Entradas archivadas Diario de Pontevedra / El Progreso

Los milagros

Escrito el 2.05.11 a las 2:46

Los ha habido de todos los colores, pero personalmente mi preferido, y el único que he intentado hacer, es el primero, cuando Jesús, en medio de una fiesta, convirtió el agua en vino. Entonces los milagros tenían prestigio y con ellos acumulabas followers: se resucitaban muertos, se multiplicaban panes y un día Jesús caminó sobre las aguas e invitó a Pedro a hacerlo, que casi se nos queda allí. El milagro sin embargo ahora está en decadencia y el Vaticano se ha vuelto loco para encontrar algo que demuestre que Juan Pablo II es santo. Lo gracioso de los culebrones es esa pretensión de argumentarlo todo; el empeño sentimental de abordar con razonamientos la existencia de la sinrazón. Hoy beatifican a Wojtyla, un personaje público que a pesar de sus desmanes a mí me cayó bien por esa voluntad cristiana de asombrar al mundo con su deshilachamiento público en un espectáculo de reality-show. Será en un teatrillo al que irá la monja en la que se obró el milagro, pues dijo haberse curado del parkinson gracias al Papa. Esperen que debajo del hábito no aparezca Gracita Morales. Lo lógico sería que si el Vaticano quiere hacer santo a Juan Pablo II lo haga sin más, pero no deja de tener su punto que se pongan todos a la caza de milagros y presenten sesudos certificados médicos para avalarlos. Sacar la carrera y estudiar libros gordísimos para acabar diciendo por ahí que una enfermedad puede curarse rezándole a un señor.


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El club

Escrito el 18.04.11 a las 11:20

El pasado lunes, alertados por la situación del equipo, varios miembros de una peña del Pontevedra se presentaron en el entrenamiento a ver si iba todo bien. Fue una visita institucional. Los jugadores no rinden, el entrenador no da con la tecla, el presidente no coge el rumbo y cinco ultras acuden serenamente al rescate del club. Una vez allí se metieron dentro del vestuario, como María Teresa Rivero en sus buenos tiempos. No se sabe si llevaron pizarra para discutir tácticas, pero sí que dieron un gran discurso. Se leyó a Goethe, concretamente. Los futbolistas, sentados en calzones y con las espinilleras por fuera, escucharon un pasaje de Fausto y luego se fueron a la ducha en silencio. Al jugador Aitor le debió de sonar la cara de uno, porque el día anterior lo vio desde el volante zarandeándole el coche al salir del partido: estaba comprobando la suspensión. Hecho el discurso, en el que se pidió implicación, sacrificio y goles, se volvieron los aficionados por donde vinieron y todo el mundo valoró muy positivamente la «reunión». En ella se arrancó el compromiso de los jugadores de correr en el campo. También de remar todos en la misma dirección, hacer piña, fomentar la comunión con la grada, no trasnochar, ayudar a la novia en la cocina, cambiar Dexter por Friends, votar a Fraga, tener 26 años y recibir las hostias confesados.


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Fraga

Escrito el 11.04.11 a las 11:11

En las cenas es tradición que me levante a pegar un discurso de duración castrista, y cuando la canalla se alborota ordeno, mirando al horizonte: “¡Que pasen los antidisturbios!”. Eso es todo cuanto me queda de Fraga en mí, y no es poco. Esta semana el líder conquistó el último palacio de invierno, Twitter, en donde ha sido trending topic; convertir a Fraga en hashtag es uno de esos placeres extravagantes a los que nos damos de vez en cuando los gallegos. Ha salido bien de una operación en la cadera, y gracias a eso una nueva generación ha comprobado que Fraga no es una leyenda urbana. En Galicia, tierra de probables, es leyenda urbana salir a tomar una e irse para casa, pero a Fraga lo hemos visto muchos y algunos afortunados, como Pérez Varela, han llegado a tocarlo. Durante una época incluso rejuveneció y amenazó con convertirse en Benjamin Button. Yo pensaba mientras lo veía en un mitin en la plaza de toros de Pontevedra: “¿Viene Fraga para aquí?”. Pero no, parece que se queda. Ahora anda en el Senado, que es una suerte de limbo, y no parece tener ganas de posteridad, al menos la misma que dejó aireada Camilo José Cela, que interrumpió el discurso del religioso Xirinacs con un pedo escandaloso, y ante el silencio de la Cámara dijo el escritor, delatándose sin complejos: “Prosiga el mosén”.


