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CXX

Escrito el 19.09.12 a las 16:50

Lo entrevisté hace 10 años por teléfono, como a menudo se hacen estas cosas en provincias, pues la figura llega el mismo día que la conferencia y se exige anunciarla antes. Fue una hora agradable durante la cual, a mitad de charla, comenzaron a salir de mi teléfono grandes volutas de humo de los cigarros que don Santiago se estaba fumando en su casa de Madrid. Lo que Carrillo me decía confusamente lo aclaraba el humo que enviaba a través del auricular, y en lugar de grabar acabé tomando notas aquí y allá persiguiendo nubes por la Redacción. Al decirle que habíamos acabado, Carrillo tartamudeó incrédulo. «¿Está entonces?». «Está», dije. Y colgué en medio de una extraña euforia: me había convertido en el primer periodista que no le preguntaba por Paracuellos, y eso con 24 años; de tener 10 más habría conseguido

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Viene a hablar del papel de la izquierda en la Transición. ¿Es ésta la clase política con la que usted soñaba hace 25 años? Evidentemente, no. Pero eso no hay que achacárselo a la Transición. Los cambios de ahora se deben a una nueva etapa: un desarrollo de la política mundial que nos ha traído la globalización, las privatizaciones, el neoliberalismo y últimamente la política que consagra los ataques preventivos militares: el derecho de la gran potencia a influir y decidir sobre el destino del resto de la humanidad. Ha habido una involución de la situación mundial que ha repercutido en el desarrollo de la democracia española y en las posibilidades, desde luego, de la izquierda.

¿Le pesó la muerte de Franco en la cama? Yo habría preferido que el pueblo español estuviese en condiciones de poner fin a la dictadura mucho antes de todo eso. Pero la derrota de la República y la política de represión dejaron a la oposición muy debilitada. El Partido Comunista consiguió mantenerse en la clandestinidad y luchar; la mayor parte de las organizaciones quedaron aplastadas por el sistema dictatorial.

¿Nunca plantearon la caída del dictador con ayuda de potencias extranjeras? Cuando acabó la II Guerra Mundial los republicanos pensábamos que las potencias democráticas iban a ejercer una presión sobre la dictadura por medios políticos, diplomáticos o económicos. Así ayudarían al pueblo español a desembarazarse de Franco. Pero nunca nos planteamos, ni los comunistas ni otros partidos, la idea de que tropas extranjeras intervinieran en España. Nunca. Pensábamos incluso entonces que un régimen impuesto desde el extranjero no iba a tener el apoyo popular que le permitiera cubrir un ciclo importante y largo de gobierno. Creíamos que sí podían ayudarnos esas potencias, pero no con sus ejércitos sino con su solidaridad, su esfuerzo político, su apoyo moral. En la práctica eso no sucedió y los EE UU en 1953 hicieron un pacto con Franco y comenzaron a establecer bases militares en España y, de hecho, prolongaron la existencia del franquismo hasta darle al dictador la posibilidad de morir en la cama.

Tuvo larga relación con la Pasionaria y en la que fue recibido en el Kremlin por Stalin. La Pasionaria fue una figura entrañable. La conocí muy joven y trabajé cerca de ella muchos años. Ella fue durante el siglo XX una de las figuras políticas fundamentales de la Historia de España. Y durante el período de la Guerra Civil y de la lucha antifranquista ella personificó a las madres de los que defendían la República. Personificó la voz del pueblo español en lucha. Además era una persona con un extraordinario carisma y un gran humanismo. El recuerdo que tengo de ella es el recuerdo que puedo tener, por otras razones, de mi misma madre.

¿Los detalles de su encuentro con Stalin? ¿Stalin? Nos invitó a ir a Moscú a hablar con él. Nos hospedamos en una residencia oficial, nos recogió un coche, pasamos el control de seguridad en la puerta del Kremlin y paramos en el edificio en el que estaba Stalin. Nos recibió en su despacho. Era un hombre no más alto que yo, vestido de soldado sin ninguna insignia, calzado con unas botas militares, con una pipa en la mano y una cara simpática, acogedora. Nos preguntó por algunos camaradas nuestros, se interesó por nuestra salud y nos sentamos a la mesa y comenzamos a hablar. Nos propuso meter infiltrados en los Sindicatos Verticales franquistas y en las organizaciones sociales creadas por el Régimen. Recordó que a los bolcheviques les funcionó en la Rusia de los zares para dinamitar el sistema. No creíamos que era una buena idea. Discutimos y le dijimos que lo pensaríamos. Al final utilizamos ese método y resultó muy positivo, es cierto. Facilitó el contacto de los comunistas con la masa obrera. Sus consejos fueron útiles. De todo aquello surgió años después CC.OO.

