El argentino va a lucirse, por la pinta

Hábleme de la delantera de La Máquina. Moreno decía que bailar el tango complementaba sus entrenamientos. ¿Eran muy noctámbulos?

-Salían el día que tocaba salir. No es que jugaban bien porque iban al cabaret. Tampoco se tomaban una botella de whisky cada uno como se dijo porque la carrera del que se toma una botella de whisky no dura mucho y todos ellos jugaron hasta los cuarenta. A los cabarets se iba a bailar. No eran como los cabarets franceses. En Buenos Aires, la gente iba a ver las orquestas. El argentino es un bohemio diferente. No es el clásico que va al cabaret a buscar minas. El argentino va a lucirse, por la pinta. La anécdota más bonita de aquella época es la del Mono De Ambrosio. Un día fue la banda de Moreno al cabaret Marabú y le dieron diez pesos a una mina para que sacara a bailar al Mono, que no bailaba nada. Todos bailaban menos él. Entonces, se fueron todos a bailar y el Mono se quedó sentado. Y fue la chica y lo invitó: “¿Vamos a bailar?”. Y él le dice: “No sabo”. Le quedó Nosabo para toda la vida. “¿Qué tal, Nosabo?”, le decíamos. Hasta que se casó.

¿Cómo era De Ambrosio?

-Un extremo. Un crack. Partido en cancha de River, contra Huracán. Yo estaba enfrente, en la tribuna. El Mono corría por la banda y estornudó. Vio que andaba el linier por ahí con la bandera levantada. Se la agarró y se sonó la nariz. El linier empezó a llamar al árbitro. Se armó un lío.