Un cura

No sé si han visto ustedes la foto de ese cura de Toledo que se anunciaba con una foto digna de portada de FHM en un rincón de su casa con las contras echadas. En ella sale vestido sólo con unos calzoncillos que habría que saber a qué siglo pertenecen y cómo llegaron hasta aquí. A ver si se anima Dan Brown y nos refiere la historia, porque cosa de la Iglesia parece. El cura ofrecía servicios sexuales a mujeres a un precio que define un estado de euforia (50 euros por quince minutos) y un anuncio forjado con la autoestima de un titán (bien dotado: 15 centímetros). Ha habido escándalo y hasta una señora cerrándose la bata para hablar con la televisión soltó la frase fundacional del pueblo: «Mi hijo iba a la catequesis y ahora te da por pensar». Que no piense mucho, no vaya a ser que llegue a la conclusión de que la heterosexualidad del joven es un milagro y su actitud, dentro de la Iglesia, el más venial de los pecados. De él se ha dicho que era un profesor estupendo y en la misa del domingo, que en el pueblo la misa del domingo es como la Audiencia Nacional, confesó haber robado dinero del cepillo. A cuántos políticos habría que llevar a esa iglesia a tomar ejemplo y a cuántos curas de la oreja a enseñarles a llevar el sexo con naturalidad, de común acuerdo con mayores de edad y, por si fuera poco, pasando la cesta.