Mundial (IV)

A un Mundial se llega ganando y la victoria exige un camino inescrutable, pero ninguno como el que planeó Chile en 1989. Jugaba un partido decisivo contra Brasil en Maracaná, y cuando perdía 1-0 una bengala cayó al campo y el Cóndor Rojas, portero chileno, cayó desplomado con la cara llena de sangre. Una camilla se lo llevó mientras Chile abandonaba el campo entre la consternación de 150.000 espectadores; en el país andino una turba apedreaba la embajada brasileña. Esa noche, un reportero de una radio chilena entrevistó a un fotógrafo que dijo haber visto cómo la bengala cayó a un metro del portero. «Quítele el micrófono a ese imbécil», dijo el conductor del programa. Días después el Cóndor Rojas confesó haberse cortado la cara con un bisturí que llevaba escondido en un guante. En la trama estaban varios jugadores, el capitán, el entrenador y el utillero. La FIFA echó a Chile de los Mundiales hasta 1998. La RAE reconoció el término ‘condoro’: «torpeza grave y vergonzosa». Rosemary Melo, la veinteañera que tiró la bengala, fue bautizada como A Fogueteira, salió en la portada de Playboy, gastó el dinero de su fama y acabó vendiendo perritos calientes en la calle. La prensa chilena sobrellevó la vergüenza como pudo; el diario La Tercera había titulado así su portada después del partido: «Negros sinvergüenzas».