Nación Robben

La primera vez que se rompió España yo estaba leyendo el periódico, que es donde normalmente suelen romperse estas cosas. «Ha muerto España», o algo así, se decía en una tribuna. Me pareció una noticia terrible, porque faltaban dos semanas para la Eurocopa y los muchachos ya se estaban entrenando. Fijé la mirada trascendente en un horizonte hercúleo y pensé en el hombre que habría de llevarle la noticia a Camacho.
Yo no sabía entonces que España se rompía con la misma facilidad que Robben, pero lo aprendí rápido no con el paso de los años, sino de los días. España es un país que con cualquier esfuerzo, por mínimo que sea, se rompe. Si un voto no es para el PP, por ejemplo, se resquebraja un poquito. A mí me pasó una vez que dejé mi papeleta en la urna y escuché un crujido, y el interventor popular se santiguó y miró al cielo. Así que ayer, cuando España volvió a romperse del todo, ni siquiera me inmuté. Para unos, estaba terriblemente rota. Para otros, no lo suficiente. El problema de los países que se rompen es que siempre hay alguien que quiere ver los pedazos aún más pequeños y quien se echa histérico al suelo con el superglue y las castañuelas.
La cosa esa del Estatut, por ejemplo. Se trata de un documento que en su borrador incluyó un preámbulo con una primera frase descollante: «Cataluña ha modelado un paisaje». Esos papeles ha estado el Tribunal Constitucional discutiéndolos cuatro años. Unos señores, mentes preclaras de cierto nivel, se entiende, ocupados con eso cuatro años mientras los periódicos fabricaban titulares cada día durante ese tiempo. Todo para que España se rompiese otra vez, que era algo que cualquier tonto veía venir cuando unas personas ociosas ocuparon el tiempo en redactarlo.
Yo no sé si el Estatut era necesario a efectos prácticos, pero sí a otro tipo de efectos, como los especiales. Bien que me alegro y bien que los echo de menos, porque aquí el bipartito ni siquiera fue capaz de escribir en un papel que Galicia había modelado una vaca. Purgo esa pena histórica por las mañanas viendo los highlights de Intereconomía, que se suceden a cada minuto glorioso, y me digo muy solemnemente que si España no existiese, que igual ni existe, habría que inventarla sólo para darnos el gusto de romperla como un plástico de burbujas.






Da gusto leerte, Llabuá.
Escrito el 30.06.10 a las 15:59