Don Camilo
En los cambios de clase hacíamos el escándalo que se espera de unos niños de EGB, pero si la clase que venía a continuación era la de don Camilo se nos iba todo de las manos. A veces, de pura desesperación por no saber montar aún más jaleo, cogíamos el pupitre y lo azotábamos contra el suelo haciendo temblar las paredes. Con pistolas en las manos hubiéramos disparado al techo de purita felicidad.
Me parece que todos estuvimos en esa clase. Qué huevos tienen los docentes, joder.