Entradas archivadas Diario de Pontevedra / El Progreso

Golpe

Escrito el 28.02.11 a las 2:47

España morirá por ingesta de conmemoraciones y, como no hay tantas, estamos siempre con los mismos aniversarios un año tras otro, que lo mismo habría que ver de cambiar de régimen o algo para levantar el ánimo del pueblo, tan mustio. El último de todos ha sido brutal y yo pensé que nos llevaba a todos definitivamente por delante. Los días anteriores al 23-F se reprodujo la habitual gimnasia de los periódicos entregándose a su heroica con entrevistas a todo el mundo menos a Tejero, que fue descubierto a última hora asaltando Canarias en playeras. Y en la propia fecha lo que se vino a hacer, por aquello de la verosimilitud, fue retransmitir en directo el asalto al Congreso de 1981. Lo dio la Ser, El Mundo y El País, que volvió a publicar aquella famosa portada suya. Quiere decirse que cualquiera que se haya despertado despistado el miércoles bien pudo volver a meterse en cama. Sin embargo el colmo fue que los protagonistas volvieran al Congreso, e incluso el presidente de entonces, Landelino Lavilla, cogiese de nuevo el micrófono. Nunca estuvo tanto este país a merced de un golpe de Estado como esta semana, porque si entran en ese momento unos guardias civiles pegando tiros allí se les hace la ola antes de tirarse todos de los escaños entre risas a esperar a que aparezca el Rey por la tele, que no tiene otra cosa que hacer la tele ahora en España que sacar al Rey con la audiencia de risa que les da en Navidad.


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Objetos

Escrito el 21.02.11 a las 8:58

El Concello de Pontevedra ha acabado por retirar un cartel muy mono con el que quería encontrar un símbolo representativo de la ciudad a efectos turísticos. La campaña es una de esas cosas que de vez en cuando hacen los ayuntamientos para ocupar el tiempo en algo, y de ahí no hubiera pasado la historia sino fuese por el cartel, que es sexista y por tanto estupendo. Yo no veo a señores gordos y peludos anunciando Axe. Y si los viese probablemente no compraría nunca Axe; no lo compraría, quiero decir, aún más de lo que no lo compro. En la imagen de este cartel se ve a una chica con un peto abierto dejando ver la parte superior del bikini y unas gafas de bucear. El fin del mundo, según el feminismo saudita, pues se trata a la mujer como objeto. ¿Cómo habría de tratarla en un póster? Ser objeto, como todo, es malo dependiendo de dónde. A mí, personalmente, es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, y tengo la impresión de que me cruzo cada día con mujeres encantadas de serlo. La publicidad debe atraer y hay ciertas cosas que a la gente les atrae: los famosos, los modelos, los platos suculentos, los animales riquiños o las fiestas. Son imágenes que animan al personal, porque no se puede vender nada con operaciones quirúrgicas, entierros o señoras horribles que seguro que son un encanto y tienen una conversación estupenda, pero a las que en un cartel, desgraciadamente, sólo podemos mirarlas.


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Karaoke

Escrito el 18.02.11 a las 2:57

Lo frecuento entre semana y a escondidas, pues se trata de aliviar una gran melancolía: no ser un figurón de la canción ligera. La primera vez me subí al escenario del Búho de Andrés Mellado y a mitad de canción me quitaron el sonido porque según dijo el encargado, al micrófono y sin cortarse un pelo, “se nos está vaciando el local”. Mi relación con la música es pasional, difícil y me recuerda a las mujeres: yo quiero, y ellas no. Cuando vivía en San Antoniño pasaba las mañanas corriendo de un lado a otro del pasillo cantando Los Fabulosos Cadillacs y un día en el ascensor un señor se me presentó como el vecino de abajo, me pidió que nunca me presentase a Operación Triunfo y acto seguido pulsó la alarma. Hay ambiciones torturadas. Todos guardamos en un cajón de la cómoda una falda de lentejuelas, como una de esas solteronas locas que adoran en el armario su vestido apolillado de novia. Hace dos miércoles decidí ir más allá y en el karaoke Michelena ataqué el Así fue de la Pantoja con solo un amigo de espectador y a la barra el camarero. Lo hice tan bien que casi se me muere un torero. Solté el micrófono gritando “no te aferres” y mi amigo y el camarero prorrumpieron en un escandaloso aplauso, así que salí corriendo a abrazarles entre lágrimas, pues son estas íntimas victorias, estas furiosas alegrías, las que van justificando una vida. 


