Apuntes en sucio

Desde hace años, los artículos que yo voy echando a estas páginas van a parar a un blog que se llama Apuntes en sucio. Alguna vez me han preguntado por qué el título. Es una pregunta habitual en el oficio. No suele ir dirigida en tono amable:

-Oye, ¿y por que titulaste así la crónica? -te pregunta un jefe de prensa.

Lo primero que piensa el periodista es en sus cojones y todos los titulares que han salido de ahí dentro a lo largo de los años. En el arte de titular sólo hay algo que está por encima de los cojones del redactor: los cojones del director. Pero como en el trabajo se impone ser cortés, el periodista dice que lo creyó un punto de vista interesante, o que parece que esta tarde viene lluvia, o hay que ver qué mala suerte el Pontevedra, la cantidad de ocasiones que falló el domingo.

No es el caso del blog, por el que me preguntan con cierta curiosidad. Yo pude haberle puesto  Locos en Alabama o algo semejante, pero con la edad va uno siempre a lo práctico. Se despoja uno del ornamento, no sin lástima, y después de todo para eso publiqué yo una novela: para testimoniar los años tontilocos. El título, además, es un nombre justo. Uno escribe primero sus artículos y luego los pasa a sucio; los descuida, quitando aquí y allá algo que se haría imprescindible o añadiendo frases innecesarias, despeinándolos como esos adolescentes que se echan horas delante del espejo colocándose mal los pelos. Va desenfocando uno los artículos, sacándolos un poco de plano, y los deja estar así, macerando a la espera de tiempos mejores. Quiere decirse que uno escribe la versión definitiva y la pasa luego a distintos borradores hasta llegar a la primera, y ésa es la que acaba publicando un poco descuidadamente.

Se trata, en definitiva, de darle a la escritura un aire casual, oh, my God. No mediante un ejercicio de deconstrucción, como pudiera parecer, sino dándole un desaliño con el que no hay más pretensión que la de entretener un rato con lo primero que a uno se le pase por la cabeza. En esta web mía entra gente buscando apuntes de asignaturas y otra que escribe la palabra ‘sucio’ acompañada de alguna expresión que sólo se le puede ocurrir a uno delante del teclado en un período especialmente difícil de su vida. Se llevan todos, supongo, una decepción, porque lo que hay aquí son frases pasadas a sucio, ideas nuevas que uno envejece para que no parezcan tan originales y el lector pueda aburrirse así un poco a gusto, que si no se me entusiasma.