevó un libro firmado por los protagonistas de cada columna que protagonizaron. Pero lo más divertido que pasó, y todavía pasa, está por escribir y habrá que ponerlo directamente en forma de novela antes de morir en el intento de querer venderlo como realidad.

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Respecto a la luna, sigue donde siempre y a las mismas horas, frente a la ventana. Cuando levanto la cabeza está ahí mirándome como miran las lunas. Si me fijo mucho puedo ver reflejada en ella el rostro de un lunático.

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CXVIII

Escrito el 23.09.11 a las 10:24

-Ya he estado en tu blog nuevo, ¿pero ahora cómo saben que he entrado?

-Tienes que llamar a El Mundo para decirles qué páginas viste, y ellos apuntan con un palito la visita en una libreta.

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-¿Viste La Vanguardia?

-La compramos por la mañana, pero no la abrí aún.

-Joder, mamá, que salgo yo.

-Bueno, hombre, no tuvimos tiempo. Hoy fuimos a San Sebastián.

-¿Pero cómo podéis estar todo el día con el periódico bajo el brazo sabiendo que salgo yo y no abrirlo?

-…..

-Es que no salgo en sucesos, ¿eh?

-Es que si sales en sucesos, meu filliño, no voy al quiosco a comprarlo.

-Que se habla muy bien de mí. Que se dice que soy un “ser benigno”.

-Mira, ¿y ese señor te conoce? ¿No, verdad? ¿Y qué me va a decir a mí que yo no sepa a estas alturas?

-……

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CXVII

Escrito el 14.09.11 a las 10:18

En la superstición de que el trato con los puercos no ha de rendir ningún fruto excepcional, los lectores capitalinos nos asomamos a la obra de los autores de provincias componiendo esa sonrisa conmiserativa del que cree estar ante la caligrafía de Alfredo Landa en Los santos inocentes. Fue Quim Monzó quien, en uno de sus artículos más dañinos, me previno contra esos críticos que alisan la piel del mundo por el procedimiento de dividir la literatura en urbana y rural.

¡Un escritor, carallo!, por Pepe Albert de Paco


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CXVI

Escrito el 12.09.11 a las 2:18

Sólo con la venta en Cataluña de todas las banderas españolas y merchandising relacionado con la Casa Real se va sufragando el mantenimiento del Fortuna. Pero me asombra el jaleo y la ira, que se repite siempre, con lo cansado que es estar enfadándose cada año con la misma historia e invocar a los mismos espíritus. Es como si uno se la tiene jurada a su dentista y se presenta todos los años a la puerta de la consulta a quemarle su foto tal día en concreto y darle un sermón. Esos movimientos basados en la charlatanería se desarticulan a menudo de la manera más sencilla, como hizo el Fouché de Zweig al clausurar el club de los jacobinos.

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“(…) Contra los charlatanes basta un gesto enérgico. Sin vacilar sube a la tribuna; por primera vez, al cabo de seis años, los jacobinos oyen su voz fría y sobria, pero esta vez no para excitar, en nombre de la Libertad, el odio contra los déspotas: el hombrecito desmedrado declara sencillamente la disolución del club. La sorpresa es tan grande que nadie opone resistencia. No se indignan ni se arrojan con los puñales contra el aniquilador de la Libertad, como siempre juraron. Balbucean nada más, se repliegan y desalojan estupefactos el salón. Fouché calculó bien: contra hombres hay que luchar; a los charlatanes se les derriba con un gesto. Ahora que está desalojado el salón avanza despacio hacia la puerta, la cierra y se mete la llave en el bolsillo. Y con esta vuelta de llave termina, efectivamente, la Revolución francesa”.

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Rubalcaba exhibe verbo en El País. “He podido cometer errores, pero donde he estado, he hecho; y Rajoy, ha pasado”. Y Rajoy sin poder contestarle como Gary Cooper: “Todos los sitios son buenos para pasar de largo”.

