Entradas archivadas El Mundo

Alguien tiene que hacerlo

Escrito el 3.02.15 a las 9:58

El miércoles, cuando publiqué el artículo de los asesinatos de Marisela Escobedo y su hija, omití un detalle por falta de espacio, concretamente por falta de 300 páginas. Marisela se instala delante del palacio de Gobierno con su hermano. Cuando un asesino llega y se le encasquilla el arma, el hermano le golpea el brazo, pero al cargar otra vez persiguiendo a la mujer -y esto no lo escribí- apunta antes al hermano, que al ver la pistola se echa atrás. Así que el asesino ejecuta a Marisela y se va. En esas décimas de segundo se construye un tratado sobre valentía e instinto de supervivencia, también llamado miedo. En este caso incluso responsabilidad.


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Último cuento de Navidad

Escrito el 3.02.15 a las 9:57

Una pareja se conoce en Ciudad Juárez, diciembre de 2005: Sergio Barraza, 22 años, y Rubí Fraire Escobedo, 14. El chico se la lleva de casa e impide a su madre verla. La mujer intimidada, Marisela Escobedo, se conforma con mirar todos los días a escondidas a su hija para ver que está bien. La niña se queda embarazada y los dos vuelven con la madre para que se haga cargo; consigue trabajo para el chico, tiene en casa a la hija y a la nieta, Heidi. En agosto de 2008 desaparecen los tres. Marisela Escobedo sólo encuentra a Sergio y Heidi. Sergio le dice que Rubí se fue con otro hombre. La madre de Sergio confirma la versión. Pero Sergio Barraza desaparece con el bebé. Empieza la segunda vida de la enfermera Marisela Escobedo. Con recursos propios y ayuda de familiares emprende una búsqueda por el país para dar con Sergio Barraza, miembro de Los Zetas. Lo encuentra, avisa a las fuerzas de seguridad, siempre se escapa, a veces de forma insultante. En junio de 2009 por fin lo detienen y Sergio habla en el juicio: asesinó y quemó a Rubi Fraire Escobedo, dice dónde están los restos -aparecen huesos de la niña- y pide perdón a Marisela Escobedo. Lo absuelven por unanimidad. La lectura de la sentencia está en Youtube: Marisela Escobedo se levanta, grita, tira algo al suelo y termina desmayándose. Barraza se va. Empieza otra vida, la última, de Marisela Escobedo. Organiza marchas en varias ciudades, recoge firmas y clama por algo más que la resolución del asesinato de su hija: quiere saber el punto en el que se encuentra la desintegración del Estado mexicano. Se instala frente al palacio de Gobierno de Chihuahua para demandar respuestas. «Tengo amenazas. Él ya está involucrado en un grupo del crimen organizado. ¿Qué está esperando el Gobierno? ¿Que venga y termine conmigo? Pues que termine conmigo, pero aquí, a ver si les da vergüenza», dice el 12 de diciembre de 2010. La matan el 16 de diciembre. Una cámara fija graba el asesinato: un hombre se acerca a ella con una pistola pero se le encasquilla. El hermano de Marisela le golpea en el brazo con una silla de plástico, pero el asesino carga otra vez. Marisela corre hacia la puerta del palacio de Gobierno: el hombre la mata de un tiro en la nuca. Marisela se desploma en la acera frente al despacho del gobernador, el asesino se sube a un vehículo y se va. En octubre 2012 un sicario llamado El Wicked confiesa el asesinato: fue encargado por Los Zetas al Cartel de Juárez para callar a la mujer. Un mes después el Ejército mata a Sergio Barraza, condenado en rebeldía a 50 años tras la revisión de su juicio, en un tiroteo. El Wicked, arrepentido y usado por el Gobierno para dar charlas en colegios, murió en su celda el pasado 30 de diciembre. Por un infarto fulminante, anunció la Fiscalía. Asesinado, rectificó días después. Lo mató Jimmy Cuevas, antiguo cómplice del asesinato de 16 personas en un bar. Según la Fiscalía El Wicked había delatado a su socio, que se presentó en su celda de máxima seguridad, grabada las 24 horas, y lo estranguló. La familia de Marisela nunca reconoció a El Wicked como asesino de la mujer. El hermano, testigo presencial, dice que fue Andy Barraza, hermano de Sergio. En cualquier caso El Wicked, condenado por otros asesinatos, no llegó a ser juzgado por el crimen. La familia de Marisela huyó del país, amenazada, y vive en El Paso. La prensa mexicana se pregunta cómo El Wicked pudo delatar a Jimmy si fue detenido dos meses después que él.

