Implantes

Hace unos días la prensa publicó un mapa español de los que hacen afición, con apenas tres colores y leyendas muy sencillas para que los niños no pasen problemas en el colegio, como se pasaba antes con aquellas plantillas confusas de ríos y afluentes. El mapa en cuestión marca las provincias según los implantes de pecho que se hacen las españolas, diferenciando entre quienes le ponen más de 330 gramos (color rojo), entre 330 gramos y 300 (amarillo), y menos de 300 (azul), que es el caso de Pontevedra, tierra de grandes centollos y de mujeres muy seguras de sí mismas. Los significados que encierra el nuevo mapa provincial son profundos, pues desde Girona hasta Huelva puede decirse lo de Marx: “Un fantasma recorre Europa”. La línea roja se extiende por el Levante hasta toparse con Portugal, donde por tradición ni se sabe, ni se contesta, ni se pregunta. Hemos pasado de la España invertebrada de Ortega a la España implantada, lo cual supone un alivio, porque entre la ideología y el escote cualquier hombre antepondrá el escote, aunque bien es cierto que matará con más saña por él. De momento una lectora de El Mundo escribió la semana pasada muy feministamente: “A mí me gustaría que las mujeres se gastaran su dinero en el cultivo de la belleza interior, en la práctica de virtudes, en ofrecer lo mejor de ellas mismas”. Pues eso.