Un oficio literario

Hace una semana yo acabé aquí muy tarde de escribir sobre aquella experiencia mía en la televisión e hice lo que siempre antes de meterme en cama: encender un pitillo, escuchar una canción y pasearme desnudo por el baño como en una marcha militar, pasándome revista con el mismo celo desafiante que una folclórica. Esa madrugada, sin embargo, me miré al espejo, me alejé un poco y volví a acercarme, como cuando las sensaciones no son positivas. Y efectivamente: había algo si no desagradable en mí, sí desconocido.

Un oficio literario, en FronteraD