Steve Jobs, un rey de Francia
Lo despreciaba porque no sabía programar y lo llamaba despectivamente supervendedor, como si fuera un comercial gigantesco transido de megalomanía. Pero Gates intuía el salvaje latido de Steve Jobs como los exploradores que en mitad de la noche sienten la presencia del león; al igual que éstos, Jobs veía en la oscuridad, se movía con sigilo y atrapaba piezas impensables.






El enlace está mal, jefe.
Escrito el 22.08.12 a las 9:46