Último cuento de Navidad, El Mundo (6-01-2015)


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Sabina se hizo canción

Escrito el 17.12.14 a las 14:00

Conocida la faena de Madrid en la que naufragó emocionalmente, paralizado como un conejo en la carretera, pudo existir la tentación de escribir aquella frase de Joaquín Vidal en 2001 constatando un fracaso, «el mayor de su vida», de José Tomás en Las Ventas: «La tarde estaba desmitificadora a tope». Ese año pasaron más cosas, entre ellas el ictus que casi se lleva por delante a Joaquín Sabina. «Si estoy escribiendo una canción se me olvida que está muriendo alguien querido», había dicho con más razón de la que creía, pues estaba olvidando que se moría él.


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Propongo cerrar esa ventana

Escrito el 12.12.14 a las 11:39

Alfonso Alonso siempre tuvo la misma edad. Hay una foto del año 1999, o sea de otro siglo, en la que Alfonso Alonso está como ahora, sonriendo de lado, un poco sobrepasado porque lo acaban de hacer candidato a una alcaldía y tiene junto a él a Iturgaiz y Arenas, y si Alonso es Louis, Arenas es Lestat (a Iturgaiz le chuparon la sangre). Hay otras imágenes famosas de Alonso, como las del balcón del Ayuntamiento de Vitoria, cuando los abertzales le aciertan en la cabeza con un tomate y él no cambia el gesto. Ese vídeo está en internet, y si se repasa frame a frame se comprueba que Alonso no reacciona nunca, ni siquiera durante el impacto; es una película de terror.


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Lage Carreira, Vanessa

Escrito el 10.12.14 a las 11:13

Los amigos del colegio son los únicos con los que puedes contar la misma historia mil veces seguidas, una detrás de otra, y quedarte con ganas de la última. Hace poco comí con uno de ellos y regresaron todos los hits de Campolongo, como el de nuestra profesora llamando a la profesora de la clase vecina, muy serena, porque no tenía claro que un número multiplicado por cero fuese cero.


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The Beatles sin Liverpool

Escrito el 8.12.14 a las 19:46

Buena parte de la construcción intemporal llamada The Beatles sucedió en Hamburgo, cuando llegaban a tocar hasta 12 horas seguidas los mismos temas. Les abastecían de drogas y alcohol, dejaban las guitarras sonando por el suelo «por frustración, no como pensamiento intelectual» según John, comían y dormían en el escenario (Lennon detrás del piano, dejándose caer como un fardo) y aprendieron a tocar juntos, a anticipar lo que iba a hacer el otro con 10 segundos de antelación, de tal manera que cuando regresaron deportados a Liverpool ya eran imparables. No sólo habían compuesto Love me do: la habían tocado un millón de veces.


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Memoria caprichosa y sentimental

Escrito el 7.12.14 a las 21:12

Oriana Fallaci. Autora de entrevistas célebres de las cuales, con el paso del tiempo, se supo que se las estaban haciendo a ella. La entrevistaron dictadores, terroristas, príncipes y James Bond. Ambientó con ficción la realidad en novelas tan precisas que al final la realidad, derrotada, optó para ser lo que Fallaci había imaginado. En Villa Triste fue torturado su padre por los nazis mientras ella curaba el dolor moviendo armas para la resistencia.

Miguel Delibes. “El cazador que escribe se termina al tiempo que el escritor que caza”, escribió Delibes de él mismo. Anunció su muerte en 1998 al regresar de una operación quirúrgica. “En el quirófano entró un hombre inteligente y salió un lerdo”, dijo. Fue un periodista de talento que olfateaba la redacción como el campo, y en toda su escritura, la de los periódicos y la de las novelas, sobrevive un tiempo en el que él encontraba la paz que exigía su mirada.

