Mi vida en el Pro

He sido fiel a pocas cosas en mi vida como al Pro Evolution Soccer, lo que ocurre es que para demostrarlo debería escribir un libro. Desde hace mucho tiempo conozco a los jugadores por el Pro, que me sirve de escaparate para saber quiénes son, en la vida real, los más rápidos, los más talentosos o los que tienen más proyección. En todos los equipos en los que he entrenado en Liga Master (Mallorca, Deportivo, Zaragoza, Celta, Sevilla, Real Sociedad, Newcastle o Aston Villa) siempre mantuve una filosofía reconocible en el campo: jugadores negros en el centro y al menos uno en la delantera, abriendo huecos con el cuerpo y explotando espacios desde el callejón del 10 con zancadas de gacela (Kalou en el Zaragoza) o bien a modo de locomotora (Makinwa en la Real). Los iba a buscar personalmente mirando uno a uno sus características, su edad y su estatura –nunca mayores de 25 años, nunca por debajo de 1,75, salvo que fuesen balas. Un trabajo de chinos que me llevaba tardes y que dejaba a mis novias pasando por el salón alarmadas por no ver nunca el balón en juego. Costados abiertos, un punta caído con funciones de mediapunta (menudas dos temporadas que me dio Pastore en Sevilla o Pato en Coruña), dos stoppers funcionando como un acordeón y siempre una leyenda atrás, apoyada por dos centrales fuertes, altos, preferiblemente germanos. Mis equipos son un ordenamiento del mundo en el que tiene que haber siempre un argentino en el campo y ningún español en la convocatoria (hay que decir que Konami nunca ha sido generosa con los nuestros).

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