Caminar sobre las nieves (y II)

Contemplaba las montañas nevadas en su enormidad mientras comía un bocadillo de panceta, y unos extranjeros me hablaron de una pista verde más al otro lado de las cumbres. Aquella que yo había bajado, me dijeron en el dialecto de la nieve, era una pista roja. Lo que hice fue levantarme sin apenas dolor, coger los ropajes y dirigirme con cierta pesadez veterana, como de yeti informado, hacia aquel maná verde que me esperaba en la otra punta. Para ello había que coger una percha, bajar unas pistas azules y subirse a un telesilla, que es como decirle a alguien que para aprender a andar antes hay que ganar el campeonato mundial de triatlón.

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