La imagen que le dio Stalin fue muy distinta a la que desveló Jruschov. Sí, cuando puso al descubierto las barbaridades que había hecho Stalin en todo un tiempo. Nosotros no habíamos sido conscientes hasta entonces. Y como nosotros muchísimos, en todo el mundo.

¿Cuáles fueron sus errores para no capitalizar el voto de la izquierda tras protagonizar la oposición a Franco? Sucedieron dos cosas. Por un lado, las potencias extranjeras, al acercarse la Transición, estuvieron de acuerdo en que en España no debía reproducirse el modelo político italiano. En Italia el Partido Comunista era la fuerza hegemónica de la izquierda. Esta coincidencia entre cancillerías extranjeras, y también de grupos económicos, sociales y políticos españoles, se debía a que en ese momento en Portugal había habido la Revolución de los Claveles. Eso había debilitado la orientación atlantista del Gobierno portugués. Y en Italia los comunistas ponían en riesgo la influencia de la política atlantista. Y en Francia Miterrand era partidario de una izquierda unida con los comunistas, y también ponía en crisis la citada influencia atlantista. La línea de los Estados Unidos y de sus aliados occidentales, especialmente Alemania y Gran Bretaña, era asegurar en el sur de Europa las bases de la OTAN. Y pensaban que si en España la fuerza hegemónica de la izquierda era el Partido Comunista, el sur europeo en su conjunto podía escapársele de esa política militar. La presión fue muy fuerte primero para que el PCE no fuera legal. Después para que fuera lo más reducido posible. Y en vísperas de las elecciones de 1976, la declaración del alto mando del Ejército deplorando la legalización del partido, en un momento en el que España había mucho miedo, intervino de forma decisiva para reducir la representación parlamentaria. Llovía sobre mojado, porque durante 40 años a los españoles se les contó que el comunismo era algo monstruoso, de rabo y cuernos, ¿verdad?

La Transición dejó en el trono a quien Franco había nombrado sucesor. Su papel a posteriori fue determinante. La verdad es que la ayuda de los reformistas del franquismo, sin cuya participación el cambio hubiera sido mucho más difícil y lejano, fue gracias a Juan Carlos. Juan Carlos agrupó a esos reformistas y gracias a eso la oposición, a través de la ruptura pactada, pudo traer a España un sistema de libertades democráticas. Que tiene defectos, como todos los sistemas. E igual la democracia no es lo que cada uno de nosotros hubiera deseado, pero es un sistema dentro del cual hay estado de las autonomías y libertades democráticas, esto último en la medida en que Aznar, con su política de seguridad y represión a todo pasto, no las reduzca, si es que no ha empezado ya.

¿Cree posible un referéndum sobre Monarquía o República? Desde luego éste no es el momento. Esa cuestión dividiría artificialmente al país. La Monarquía no es hoy ningún obstáculo para la hegemonía de la soberanía popular. Hay otras cuestiones más importantes que ésa. A mí me preocupa más el tipo de gobierno que tenemos, que ha provocado con sus errores, por ejemplo, la catástrofe del Prestige. Me preocupa la política de reducción de derechos sociales. Me preocupa el deterioro de las instituciones parlamentarias. Y todo esto no quiere decir que un día la situación permita plantear un referéndum. Pero habrá que tener unas razones concretas. La Monarquía, insisto, no es hoy un obstáculo ni para la izquierda ni para ninguna de las corrientes políticas que hay en el país. Es algo simbólico. El bien o el mal están en los que gobiernan.

Y los comunistas, ¿dónde están? Usted no se reconoce en Izquierda Unida. Yo no llamaría comunismo a IU. Eso ya no es un partido comunista. Es otra cosa que aún no tiene una definición clara. Hay comunistas pero también hay mucha gente que no lo es. Izquierda Unida no puede identificarse con lo que fue el Partido Comunista. Los actuales dirigentes de IU, por ejemplo, tienen posiciones diferenciadas en Euskadi y en el resto de España.