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Maria

Escrito el 7.02.11 a las 9:38

Se fue a rodar con Brando a los 19 años para acercarse a él porque Brando lo ocupaba todo a pesar de que enfilaba los 50 y cogía cuerpo, como esos hombres que a ciertas edades empiezan a vivir desde el cerebro sin importarles la cubierta. Salió trasquilada porque en la vida real, lo dijo Savater, los malditos son insoportables. «En esta casa no hay nadie. Tú no tienes nombre. Yo no tengo nombre. Tú y yo nos encontraremos aquí. Venimos a olvidar todo. Es bonito no saber nada el uno del otro», escuchó en mitad de la película. Bertolucci los había encerrado antes en una habitación para que se oliesen, como esas bestias que se arriman tratando de reconocerse, y cuando ella sintió la mantequilla pensó en el fin del mundo y lo interpretó como lo único que no era, una humillación. “La penetración anal restablece el equilibrio de poder entre una mujer, que tiene demasiado, y un hombre, que tiene muy poco”, escribió hace años Toni Bentley. Los gritos desesperados de Brando hacían temblar las paredes y a los miembros del equipo de rodaje se les ponían los pelos de punta. Allí estaba el hombre como animal esclavo de sus instintos primarios, como salvaje desheredado introduciéndose entre gruñidos roncos y largos y sonoros aullidos. Ya estaba solo en el mundo cuarenta años antes de que lo estuviese ella, Maria Schneider, que tuvo que esperar a morirse. 


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Menos

Escrito el 24.01.11 a las 7:30

Tosar anuncia en Xornal que cada vez es «menos nacionalista» y aunque no es un anuncio extraordinario, pues todos somos cada vez menos todo, los lectores del periódico le recriminan a Tosar que «disimule» que es gallego o lo mandan a Madrid, algo ilógico habiendo estado Tosar en Los Ángeles y en Lugo. Ser gallego no es un territorio ni un compromiso, sino un disimulo, y ahí ha estado bien el lector, pero no en el contexto. Jesús Vázquez dijo haber llegado a Madrid «con acento gallego, gordo, con gafas de culo de vaso y pluma», que menos mal que no era judío y culé, y con esfuerzo terrible se convirtió en un joven desplumado, cachas y en armario cool cuando cantaba los dos centímetros exactos de tu boca. ¿Disimulaba su galleguidad Vázquez? No, disimulaba la mariconería y le acomplejaba el acento, pues como actor lo encasillaba en pastor o tonto, y casi acaba siendo las dos cosas pero con acento de Chamberí. Ser gallego nunca fue fácil, pero ha acabado dando prestigio precisamente por el disimulo, que es un arte sutil y novelesco, muy de Santa Compaña. Yo no sé de dónde viene Tosar, que igual es la misma distancia que cruzó Aznar para llevar al PP desde la derecha hasta el ultracentro, pero me temo que le pasa lo que a muchos, que cuando crecemos nos vamos cansando porque levantar la bandera cuesta sea la gallega, la española o la pirata. Y con la edad uno aprende que las patrias siempre están mejor en el armario o disimuladas, como venimos disimulando aquí muy bien el AVE.


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Generación

Escrito el 17.01.11 a las 5:33

Siempre hay un momento en toda generación que esa generación, de repente y casi sin venir a cuento, se queda embarazada al mismo tiempo y empieza a parir alocadamente poniendo las calles perdidas de niños. Es algo dramático para los que estamos viéndolas venir sentados en la Verdura, unos solos en la vida y otros a punto de estarlo, bebiendo cerveza, comiendo aceitunas y mirando la clasificación en el As; un fin de raza, o sea. Además cuando tu generación se pone de acuerdo en tener hijos y tenerlos además el mismo día, de tal modo que no se declara festivo de milagro, las señoras emperifornifolladas se te acercan dramáticamente en el primer Zara Home que pises a comprar la funda de una almohada para pasarte el parte de nacimientos y preguntarte ya al final, iracundas: “¿Y tú?”. “Aquí, comprando almohadas, porque la que tengo me apareció mordida”. Una amiga brillantísima y terriblemente cínica, impelida en una comida navideña por su tía intereconómica a tener muchos hijos y montar una familia con la misma alegría con la que se monta un chiringo, le contestó sabia: “Yo es que soy muy de sexo anal”. Lo cierto es que éste no deja de ser un momento feliz pues los niños todo lo alegran, cuando quieren alegrarlo. De momento, si a mí me asaltan por la calle la brigada de Señoras por la Fertilidad recuerdo aquel laconismo inteligente de Cioran: “Fundar una familia. Creo que me hubiera sido más fácil fundar un imperio”.


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La llamada

Escrito el 10.01.11 a las 8:06

Un periodista de Catalunya Radio muerto de aburrimiento llamó hace unos días a La Zarzuela y le pasaron con el Rey. La noticia sería que le pasasen al Rey habiendo llamado al Mercadona, pero no, el Rey le cogió en La Zarzuela, suponemos que en horario de oficina. Así deberían funcionar no digo ya las consellerías, sino las administraciones de fincas, pues aquí todo el mundo sabe que me costó más poner al teléfono a la señora de mi comunidad que al líder de la oposición. El periodista llegó engañando, una práctica periodística muy de moda entre simpáticos, y el Rey se lo sacó de encima con campechanía, que es para lo que se le viene dando la asignación. Luego la Casa Real de un país que está a punto de ser vendido a los chinos calificó el incidente de «grave». Yo también me pongo a veces al teléfono en casa y lo llevo con naturalidad, y no saco al día siguiente un comunicado diciendo que la cosa está muy grave. Claro que también está el ridículo del que asalta, pues el bromista lo único que quiere es pedirle al Rey que repita el nombre de su programa de radio. Debe de haber una probabilidad entre un millón de que el Rey se le ponga al teléfono a un periodista, y dentro de esa probabilidad, otra entre un millón más de que, además, ese periodista sea tonto. Para eso haber llamado a un loro, hombre.


