CXV
En sus primeros tiempos de corresponsal, cuando se encontraba en Constantinopla enviado por La Correspondencia Española, Julio Camba remitió un artículo por correo acompañado de una nota para el director: «Perdóneme que esta crónica haya salido algo más extensa, pero la premura de tiempo para mandársela no me ha permitido escribir algo más corto».






GUERRA CIVIL: VENCEDORES Y VENCIDOS. > ‘Camba, entonces, era un lejano cronista de reputación dañada (aquello tan lúcido de «los que ganaron la guerra perdieron la historia de la literatura» que dijo Trapiello, uno de sus exhumadores)’.
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En las guerras civiles, como la nuestra y aun ‘las nuestras’ que ya pasó con las carlistas, es esa la venganza de los perdedores, de los débiles; pues si perdieron lo fue porque lo eran, y los que ganaron lo fue porque eran los más fuertes. Y en esa venganza entra y la permite el que nunca la fuerza bruta -y no otra cosa es la guerra sino fuerza actuando con la mayor brutalidad posible- puede ser razonable y jamás ha de tener razón aunque venza, y aún menos hasta el extremo de que convenza. Por eso, después, se ‘arregla’ la historia, la de la literatura y la otra, la Historia con mayúsculas. Que contra el superficial ‘la historia la hacen los vencedores’ quizá cierto en un principio, aparece un más hondo, verdadero y definitivo ‘la historia la hacen los vencidos’. Todo esto, además, es cosa vieja: ejemplo semejante al de la nuestra se dio ya con la suya de Secesión en los USA. Tras ella quedó para la historia y para la literatura un Sur de caballeros y un Norte de rufianes.
Escrito el 21.04.12 a las 10:20