¿Qué papel debe asumir el comunismo en relación a las nacionalidades históricas? Como comunista soy partidario de la autodeterminación de los pueblos. Y pienso que los vascos, los catalanes o los gallegos tienen derecho a decidir cómo quieren estar en el Estado español. Y si algún día no quisieran estar tienen derecho a pronunciarse. Aparte de eso, yo creo que democráticamente ninguno de los pueblos españoles quieran marcharse del Estado. Si hubiese un referéndum en el País Vasco, cuando acabe lógicamente el terrorismo y haya libertad, creo que la mayoría de los vascos elegirían permanecer en España sin dejar de ser vascos. Yo no tengo temor a que la unidad del Estado se rompa en una consulta auténticamente democráticamente. Por consiguiente, y en principio, yo no estoy opuesto a que en determinadas condiciones eso pudiera producirse. Pero la solución, creo, en los términos en los que se plantea hoy el problema vasco, es que los demócratas nacionalistas o no nacionalistas, que se llaman constitucionalisas, tienen que llegar a entenderse para convivir dentro de Euskadi. Coincidiendo en unas bases políticas mínimas y fundamentales. Que no se concibe Euskadi sin la masa nacionalista de la misma forma que no se concibe Euskadi sin la masa no nacionalista, ¿me entiende?

Y un comunista español en el siglo XXI, ¿a quién debe votar? Debe saber usted que me pone en un serio compromiso (risas). ¿Un comunista como yo, por ejemplo? Yo en este país voy a votar por quien se oponga a la guerra que Bush quiere hacer. Voy a votar por quien se oponga al recorte de derechos sociales. Por quien se oponga a…, y así una larga serie de cosas que difícilmente veo todas juntas en una organización política. ¿Qué partido cumple tantos requisitos? ¡Ah!

A lo mejor en tierras gallegas se encuentra con un viejo conocido. ¿Un viejo conocido? ¿Quién?

El presidente Manuel Fraga. ¡Ah! (risas). Bueno, un viejo conocido pero de vista, ¿eh?, de vista.

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CXIX

Escrito el 23.06.12 a las 9:10

Al lado del ambulatorio, ayer a las seis de la tarde. Una pareja de turistas con el mapa en la mano. Un señor se cruza con ellos.

-Disculpe, ¿es usted de aquí?

-Soy y no soy.

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CXVIII

Escrito el 31.05.12 a las 13:31

me ha recordado a su famosa conferencia en Cádiz hace un mes. Llegó en jet privado, dijo que el periodismo había muerto y se fue.

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Mientras saco dinero del cajero pasan tres chicas de instituto lamentándose por las preguntas de un examen. La más guapa llora tratando de explicarle a sus amigas en qué falló. El verano siempre empieza con una chica mona repitiendo curso y termina con ella dejando los estudios por un novio albañil. Lo que nunca cambia a lo largo de los años es el llanto y las explicaciones de lo que falló. Por eso seguimos distinguiendo las estaciones.

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No entiendo con los comentarios del personal de Jot Down. Si algún valor tiene la revista es que allí se puede publicar contra la opinión de la izquierda, contra la opinión de la derecha y contra la opinión de los jefes. Cristian Campos de escandalizador escandalizado es como doblar una película. O se va con todo o no se va con nada.

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Mamá me obliga a cortarme el pelo para ir a una boda. Creo que lo hace para eliminar pruebas de la despedida de soltero, que todavía dura un poco en algún rincón de mi cuerpo, como uno de esos reservados del restorán en la que cuatro señores sin dormir juegan una partida eterna.

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Siempre que veo a un tertuliano liándola en la tele tengo ganas de llamarle por teléfono y decirle que está haciendo un ridículo tan grande que yo que él me iría corriendo a casa a ver si por lo menos puedo salvar mi matrimonio.

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Uno de esos libros que sin haberlos leído una vez sabes que

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CXVII

Escrito el 28.05.12 a las 11:22

Un día escribí esto: “De mi vida lo que puedo contar es bueno, por eso la escribo poco. Hace un año comencé a publicar mis diarios pletórico de tristeza, como un señor enjoyado envuelto en depresiones al que la desgracia le estaba tumbando el pelo. Pero cuando las cosas amenazan con ir bien resulta de mala educación contarlo. La cultura del alarde está muy extendida en España, por eso hay tantas televisiones: porque no damos abasto. Tras eliminar el contador de visitas del blog, un amigo –en la vieja Pichelería, aquel bar en el que se juntaban los socialistas de Pontevedra; cerró, siguiendo el ejemplo del partido- me preguntó por qué: ‘Porque empezaban a ser muchas”.