Daniel Defoe. Se arruinó tantas veces que acabó siendo panfletista, que es el periodismo de callejón, como los futbolistas que se hacen pateando bolas de ropa. Lo fue a conciencia y tan a lo bonzo que terminó en la picota y salió de allí para hacerse de la MI5 de principios del XVIII. “El miedo al peligro es diez mil veces más terrible que el propio peligro”, escribió.

Clarín. Hacía paliques mordaces y vitriólicos con los que ponía a andar el mundo que tenía alrededor y que le procuró un buen número de enemigos fastidiosos, de los que dan prestigio. “El calor sentimental de las ideas”, dijo de él Pío Caro Baroja, que lo llamó “fiera literaria”. En su obra maestra puso a un cura a sufrir de amores y el obispo le dedicó una carta a los fieles, que ya hay que ser grande para que te dediquen no una columna, sino una pastoral.

Hemingway. Ernest escribía de pie. Cubría las guerras con la petaca en la mano y los soldados le pedían selfies mientras volaban las bombas como Martin Sheen reclamaba surfear en un bombardeo vietnamita. Fue reportero legendario porque vació las tripas en novelas y cuentos que utilizaba para esparcir su hombría y su talento martilleado por la Stein, que le reclamaba frases cortas y repeticiones casi musicales. Se disparó a sí mismo ante la imposibilidad de seguir disparando a los demás.

Carmen Rigalt. Ha devenido en dama con una peculiaridad abrasiva: conserva la belleza de la juventud y del talento, como si éste se le hubiese pegado a la piel de forma desesperada. Sus artículos no se cansan. Tiene la mordacidad de la adolescente encerrada en casa y las negritas de quien no conoce el mundo, sino que lo pasea. Escribe a la espalda de todos, como Umbral.

Charles Dickens. “Pude haber acabado siendo un pequeño ladrón o un vagabundo”, dijo. Lo fue incluso como cronista parlamentario, donde quien no es vagabundo no vale para otra cosa. Luego hizo crónica de su vida y creó los personajes entrañables y polvorientos de sus novelas.

Chaves Nogales. Han vuelto a las librerías sus crónicas porque hasta los países más infames con sus héroes tienen una segunda oportunidad.

Manuel Vicent. Fue el cronista de la democracia más joven y escribió en El País piezas con las que parecía que nunca se había producido la Guerra Civil por lo que tenían de continuidad dinástica con una tradición de excelencia. Es autor de daguerrotipos a los que conviene volver no para saber sino para seguir sabiendo, por ejemplo de Esperanza Aguirre: “Esta niña ganadera le ha acariciado el rabo al dragón del Leviatán”.

Hunter S. Thompson. Copió primero El gran Gatsby y Adiós a las armas a máquina porque quería desentrañar el mecano del estilo de Fitzgerald y Hemingway. Afortunadamente no salió de la experiencia convencido de haber capturado lo mejor de los dos, como aquel Renaldo que llegó a Coruña diciendo que era una mezcla de Ronaldo y Rivaldo. Fue despedido de un periódico por la única razón por la que debería ser despedido un periodista: estropear la máquina de bebidas.

Thomas Bernhard. Antes de ser uno de esos escritores a los que hay que asomarse con cianuro en los bolsillos (y sin embargo un escritor que procura felicidad a disgusto, como Cioran), Bernhard fue periodista fantasioso, cronista inventor de detalles tan delirantes que de cualquier suceso estúpido hacía una guerra mundial.

Josep Pla. Escribió todo lo que vio y no lo que vieron los demás, lo cual le convierte en un periodista imprescindible. Fue a su manera el cronista del XX sin quitarse, como decía, la boina de payés. Cuando mejor se aprecia lo valioso que fue su testimonio, más allá de las circunstancias políticas del Madrid republicano que describió como un francotirador paciente, es en estas pocas frases a Salvador Pániker: “Ahora estoy muy cansado; mi madre murió hace 15 días, y esto, claro, siempre produce una cierta cosa extraña. Pruebe este vino; no sé si le gustará. ¿Le gusta? Lamento no poder ofrecerle otro”.

