El rey humilde
El Rey ha pedido perdón sin él saber muy bien por qué, algo que sería entrañable si no dijese además que no volverá a ocurrir, por lo que se teme que acabe sus años paralizado en un sofá orejero mirando a través de las ventanas de palacio el Madrid primaveral, la ciudad alegre y confiada por la que burbujean niñas de faldas pantalón que hacen frus frus.






Hoy te leo un poco cursi, Jabois. Contagiado, sin duda, por el infame titular de tu señorito. Todo es afueras, sí, y pringue de melaza.
Escrito el 19.04.12 a las 9:06