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Los lectores no sé cómo van, porque de entre las muchas cosas que he ido abandonando en los últimos tiempos la primordial es el control de daños. Pero mi vida

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CXVI

Escrito el 25.04.12 a las 9:13

Del Madrid fui por primera vez a los dos años, cuando mi tío me puso una camiseta del Barcelona en medio de un bar con gente haciendo la ola de pura consternación. La leyenda cuenta que me la saqué llorando y que no volví a subir a sus brazos hasta los doce, cuando me picó una faneca en la playa de Silgar. Y aún entonces, en medio del llanto, lo miraba con desconfianza sin saber por qué, como esos niños que no identifican un trauma.

El bar era de mi abuelo y estaba debajo de nuestra casa. En tiempos fue un bar peluquería. Mi abuelo había estado embarcado muchos años y aprendió el oficio, porque de los barcos surgen hombres multinavaja, así que cuando volvió montó el bar y dentro, en lo que ahora se llamaría dos ambientes, puso una silla, un espejo y unas tijeras. Me crié entre las piernas de toda esa clientela, y cuando la estatura me dio por fin para llegar con las manos a la barra, comencé a poner vinos. Fui un niño mesonero, madridista y muy católico, de los que se atormentaban con el pecado al punto de cometerlos todos, como un Cristo enloquecido. Si un borracho me pedía un albariño yo me prestaba a servirlo y estiraba mucho la mano para cobrarlo, y con aquella mirada cándida mía, de niño de catequesis, se aturdía la clientela, que desistía de seguir bebiendo y cogía el camino de casa a abrazar a los hijos llorando y pedir perdón.

Yo ahora pienso que si los ayuntamientos pusieran niños a servir en los bares se reduciría la tasa de alcoholismo, porque hay que estar muy mal para permitir que te emborrache un niño. A esas conclusiones llega uno mal y corriendo, porque la realidad es que yo ponía los vinos con euforia, hasta rebosar la taza, y me gustaba ver a aquellos hombres fuertes de caras encarnadas agacharse y sorber como veía hacer a las vacas en las cuadras de la aldea. Tengo a todos esos rostros frescos en la memoria, porque no se nutre otra cosa el periodismo que de lo vivido, sea hace un minuto o hace un siglo.

En el bar, al atardecer, siempre llegaba Vicente, que montaba jaleo cuando había partido de fútbol y a veces se le echaba sin miramientos. En una esquina de la barra, sin beber, se sentaba mi bisabuelo Manolo con unas gafas gordas de montura negra que ahora serían la delicia de los modernos. Mi bisabuelo era de cuerpo fuerte pero su recuerdo lo tengo muy débil; un día no apareció y se me dijo que había muerto. Yo entonces pensé que la muerte consistía en dejar de venir por el bar, así que cuando alguien faltaba me compadecía de su alma.

Gianni, un italiano que vivía en el edificio de al lado, seguía siempre el Tour como si le fuera la vida en ello. Al parecer había sido ciclista allá en Italia y cada vez que hablaba todos callaban. Si decía que Perico iba mal, Perico atacaba. Si Lemond iba a ganar la etapa, le daba una pájara. El silencio que se producía en el bar era de pura expectación. Probablemente se hubiese inventado lo de ciclista para justificar que tenía las piernas depiladas, aunque para eso, decía mi tío, ya le tenía que haber llegado con decir que era italiano.

Óscar, un chico serio, de percha estable, poco dado a sacrificios gestuales, llegaba al bar los fines de semana para jugar al dominó. Al contrario que los airados, reposaba las fichas con tanto cuidado que nadie dudaba de que fuese homosexual. Sólo le vi perder una vez los estribos, cuando tuvo que repetir lo que tomaba porque no se le había escuchado; eso sí, pegó un grito que casi le revienta la cabeza a mi abuelo.

En esa taberna, casi aprendiendo a andar, sin saber yo aún lo que era la vida, había tenido mi primer gesto de madridismo natural, envuelto en pureza, como una forma armoniosa de arte. Eclosioné como madridista antes que como hombre. Fui blanco sin condiciones, a tumba abierta, como salía Salguero de la cueva con el balón, la mirada gallarda y el pelo alborotado, derrumbando rivales con la camiseta por fuera como si escapara de la cama de una señora casada.

