Parados

Hace dos años el presidente del Gobierno salió en unos carteles electorales prometiendo el «pleno empleo» y de manera automática la tasa de paro acabó llegando al 20% (un año después, ya en racha, Emilio Pérez Touriño salió en esos mismos carteles con un lema: O Presidente). Yo no sé cuántos trabajadores se manifestaron ayer en el Primero de Mayo, pero puedo suponer que pocos. Los trabajadores en este país ya se están conociendo entre ellos, como los albinos. En España tener trabajo empieza a ser un exotismo inadmisible, casi una afrenta; una manera original de ir por la vida. Cualquier día los museos empiezan a exponer nóminas. Con este paisaje los sindicatos le vienen echando la culpa al capital, focalizando el odio hacia algo que recuerda vagamente a la Bruja Avería. Quiere decirse que el “capitalismo salvaje” nos queda bien a los articulistas, necesitados de darnos distinción, pero a los parados hay que hablarles de Infojobs, subsidios y José Luis Baltar para convencerlos de que la necesidad de reestructurar la economía mundial es grande, pero no más que un sueldo.  Que se ponga ahora a bajar el paro o siga la fiesta viene siendo ya lo de menos. Es tiempo de buitres y la necesidad de empleo es como la necesidad de sexo: uno acaba metiéndola en donde sea.