Noches alegres, mañanas difíciles
Una mañana de verano de 2001 tuve un despertar particularmente amargo. Amanecí echado en un portal en posición rastrera, y fui recuperando la consciencia intentando acompasar el corazón, porque podía explotar allí mismo y ponerlo todo perdido. Aquello parecía el final de una de esas borracheras épicas de las que uno sale de milagro, y cuando abrí del todo los ojos temí encontrarme junto a un cadáver o algo aún peor: una mujer.
Muy buen borrador, ahora solo falta que lo pases a limpio.