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CXV

Escrito el 21.04.12 a las 8:59

En sus primeros tiempos de corresponsal, cuando se encontraba en Constantinopla enviado por La Correspondencia Española, Julio Camba remitió un artículo por correo acompañado de una nota para el director: «Perdóneme que esta crónica haya salido algo más extensa, pero la premura de tiempo para mandársela no me ha permitido escribir algo más corto».

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CXIV

Escrito el 10.04.12 a las 10:23

Fraga y Fidel, sin embargo va a ser una de las noticias espléndidas del año y aún del castrismo, si tal cosa existe. Fernández-Valdés me dice que la ha visto Arcadi Espada y que parece sincero en su entusiasmo. Yo pienso que no se va a poner Arcadi a estas alturas a impostar. Un día después de nuestro encuentro me llama a la una de la madrugada: “¿Has visto Orbyt?”. “No, la verdad”. “¿Y mañana hay periódico de papel?”. 

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Coming soon (23 de abril):

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CXIII

Escrito el 1.03.12 a las 10:59

Hombre, sí nos ha costado reconocerlo, como dice el texto. No digamos reconocerlo como el tal Rosauro, porque a mí ese tipo me parece de toda la vida mi amigo Manuel Fernández-Valdés, director de documentales. Está a punto de estrenar la pasión de Fraga y Fidel Castro. Lo llamo para preguntarle si lo ha dejado todo por Amaia Salamanca y me dice que no, que hay periodismo asín. Luego me intereso, naturalmente, por el gorro.

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CXII

Escrito el 22.02.12 a las 8:51

Lunes, 16 de agosto de 1999

Ni ministro ni conselleiro

María G. Eyo/Corresponsal

PONTEVEDRA. La cantidad de agentes de la Guardia Civil que custodiaban ayer la entrada al campo de fútbol de Baltar, en Portonovo, daban la razón a lo que ya estaba anunciado desde la Asociación Avante de lucha contra la droga. Un ministro y un secretario general del PP gallego iban a ser los capitanes de los dos equipos que se enfrentarían en un partido benéfico. Al final, ni Cuiña ni Rajoy.

El partido, que acabaría con un 1-1 que forzó una tanda de penalties, comenzó con media hora de retraso, por si acaso, pero no valió de nada. Desde la organización insistían en que Rajoy y Cuiña se incorporarían al juego a lo largo de la tarde, pero tampoco. Nadie supo explicar las dos ausencias e incluso se apuntaba que la mujer del conselleiro presenciaba el partido desde las gradas, así que su marido tendría que asistir.

También faltó Diz Guedes, delegado del Gobierno en Galicia. Y es que quizás ninguno de los tres ausentes quiso arriesgarse a vivir una situación como la que tuvo que pasar el sábado Cuiña Crespo, cuando intentó leer el pregón de las fiestas de Vilagarcía y le llovieron huevos y abucheos. Y es que asuntos como los polémicos referentes a los depósitos de Finsa en el puerto de Vilagarcía, el encoro del Umia o la empacadora de Vilaboa lleva a que algunos pontevedreses no tengan ganas de grandes alegrías.

El alcalde de Sanxenxo, Telmo Martín, y Xesús Palmou, conselleiro de Xustiza, hicieron de capitanes de los respectivos equipos. El del regidor, formado por políticos de todas las formaciones y por Javier Zaragoza, fiscal general anti-droga. El conselleiro en cambio, tuvo que lidiar con un cuadro mucho más heterogéneo, poniendo orden entre periodistas, policías y ex-deportistas.

De las gradas no se quiso bajar Francisco Villar, secretario de Estado para el Deporte, alegando que sufría una lumbalgia. Antes del encuentro, los dos entrenadores (profesionales ambos) alentaron a sus equipos. González Agís, técnico del equipo local y consciente de la capacidad de sus jugadores, les decía: «sin forzar, sin forzar y sin chupar». El presidente de la Diputación de Pontevedra, Manuel Abeledo, asentía.

Jesús Bea, que entrenó al equipo visitante, se mostró más agresivo desde el principio: «No quiero ver a nadie parado, vamos a presionar a muerte».

La principal paradoja se dio en la portería de los locales. Dos cancerberos se disputaban un sólo puesto. Por un lado, Telmo Martín, regidor popular de Sanxenxo, y por otro, Miguel Fernández Lores, el alcalde nacionalista de Pontevedra. No hubo disputas entre ellos. Al menos eso es lo que dijeron ante los micrófonos. Telmo Martín se metió tanto en su papel que incluso contestaba como los futbolistas de verdad: «el míster es el que tiene que decidir, elegirá al que esté mejor preparado».