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Resistencia

Escrito el 7.04.11 a las 8:58

Cuando Obama fue elegido candidato del Partido Demócrata, José Blanco tuvo por fin libertad para hablar y dijo: «Me he resistido en estos últimos meses a confesar públicamente mi simpatía hacia Obama para no interferir en lo más mínimo en el proceso de selección que estaba desarrollando el Partido Demócrata». Recuerdo haber imaginado entonces aquellos meses tremendos en los que Blanco hizo voto de silencio. Los veía a él y a su esposa compartiendo cena con un matrimonio amigo. «Bueno, y esto de Obama y Hillary, ¿qué os parece?». Y a Blanco mudándole la cara, doblando la servilleta y levantándose de la mesa. Su brumosa resistencia. «Me vais a disculpar, pero América debe decidir libremente». Desde el momento en que Zapatero anunció que no seguiría en el PSOE mi mirada ha seguido impasible a Blanco sólo para ver cómo consigue mover el formidable tonelaje de su influencia sin que nadie detecte hacia donde apunta. No sé si más en la línea del Titanic o del Prestige.

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La vida rehecha

Escrito el 4.04.11 a las 9:03

Dentro de un año una revista le robará a Zapatero una foto mundana y titulará: «Zapatero rehace su vida fuera de La Moncloa». No se llegará al extremo de ver a Zapatero en chándal comprando el pan, pero sí, por ejemplo, esperando a las niñas a la salida de una fiesta en castillo. Yo no he sido otra cosa en la vida que un gran lector de la prensa del corazón y sé que el empeño de estas revistas es anunciarle a sus lectores la vida rehecha. Si se dan divorcios con entusiasmo contenido es porque dentro de dos meses se espera ver a un torero agarrado a otra y publicar con alivio: «Paquito rehace su vida». Yo pienso que Paquito lo que está haciendo es deshacerla, pero bien es verdad que pertenezco a un género rudo. Entre lo rehecho y lo deshecho la diferencia es un hombre. No somos más animales los que comemos con las manos que las señoras que paran a las jóvenes reclamándoles un novio, que es la tensa exigencia al apareamiento, o pidiendo de las parejas un hijo, en una llamada a la reproducción en la que sólo falta la berrea. En el fondo cada uno lleva dentro su propia revista del corazón, íntima, cálida y acogedora, que guarda en sus páginas más sucesos que El Caso.


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Vida

Escrito el 28.03.11 a las 13:15

Encontrarse a una multitud al grito de “Se nota, se siente, la vida está presente” es como para pensar que está muerto usted, o lo están ellos. Las noticias más dramáticas siempre se le escamotean al protagonista. Ya sabe el chiste de la mili: “Que den un paso al frente los que tienen madre. Martínez, no tan rápido”. Pero esa manifestación existió el sábado y en ochenta ciudades. Por la vida, efectivamente, que es como el castellano aquí: se nos extingue. Y con niños que le dieron las gracias a sus familias “por haberles dejado vivir”; madres no hay más que muchas. Las asociaciones provida entienden que hay que prestigiar el parto y evitar interrupciones. Yo estoy a favor de la vida, pues me encuentro cómodo en ella y además a mí vivir me sienta bien; envejece, pero en general me tiene contento. Dicho lo cual pienso que se debería ampliar el límite del aborto hasta los 16 años de la criatura, prorrogables si el chaval promete, y que vivir con un dolor insoportable y sin cura no es vivir sino algo peor que la muerte, así que carretera. Con esto no están de acuerdo los vivófilos, que dieron un recital dadaísta el sábado al darle el micrófono a una embarazada de pocos recursos, una niña con síndrome de Down, una doctora que trata a niños con cáncer y un preso político cubano excarcelado.


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Guerra sin ira

Escrito el 24.03.11 a las 7:00

En el Congreso se ha reunido lo poco que va quedando en España de pacifismo, ese movimiento turgente con el que se apela a la paz: la que necesita Gadafi para ir matando a su pueblo. El derecho a la paz es como el derecho a la vida, que no habría que defenderlos porque se sobreentienden, pero en España gusta azotar la cucharilla contra el vaso para gritar vivan los novios y exigir coro. Aquí entre la ideología de unos, la demagogia de otros y la degeneración de casi todos hay que repartir puzzles de dos piezas, y siempre hay un Willy Toledo que echa la tarde para acabar poniendo una encima de la otra. Así fue como mientras se aprobaba el envío de tropas a Libia se decía en la tribuna de invitados no a la guerra, que ocho años después suena ya un poco a canción de Jarcha. De aquello ya sólo se ocupa la nostalgia ardiente y callejera de los autobuses de banderas luctuosas y el gentío que ocupaba la calle al grito de «a culpa de quen é / dos que votan o PP», que son expresiones que yo aún reivindico cuando se me cuelga el ordenador: «Isto nos pasa», grito aporreando el disco duro, «por un Goberno facha». Un día se me reclamó al final de una manifestación en Pontevedra y me subí al balcón del Ayuntamiento como Pepe Isbert a arengar a las masas, que asistieron impávidas a un discurso furibundo en el que volqué toda la frustración que me inflamaba el pecho por el perfil que me estaba grabando el cámara de la TVG. No a la guerra sí, pensaba, pero con xeito.