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Me preguntan si iré a la cena de despedida de becarios. Explico con educación que yo no me siento a la mesa con nadie diez años más joven que yo. Asumo envejecer, pero con cautela.

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Entre tanto debate sobre cuántos días debe celebrarse a Feira Franca, nadie sugiere la idea de por cuánto tiempo ha de dejar de celebrarse.


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CXV

Escrito el 3.09.11 a las 7:13

Marcos Abal desembarca con Cunqueiro en Jot Down: “Yo no soy un erudito, por eso pido perdón si alguna vez aparezco tal; a mí lo que me gusta es contar llano y seguido, fantástico y sentimental a la vez; lo que pasa es que a veces escribo entusiasmado y distraído”.

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El que no aguante la presión, que cambie de trabajo.

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Una cortesía de David Gistau


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CXIV

Escrito el 30.08.11 a las 9:07

En un matrimonio de ancianos siempre hay un momento en el que, en medio de la pelea y de ese odio inútil que crece entre las parejas por aburrimiento o por pereza, ella le quita a él un pelo de la chaqueta o le aparta una miga de pan al lado de la boca. En ese gesto mecánico, del que apenas hay consciencia, la mujer le ha dicho al hombre todo lo que le ha estado diciendo en los últimos cincuenta años, y ambos han mantenido un diálogo secreto que se ha reproducido a través de los siglos sin que nadie pudiese descifrarlo, como uno de esos códigos usados confidencialmente en las guerras entre un nativo y su traductor.

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Llegar a los ochenta años sin rencor, o disimularlo tan bien que no impida querer.

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Probablemente uno de los sucesos literarios más traumáticos en la vida de los hombres haya sido la muerte de Sherlock Holmes. Tanto, que Conan Doyle tuvo que resucitarlo para levantar la moral del Imperio. No se puede leer su carta de despedida al doctor Watson sin evitar un sentimiento profundo y entrañable de tristeza. En ese ejemplo tan british de ir a la muerte concede Holmes un solitario lujo a su más íntimo amigo en la hora final. Tras cientos de páginas viviendo su vida con cierta melancolía, el gran detective escribe una frase emocionante: “Téngame, mi querido compañero, por sinceramente suyo”. Muchos años antes, Watson diría al amigo que le presentó al joven Sherlock Holmes: “Le quedo muy agradecido por habernos puesto en relación. Ya sabe usted que el verdadero tema de estudio para la Humanidad es el hombre”. Y al final, Watson dice de él que es “la persona a quien yo consideraré siempre como el mejor y el más entendido de los hombres a quienes me ha sido dado a conocer”. De tantos versos extraordinarios de Borges hay uno inolvidable: “Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una de las buenas costumbres que nos quedan”.

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De mi vida lo que puedo contar es bueno, por eso la escribo poco. Hace un año comencé a publicar mis diarios pletórico de tristeza, como un señor enjoyado envuelto en depresiones al que la desgracia le estaba tumbando el pelo. Pero cuando las cosas amenazan con ir bien resulta de mala educación contarlo. La cultura del alarde está muy extendida en España, por eso hay tantas televisiones: porque no damos abasto. Tras eliminar el contador de visitas del blog, un amigo –en la vieja Pichelería, aquel bar en el que se juntaban los socialistas de Pontevedra; cerró, siguiendo el ejemplo del partido- me preguntó por qué: “Porque empezaban a ser muchas”.

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Vuelve a ser el provinciano que no sabe si viene a Madrid de putas o de premios. La letra gorda sobre el cuaderno antiescolar de blancoespaña y cal, etc. “El escritor, en este país, es un hereje, Paco. Fidel Castro dice que Sartre, yo y algún otro hemos sido agentes de la CIA. No te jode. Somos de la raza de los herejes, Paco”.

- Los enemigos, Camilo.

- Te diré lo que Narváez a su confesor, en la hora de la muerte. “No tengo enemigos, padre. Los fusilé a todos”.


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