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Navidad

Escrito el 26.12.10 a las 19:43

Una de las cosas que más me gustan de la Navidad, de la que diré ya que me gusta todo menos el Gordo, que es un asco y llena la televisión de cutres histéricos, son los paseos por esta bendita ciudad, las cuncas de vino y los saludos excesivos. Yo soy un gran admirador de los saludos exagerados y hasta contraproducentes, y a poco que me dejen le reviento a uno la espalda a manotazos: «¡Qué tal, qué tal!». Me tiene encantado el contacto, la manera que tenemos de cogernos el brazo o darnos la mano superfuerte, o el abrazo macho de minutos profundos y silenciosos, como si se nos hubiese muerto a todos la madre. Los puristas hablan del espíritu navideño con escrúpulos porque «deberíamos querernos así todo el año», pero una cosa es querer a todo el mundo unos días y otra distinta a todos todo el tiempo. Ahora nos reconocemos y cruzamos la carretera con una sonrisa franquísima, y al encontrarnos nos tocamos mucho para ver si está todo bien y en su sitio, que cualquier día uno descubre que te falta un dedo o te ha salido otro. Yo este jueves vi a un amigo de la infancia parado en la Leña rodeado de gente que supuse su familia, y al llegar a él le pegué un abrazo de muy señor mío, le planté dos besos en las mejillas y cuando me separé un poco para hablar me di cuenta de que no era él pero ni de lejos, o sea que salí a la carrera y los dejé allí a todos flipando.


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2011

Escrito el 20.12.10 a las 13:51

No se podrá fumar en los bares, que son los sitios a los que se va a fumar, y los menores no podrán beber alcohol. Y probablemente se eleve el número de veganos, que es gente que no come buey porque es un animal «que siente». Hasta las mujeres te ofrecen ahora la mano cuando se presentan, con lo bonito que es dar el segundo beso muy cerca de la boca. Estamos yendo a un mundo más sano, que supongo será un mundo peor. Cuando teníamos diez años nos daba clase una profesora que se paseaba por el encerado fumando un pitillo tras otro. Los primeros días en el periódico los recuerdo en una redacción vieja y ahumada en la que los cigarros se consumían en el cenicero bajo el tableteo del teclado, y no éramos un periódico mejor que el de ahora, pero sí éramos un periódico más periódico, con una cervecería enfrente y todo en la que un fotógrafo de botas camperas le decía guarradas a una madura tetona. Un día uno en La Madrila se puso a regalar botellas de champán a los que presentasen un boletín de notas con todas las asignaturas suspendidas. Eran las primeras borracheras y bebíamos a todo beber y fumábamos a todo fumar, hasta en la cama, como Antonio Vega, al que le acabó ardiendo el colchón. Nuestos padres nos veían llegar borrachos perdidos a casa y balbucéabamos: «Me echaron algo en la copa». Y cuando lo empezamos a echar, aquello ya fue la hostia.


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Biutiful

Escrito el 13.12.10 a las 4:16

A la media hora mi acompañante, que viene siendo periodista de Cultura, se gira hacia mí con la cara desencajada: «¿Pero dónde está Arriaga?». En efecto, la principal ausencia de Biutiful es un Arriaga, que trata de compensarse con un exceso de Bardem, cuando Bardem, en realidad, es ya un exceso por sí mismo, y sacarlo en todos los planos provoca sobredosis. Vicky Cristina era la postal del tripartito de una Barcelona hueca e insoportable mientras que Biutiful es una suerte de retrato del lumpen, el inmigrante pirata y un pagafantas empericado que tenía que interpretar, por los siglos de los siglos, Eduard Fernández. Si de Vicky Cristina casi se descubre que detrás de la cámara se puso Soon Yi, de la segunda se sabrá en el futuro que fue rodada por sus primos, una pareja de chinos gays que se enrollan en urinarios y moteles, y a los que nombré, nada más verlos aparecer en el filme, protagonistas indiscutibles. Biutiful, por tanto, va de una pareja de chinos a los que se les cruza por el camino un señor bastante más trastornado que aquel de No country for old men aunque con más mano derecha para con la gente. Los espectadores, así, simpatizamos con Bardem, un hombre sobrepasado que va de desgracia en desgracia, pues esa cara fácilmente se le ha quedado al acabar de leerse el guión, lo cual no deja de ser una suerte, pues en esta ocasión la angustia le coincidió bien.

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