Mundial (y V)

Uno de los placeres más morbosos del Mundial es poder decir Puyi, Ini y Busi delante de la televisión con ternura familiar, como acunándolos con mis pequeños deseos para ellos, defendiéndolos de ultrajes y sacándole punta a sus virtudes infinitas. Algo como «venga Andresito, que de ése te vas, que tú eres el número uno»; o el gol a Alemania que se cantó desde el fondo de la tierra: «¡Ése es mi Puyi!». Doy tragos gigantes al gintonic mientras le hablo a la parroquia de la exquisitez de Xavi, que parece que abre las defensas con láser en los ojos, y señalo la figura de Piqué, «el mejor central del mundo desde que se jubiló Fernando Hierro», y aquí se me quiebra la voz, como quien menciona a un difunto. Futbolistas a los que les he mentado la madre en las más sórdidas posturas; tíos a los que he pintado de asquerosos para abajo, por malos y catatónicos, por tuercebotas aburridos y culés irremediables, tísicos de un sistema sedante que, dije una tarde de gloria, «está acabando con el fútbol y vaciando los estadios». Así que éste del Mundial es un placer de lo más turbio, como envolverse en sábanas con la mayor enemiga de tu novia. Lloro las patadas que reciben y conjuro los ataques del rival diciendo para mis adentros «¡Busi, Busi!», y dentro de dos semanas, si me los cruzo por la calle, les echaré una maldición gitana deseándoles triadas por docenas. Sí, señores. Esto es fútbol.






¿Pero qué pasa en este blog? ¿Dónde se ha ido La Copa del Mundo?
… Aunque ésta entrada es mejor.
Escrito el 11.07.10 a las 12:54