Mundial (III)

Cuando los españoles salen de España y ven en Francia banderas de Francia suelen decir que España tiene complejo de España, y que aquí hay miedo a enseñar la bandera «porque si no te confunden con un facha», como si en España eso fuese alguna vez motivo de vergüenza. Yo creo que si aquí no se enseña la bandera salvo en ocasiones puntuales en las que se hace imprescindible, como las marchas contra los gays, es porque es una bandera horrenda y porque en este país las cosas sólo salen adelante si todos van a una. Yo no soy muy de españolear antes de cuartos de final, y sólo entonces españoleo a partir de un cierto número de gintonics. No hay ningún problema político en mi vida que no haya arreglado el alcohol en cantidades masivas. Pero una cosa es lo que haga uno en la intimidad del bar y otra ya volverse loco y pintar las sábanas para sacarlas por el balcón. En Galicia los que más dan la matraca con esto de España son los antiespañoles, que pasan el día haciendo chistes y animando al contrario, y diez minutos antes del partido van y se ponen a presumir de que no lo van a ver, como si eso fuera la hostia. Yo creo que cuando uno no hace algo no anda diciéndolo por ahí, salvo que le importe, y si lo dice es que no lo hace sólo para no hacerlo. O sea, que se pasan noventa minutos no viendo el partido en lugar de hacer otras cosas, como, qué sé yo, leer el Corán o ponerse al día con Lois Pereiro.