Manuel Alcántara. Ha rebajado la cantidad de dry martinis al día y acaba de publicar un libro, una crónica de sus años al pie de las 12 cuerdas. “Es el hambre lo que hace golpear”. Columnista a diario y cronista seductor, caballeroso y de bigote que ha dejado blanquear al sol de Málaga mientras es saludado como una institución, como un ayuntamiento paralelo.

Ruiz Quintano. Llama tanto la atención porque escribe como es y al conocerlo no se puede imaginar uno otra cosa que una de esas columnas suyas de Abc que son como rabos de lagartija, cortas, sobreentendidas, malévolamente divertidas.

Umbral. Fue una fiesta, como París. Desde el spleen de El País hasta los placeres y los días proustianos de EL MUNDO, diario al que Umbral trasladó la bufanda, las gafas y la melena porque, decía, para ser escritor primero hay que parecerse. Último de una estirpe, el mérito de Umbral no fue escribir el final del cóctel sino el principio: el momento en que dejaba a todos con la copa para irse corriendo a escribir lo que pasaría después.

Larra. Se suicidó a los 27 años como una estrella del rock. Hizo del costumbrismo una preocupación fundamental de España. Fígaro criticaba el país y lo sometía a su cáustico destino mientras se enamoraba de una mujer casada que un día le devolvió sus cartas y le dijo adiós.

Carmen de Burgos. Se pretendía abajarla como amante de Ramón Gómez de la Serna, en un cliché de reduccionismo que permanece para las mujeres, pero fue corresponsal de guerra, redactora feroz. Firmaba con el pseudónimo de Colombine y mientras sus contemporáneas bebían de la leche materna ella lo hizo de la tipográfica de su padre.

Elvira Lindo. Una vez dijo que su columna de los domingos era un escenario al que salía a hacer un número, y que éste tenía los tiempos controlados. Pero de ser así, ese escenario está siempre en la habitación de al lado. La novelista ha convertido su articulismo en una suerte de fenómeno de masas a base de hacerlo circular al oído, de señalar aquí y allá los géneros, las voces y las preocupaciones; tiene algo de épica de lo cotidiano.

Tom Wolfe. El periodismo estadounidense se ha distinguido por crear una figura de reportero que escribe vistiéndose. Es al principio del día, cuando se enguanta el traje y quién sabe si los guantes, cuando empieza a poner frases. No para hasta la noche. Wolfe, al que llaman padre del Nuevo Periodismo y de tanto llamárselo un día acabará siéndolo, se viste muy bien y bebe con cierta elegancia. Entre medias, la Underwood.

Julio Camba. Periodismo es escribir tropezándose con el mundo. Camba lo ejerció sin pretensiones, y al acercarse al paisaje lograba que bajo su mirada siempre se apaciguasen las cosas. Esto es debido a la ironía con la que escribía, y también a un rasgo muy acusado de su talento: el de transmitir en directo la vida española.

Pérez-Reverte. Se trajo de Sarajevo una prestigiosa mala hostia que dosifica con temperamento british, acaso influencia de Marías. Cuando calla es cuando más inglés escribe. Su carrera es una especie de faro: la novela que los reporteros tienen criando malvas en el cajón, él la publicó.

Gaziel. En el periodismo español, al contrario que en el estadounidense, no se vestía tan bien pero también se exigían méritos fuera del folio. Concretamente haber cosechado éxito contemporáneo y ser enterrado a toda velocidad de tal manera que nadie supiese si realmente habías existido. Gaziel es uno de los más consagrados al olvido. Tanto, que recordó Arcadi Espada: “Leyéndole en su propio periódico, al que sirvió y quiso con obsesiva tenacidad y que convirtió en el primer periódico moderno de España, no dejaba de pensar en la extravagante anécdota de que su nombre no pudiese imprimirse en el periódico durante muchos años, por causa de las disputas y traiciones de la guerra civil que lo enfrentaron con su editor, Carlos Godó”.