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Obras

Escrito el 14.03.11 a las 7:00

Otra de las consecuencias nefastas de la crisis es que a los jubilados se les han unido los parados, y esa mezcla explosiva provoca escenas de tensión sobre todo en lo que concierne a la obra, punto de reunión de los que no tienen nada que hacer, al contrario que las fuentes, donde se acumulan los yonquis. Los jubilados tenían una posición de privilegio y a algunos, los más veteranos, se les concedía mando en plaza en chapuzas pequeñas, a veces por pereza del albañil, que se dejaba mandar por no aguantarlo, y otras porque llevan razón, pues hay jubilados que llevan décadas viendo obras y los constructores, siempre sabios, los dejan hacer y despiden al capataz. Sin embargo la llegada de los parados, sobre todo de los parados de larga duración, ha dejado pequeñas las vallas y en ocasiones, como sucede en el centro, cualquier ñapa se convierte en acontecimiento multitudinario, ya que cuando más de diez personas se paran en cualquier sitio allá van otras cincuenta a sacar fotos y colgarlas en Facebook. Yo ya he detectado a grupos que deambulan como un ejército de zombies buscando cualquier cosa, el cambio de una bombilla municipal o el relleno de un bache, pues escasean las obras y aumentan los parados aunque el Gobierno haya retrasado la jubilación para que no se colapsen las ciudades y estalle la revolución del proletario mirón, que es la peor revolución de todas.


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Cantona

Escrito el 7.03.11 a las 7:00

Cantona acaba de decir que su famosa patada a un hooligan fue, sin duda, el mejor momento de su carrera. Desde luego. Cuando enfocan a los ultras con su parafernalia siempre pienso que si la mitad de las entradas que se hacen los futbolistas entre ellos se realizasen contra el público los estadios serían un lugar mucho más limpio y saneado. Quiere decirse que si en vez de patear a un delantero Pepe descarga su frustración en el fondo sur no tendría que afrontar sanciones sino, a lo sumo, una Medalla al Mérito. Yo entiendo que a los aficionados que llaman hijo de puta a Cristiano Ronaldo, pongo por caso, se les haga necesario el insulto para sobrellevar la semana y a veces incluso la vida, pero una patada en las costillas con los tacos levantados cada veinte años contra uno elegido al azar no me parece ninguna aberración, sino algo bastante necesario y hasta educativo. En el último segundo de su carrera Zidane ejecutó un plástico cabezazo producto de un código de valores, pues si dos testarazos suyos le habían dado la Copa del Mundo a Francia, uno postrero, el más edificante de los tres, fue fiel a sí mismo y su educación: el sacrificio de la gloria por el honor de su familia. Su agresión es lo que perdura de aquel Mundial de fútbol infame, pues además fue un gesto técnico de belleza insólita. Así la gloriosa patada de Cantona: el aviso al gentío de que si vas al zoo a insultar a los leones, de vez en cuando puede volar una zarpa.


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Golpe

Escrito el 28.02.11 a las 2:47

España morirá por ingesta de conmemoraciones y, como no hay tantas, estamos siempre con los mismos aniversarios un año tras otro, que lo mismo habría que ver de cambiar de régimen o algo para levantar el ánimo del pueblo, tan mustio. El último de todos ha sido brutal y yo pensé que nos llevaba a todos definitivamente por delante. Los días anteriores al 23-F se reprodujo la habitual gimnasia de los periódicos entregándose a su heroica con entrevistas a todo el mundo menos a Tejero, que fue descubierto a última hora asaltando Canarias en playeras. Y en la propia fecha lo que se vino a hacer, por aquello de la verosimilitud, fue retransmitir en directo el asalto al Congreso de 1981. Lo dio la Ser, El Mundo y El País, que volvió a publicar aquella famosa portada suya. Quiere decirse que cualquiera que se haya despertado despistado el miércoles bien pudo volver a meterse en cama. Sin embargo el colmo fue que los protagonistas volvieran al Congreso, e incluso el presidente de entonces, Landelino Lavilla, cogiese de nuevo el micrófono. Nunca estuvo tanto este país a merced de un golpe de Estado como esta semana, porque si entran en ese momento unos guardias civiles pegando tiros allí se les hace la ola antes de tirarse todos de los escaños entre risas a esperar a que aparezca el Rey por la tele, que no tiene otra cosa que hacer la tele ahora en España que sacar al Rey con la audiencia de risa que les da en Navidad.


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