El rey humilde

El Rey ha pedido perdón sin él saber muy bien por qué, algo que sería entrañable si no dijese además que no volverá a ocurrir, por lo que se teme que acabe sus años paralizado en un sofá orejero mirando a través de las ventanas de palacio el Madrid primaveral, la ciudad alegre y confiada por la que burbujean niñas de faldas pantalón que hacen frus frus.

El rey humilde, en El Mundo