Raúl del Pozo. Es lo mucho y bueno que queda en Madrid del diario Pueblo, ese diario del que Reverte dijo que se daba “la mayor concentración imaginable de golfos, burlangas, caimanes y buscavidas por metro cuadrado”. Entre ellas había un tipo afilado y hambriento que llegó de provincia y que es a donde se mira ahora para saber por dónde va el viento. Conserva melena en la vejez, como Mick Jagger. “He visto en todos los ojos y ahora en la vejez me doy cuenta de que sólo encuentro paz en la mirada de un perro”, dijo.

Gay Talese. Hacía reportajes que le llevaban unos años y que luego publicaba en medio de un estrépito sordo canonizando la profesión, macerándola de tal manera que en trabajos como Honrarás a tu padre lo único que sorprende es que Talese no haya acabado de Don.

Fernández Flórez. Era tan desconsideradamente gallego que escribió un bosque animado, quién sabe si impulsado por sus años haciendo crónica en el Congreso de los Diputados. Era antitaurino, una excentricidad en escritores y articulistas de la época.

Margarita Nelken. Empezó a los 15 años escribiendo un artículo sobre Goya y la Historia de España casi la deja dentro de un cuadro de él. Rechazó el voto femenino porque no veía a la mujer madura para tales menesteres. Cuando ellas pudieron votar, la socialista Nelken contempló absorta cómo en España ganaba la derecha.

Ruano. Tenía un talento tan descarado y desacomplejado que escribía a todas horas y en Madrid aún se están publicando ahora sus artículos.

El Mundo, 30/05/2014


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No te vayas todavía

Escrito el 27.11.14 a las 14:42

España es la única democracia del mundo que tiene a la oposición fuera del Parlamento. Esa presencia invisible que se siente fuera, una amenaza silenciosa que se extiende más allá del porche, en las llanuras y bajo las estrellas, lo condiciona todo. Pedro Sánchez se ha desprendido de las vocales como si fuesen bolsas de arena, y para coger aún más altura ha tirado por la borda a Zapatero a riesgo de terminar como aquel cura brasileño que se agarró a mil globos de helio para batir un récord y acabó perdiéndose en el cielo, o sea en el Atlántico. Rajoy, con corbata gris de boda, dedicó la mañana a echar de menos a Rubalcaba como esos piperos del Madrid a quienes los traspasados les parecen de repente los mejores del mundo. Es tan incierto lo nuevo que el PP, con tal de agarrarse al pasado, es capaz de reivindicar a Bibiana Aído.

No te vayas todavía, en El Mundo


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En el nombre de Pablo

Escrito el 26.11.14 a las 15:58

Una vez el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, dijo: “Yo soy el alcalde de todos, pero me debo a quien me votó”. En 1999 Lores fue elegido primer alcalde nacionalista de Pontevedra y su primer alcalde de izquierdas desde la restauración de la democracia. Ateo y antitaurino en una ciudad de casino, toros y procesiones, a los dos meses no se dignó a presentar sus respetos a la Virgen de la Peregrina, y vista la indignación eliminó las reinas de las fiestas, como Herodes. Pudo asistir en su condición de alcalde, pues los cargos públicos son como superhéroes al revés: hacen cosas que les parecen indignas poniéndose un traje. “Yo pude ir y demostrarle a todos que no era el demonio que la derecha pintaba. ¡Pero sí lo era! ¡Por eso me votaron! Y algo sé de política. Sé que cuando te pones a hacer guiños a los votantes del PP, seguirán sin votarte en la vida, y lo único que conseguirás es que se vayan los tuyos”.


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Cayetana porque sí

Escrito el 21.11.14 a las 15:28

Cayetana de Alba fue un acontecimiento biológico. Importante, ineludible y alegre, pero nada más, y nada menos, que biológico. Sus grandes momentos políticos, entendida la política como regimiento de asuntos públicos, han sido sus bodas, sus nacimientos y sus muertes, pues de esos movimientos tan sensibles y tan privados dependían los palacios y los picassos.


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