Aznar o el ardor
Al encontrarse a una muchedumbre gritona que lo hostigó con tanta saña que llegó a usar el bable, José María Aznar mandó a tomar por el culo a todo el mundo en la Universidad de Oviedo levantando el dedo corazón. No sabemos si calculó bien los riesgos. Si en ese momento a Aznar le cae un donuts hubiera vuelto automáticamente al Aznar de 1993, aquel señor pálido y blandengue de bigote rupestre y alma de cabrero. No le cayó, y marchó a la conferencia envuelto en guardaespaldas con la tableta a salvo, protegida por pistolas.
El hecho merece explicaciones difuntas. Se ha dicho ya que el ex presidente llevaba sobre su dedo el peso de dos civilizaciones. De Aznar, como de Cristiano Ronaldo y como del cerdo, se aprovecha todo. Yo de este asunto lo único que no entendí fue la sonrisa. A cierta gente la sonrisa le estropea la cara. Los mejores momentos de la estética aznariana lo revelan con el gesto endurecido prometiendo una guerra santa. El Aznar de espaldas al pueblo era un Aznar que definía sus posiciones faciales con el virtuosismo de un emperador. Se lo imaginaba uno con un tres cuartos de cuello alzado en noches aciagas por la callejas del poder, y de aquella cumbre nevada bajó levantando el dedo corazón, precisamente, para señalar a Rajoy y tirarlo a los leones del 14-M.
A Aznar, aun inmerso en maldades de patio de colegio, le sonrisa se le descuelga en la cara como un cuadro robado, y en el ejercicio de la peineta, que es un gesto señorial que nadie aprende en dos tardes, el gesto deviene en un cierto horror, como todo lo antinatural. Fabio Capello, de quien todavía hay que tomar en España grandes lecciones, como ésa de no permitir jamás que entre el ejecutivo y el pantalón se vea la pierna, hizo el mejor corte de mangas que yo recuerdo. Fue hace tres años y le puso revancha, rabia y no se concedió una sonrisa, sino que apretó los labios como si de un momento a otro fuese a romper a cagar en el mismísimo Bernabéu.
Aznar, al contrario que Capello, levanta el dedo con cierto garbo, y en lugar de echárselo a alguien a la cara parecer estar enseñándolo antes de ejecutar con él alguna acción escandalosa. Yo mismo, que he estado fuera de España y he visto la imagen sin contextualizar, pensé por un momento, visto el escándalo, las portadas y la sonrisa truculenta, que el ex presidente del Gobierno estaba anunciando para su conferencia un Dirty Sánchez, algo que ahora no me voy a poner a explicar aquí por respeto a mis lectores y por respeto, sobre todo, a mí mismo.







La sonrisa lo dice todo. La sonrisa no favorece a la soberbia porque la sonrisa en sí- misma es un gesto amable que acerca,que acoge y que alivia tensiones.
Cuando la sonrisa es forzada , afea y deja al descubierto la verdadera cara del alma.
Un saludo.
Carmen
Escrito el 24.02.10 a las 1:26