Sin embargo, en el último momento, el alcalde de Sanxenxo cedió los bártulos a Lores y jugó en la defensa. «Es que si soy portero, no marco goles», se justificó.

«Tira para adiante»

Antes, al fútbol se jugaba a defender o a atacar, pero ayer, en el campo de Baltar, en Portonovo, el técnico de los locales quiso ensayar un nuevo sistema. Se llama TPA, y según explicó el entrenador quiere decir: «tira para adiante».

Desde el principio, Telmo Martín y Rafael Louzán, vicepresidente de la Diputación, comenzaron a destacar en el equipo de los políticos. El alcalde le puso ganas, pero Louzán fue elegido por los periodistas como el jugador «con mejor clase» y, además, marcó.

Mientras, Manuel Abeledo actuaba con contundencia en el centro de la defensa. Hasta que se lesionó. «Esto es por no comer marisco», sentenció Jose Luis Torrado, O Bruxo, que actuó de preparador físico con sus recetas de albariño y centollo de la ría.

En el equipo contrario, la defensa no llegó a acoplarse. Entre otras cosas, porque Xesús Palmou era una auténtica coladera. Le puso ganas, pero no pasó del intento. Incluso se atrevió con una fuerte entrada a Francisco Trigo, parlamentario del BNG, que saltó para evitar laspiernas del conselleiro.

Fernández Lores defendía su portería como un auténtico profesional, no en vano fue portero del Villalonga, pero cometió un garrafal error que culminó con el empate a unos. Manuel Jabois, corresponsal del Diario de Pontevedra en Sanxenxo, le batió por abajo después de una carrera en solitario. Al terminar el encuentro, el alcalde de Pontevedra explicaba: «Es que vi detrás de la portería a un amigo del colegio, lo estaba saludando y cuando miré ya los tenía encima».

Al final, con el empate hubo que recurrir a penaltis. Lores se vengó y le paró el último lanzamiento a Jabois. La victoria fue para los políticos, el equipo que tendría que haber capitaneado Rajoy.

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El penalti

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CXXI

Escrito el 18.11.11 a las 2:08

Entra un señor gordito de unos sesenta años en el supermercado haciendo muchos aspavientos y tras él una joven pareja con pinta de acorralada. “Venga, que hoy coméis”, dice de pronto. Automáticamente salgo de la cola de la caja y los sigo a distancia. Al acercarse a la charcutería, la pareja saca número mientras el señor se dirige al empleado: “Atiéndelos, ¿eh?, que voy a pagar yo. Dales medio kilo de todo”. La gente se gira y ve espantada a los harapientos, que permanecen allí con el número del turno colgando. “¿Habéis probado el jamón? ¿Sí? Bueno, es igual, llevaos también quinientos gramos de jamón”.

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La chica aparece en casa con su novio de 57 años. Cuando se queda sola, el padre entra en la habitación asustado: “Entonces yo te gusto, ¿no?”.

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Deberías leer más, me dicen. No leo, respondo, porque me seduce la idea del plagio. Soy uno de esos seres impresionables que pasan las páginas resistiendo la tentación del robo, y tengo para mí que cuanto más escribo mi resistencia se hace más débil. Tanto, que a veces me plagio a mí mismo para no plagiar a los demás. Al hacerlo me imagino robándome el pasado y adaptándolo a mi gusto, y de repente es como si pudiera descender en el tiempo y poder hacer de mí alguien igual pero diferente; el antilampedusismo: no cambiar nada para que todo cambie. Algo así como plagiar la vida, secuenciar el presente y convertir el futuro en algo suavemente predecible, hecho con los tejidos de entonces. Pienso: han sido suficientes estos años y a partir de ahora, con lo escrito, haré nuevos artículos y alguna novela suelta. También la vida tiene algo de eso. La edad en la que uno deja de inventarse; el equilibrio impreciso entre lo que decidimos ser y lo que somos.

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Los orígenes de una dictadura suelen ser tormentosos. Cuando todos los chicos íbamos a espiar a nuestras novias a sus vestuarios, Franco se colaba en la iglesia para ver rezar a Carmen Polo.

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Mi madre me tuvo a los dieciocho. Pasé la juventud tratando de no acostarme con nadie que le superase en edad. Cuando cumplió cincuenta escribí en mis diarios: “A mamá por fin le están empezando a salir años”.

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