Jimmy
Yo me hice periodista a la fuerza, como todos los intrusos, y durante las últimas semanas de 1998 iba a la biblioteca de Sanxenxo a leer la prensa local y aprender el oficio de corresponsal de pueblo. Como el tiempo no pasaba y la vida de aprendiz era aburrida, cogía libros sin ton ni son y los leía un poco a saltos, que era como a mí me habían enseñado a hacerle el amor a las mujeres, sin conseguir nunca acabar con los libros ni con ellas.
Cuando alguien ha tenido a bien alguna vez preguntarme qué lecturas me marcaron nunca digo Yo, Jimmy, mi vida entre los Franco. No creo yo que por vergüenza literaria, ya que al no tener cultura literaria malamente puedo tener vergüenza, pero sí quizás por miedo a que alguien se confunda y crea lo que no es. Ese miedo tan provinciano al malentendido lo llevó uno atrás muchos años como la paja el burro; básicamente renegué de Jimmy Giménez-Arnau porque la chusma me lo iba a meter en el mismo saco que a Paquirrín y yo hubiera tenido que enredarme en explicaciones patéticas.
Así que el libro de Jimmy lo leí de un tirón despatarrado en los sillones de aquella biblioteca de Sanxenxo, como suponía que lo había escrito Jimmy echado en un catre de El Pardo, y cuando acabé con él también lo hice con una mujer: Merry Martínez-Bordiú, que era la ex esposa de Jimmy. El nombre me acompaña aún a veces en los albores soleados de la antigua patria mía y bajo el recuerdo de aquel enamoramiento encantado, porque yo antes de las mujeres históricamente he necesitado siempre enamorarme de sus nombres. Y aunque durante un tiempo, aún impactado, creí que Jimmy me había abierto los ojos a Merry, había sido Merry la que me abrió los ojos a Jimmy.
Por casarse con una Franco para infiltrarse en la familia y contarlo todo en un libro no le dieron a Jimmy un Pulitzer. Sin embargo lo pillaron años después trasegando con cocaína y Umbral le dedicó una columna muy floja, como tantas en las que Umbral quería hablarlo todo en cheli: tron, la life y a tope. Mal les fue después a los dos o mal les había ido antes, pero Jimmy dijo de Umbral que tenía «cáncer de alma», que hay que tener talento para decir algo así, y Pérez-Reverte, que no lo tiene, se lo apropió para arreglar sus cuentas con Umbral. De sus embestidas, con diferencia, la mejor fue la de Jimmy.
Jimmy es uno de los mejores escritores españoles y también más rápido que el diablo. Gana el dinero en los cubos de basura porque de la literatura, con cuatro libros, no vive nadie en España, y porque «alguien tiene que hacer el trabajo sucio». Yo no sigo ya en la tele a Jimmy porque todo en la vida cansa, sobre todo Jimmy, pero el otro día lo encontré en Interviú retratado por Ángel Antonio Herrera como «elegante palabrón». Allí suelta Jimmy sus cuatro cosas, como que la lencería de una mujer no puede oler a Persil, sino a hembra. También avisa de que ha dicho la verdad «siempre, por economía vital y porque tengo buena memoria», y que con dos copas «acabo en la cama con una jorobada».
Después de los días suyos tan divertidos con Merry y el marqués de Villaverde leí en esa biblioteca Las islas transparentes, la novela de la única persona en España que hoy vende la carnaza de su vida sin asomo de hipocresía y el Nadal de un escritor de vuelo fulgurante; un maestro del lenguaje todavía capaz de decir hace dos días que el erotismo «dura lo que tardo en subir con ella las escaleras».






grande.
buscaré ese libro para leerlo. a mí no me hacen falta 2 copas para estar con una jorobada. una tara mina lo suficiente la autoestima de una mujer, como para que se deje hacer cualquier cosa en cualquier momento. como yo. y son mucho más interesantes esas chicas. *con fondo*
me decía el otro día una amiga de mi padre – en el funeral de un señor que se murió- que a jimmy no lo podía soportar. que era un cobarde. que esas cosa que dice del generalísimo a ver si tenía huevos para decirlas cuándo estaba con vida. hombre, le dije yo, entonces no había democracia,ni libertad de expresión, y era precisamente porque paco estaba con vida. Pues qué triste que se tuviera que morir para que llegara la libertad. Hay que respetar a los muertos y más cuándo vivieron tiempos mucho más difíciles que estos!!. y sin la libertad que vosotros tenéis, que así es muy fácil decirlo todo ( se levantó ofendida y se marchó)
no dejaba de tener razón, la señora
Escrito el 24.03.10 a las 1:06