Nazis

En Malditos bastardos hay una escena fantástica, quizás una de las mejores que haya rodado Tarantino y que mejor haya definido, tanto Haffner y tanta reflexión después, el nazismo. Sucede cuando a Shosanna Dreyffus le presentan a Joseph Goebbels y a su traductora francesa. Y a Shosanna lo primero que se le pasa por la cabeza al verlos es la imagen de Goebbels sodomizando a su traductora. No de cualquier manera, sino de la manera exacta que uno podría imaginarse a Goebbels en la cama si alguien se lo presentase: con ropa puesta, la cabeza medio ladeada en un tic enfermizo y emitiendo gruñiditos, con un movimiento espasmódico en la mano, como un Mini-Yo. Es apenas un segundo y la mujer, que ruge pintada como una puerta, no mira atrás. Hace bien: escuchando el concierto que se produce a su espalda la mejor decisión es clavar la mirada en el estampado de la colcha y no pensar en los raros caminos que conducen al orgasmo o al genocidio. Lo que hace Shosanna con esa visualización es anticipar la naturaleza del personaje y confirmar el espanto de su régimen: Tarantino describe mejor a Goebbels en el fornicio que en la imprenta. Y con eso conduce de paso a la intimidad del nazismo: un hatajo de locos que se han puesto de acuerdo en azotar un trasero y una mirada entre complacida y dolorosa, por lo estrecho, que sirve de cómplice necesario para la definitiva eyaculación aria.






Que es un miniyo. Por lo demás esto parece una matáfora.
Escrito el 11.03.10 a las 13:11