Amy
Escrito el 24.07.11 a las 0:44
Dicen los entendidos que no sabemos dónde hubiera llegado, pero habría que preguntarse más bien lo contrario: qué hubiera sido de Amy Winehouse de haber pasado las noches haciendo ganchillo con una rebeca a los hombros. Cuáles serían las letras de una obra maestra como Back to Black y cuántas portadas habría tenido si en lugar de esnifar cocaína hubiese calcetado jubones. Winehouse no quería rehabilitarse, y si lo quiso en algún momento ya no pudo. Lo primero que seduce de las drogas es que con ellas casi siempre es tarde para todo. Los diarios empezaron a escribir su obituario cuando la vieron llegar tambaleándose y a ratos, para hacer tiempo, la reseñaban en Cultura o Sucesos, dependiendo del humor con el que se levantase Amy. Su muerte es una redundancia, casi una cursilería. No tiene nada de heroico devastarse en noches de pasote. Lo suyo sería morir como Hölderlin, que acabó absorto haciéndose preguntas y contestándoselas delante de un carpintero, porque en su locura tranquila el poeta entendió que uno vive de acuerdo a las preguntas que se hace. No hay juguete roto ni talento desperdiciado en Winehouse: extrajo la última gota de sí misma y lo que quedó de ella fue una canción antigua y muy poco original; el soniquete del escándalo que a fuerza de serlo degeneró en rutina. Su muerte fue un spoiler que tuvo cierta fama hace años. Ayer casi estaba olvidado, de ahí la sorpresa general al saltar la noticia, pero Amy Winehouse murió en diferido.













