Mis héroes murieron de sobredosis
A Montano, que me lo enseñó
A los treinta años, dos antes de su muerte, Cazuza concedió una entrevista a unos periodistas de la Folha de San Paulo. «Yo no voy a parar de beber por el sida. Bebo, fumo y hago lo que quiero. No voy a desaprovechar ni un segundo de mi vida. Además, el AZT con vino es una delicia». Zidovudina o AZT fue el primer medicamento antirretroviral aprobado en 1987 para personas infectadas con el VIH. Cazuza enfilaba la muerte con una lucidez aplastante. Pero no fue su última relación con la prensa. Una vieja amiga de la familia contactó con él para entrevistarlo meses antes del final para el semanario Veja. Lo hizo con el tacto de quien trata con alguien que emerge de ultratumba, y su reportaje sufrió una manipulación atroz por parte de la editora Civita, un gigante en Brasil. La portada exhibe el rostro cadavérico de Cazuza y un titular infamante: «Una víctima del sida agoniza en plaza pública». La periodista renunció al trabajo y se unió a Gal Costa, Chico Buarque y Caetano Veloso en una campaña contra la publicación. «Todo consuelo fue estéril. Burlado y humillado, Cazuza lloró a chorros compulsivos mientras sus defensas se desmoronaban día a día», escribió Javier Piedra en el diario argentino Página 12.
Cazuza se llamó Agenor de Miranda Araújo Neto y fue un compositor y cantante brasileño. Cazuza, que decía tener una erección al salir al escenario, fue una de esas velas de las que Edna St Millet dijo que arden por los dos extremos: producen una luz extraordinaria y no duran toda la noche. Fue hijo de la burguesía de Ipanema, bello, bisexual y drogadicto, e hizo explotar su juventud con fanatismo religioso. Fue un poeta del rock cubierto de extremos que acabó sus días al borde de la locura desfilando por las clínicas con su turbante diciendo que era un príncipe árabe. Tragaba vodka desde primera hora de la mañana y encontró placer en fregarse las manos durante horas mientras repetía desparramando el jabón: «Esto es maravilloso, esto es maravilloso».
Si no fue un príncipe árabe, no le anduvo lejos. La devoción de los grandes por él fue veloz e intensa. Escribió letras y poemas desde los siete años, como un Rimbaud embrujado. Fue pasional y sensual, mezcla del espíritu arrebatado y profundamente melancólico de quien halla un secreto en la heroína, no un calvario. Yo encontré en el Poema cantado por Matogrosso (Hoje eu acordei com medo mas não chorei / Nem reclamei abrigo) y escrito por un adolescente Cazuza un corolario perfecto a mis cumpleaños. Y luego, como las obsesiones que rigen mi vida, pasé horas arañando con la pata la pantalla del ordenador en la que Cazuza se exhibía como un animal deslizante y homérico, aferrado a la vida con la misma pasión con la que saludaba la muerte.
Piedra lo retrató exhausto, aguerrido, loco y terrible. A Cazuza le alertaron las fiebres primero, luego la mononucleosis y al leer un artículo de prensa a mediados de los ochenta entendió que por su cuerpo transitaban todos los males del mundo, porque sus defensas agonizaban. Presentó Ideología (Meus heróis morreram de overdose / Meus inimigos estão no poder) con la ayuda de Matogrosso, que lo rodeó de enfermeras, alquiló tubos de oxígeno y le puso una ambulancia a la puerta del teatro. Desgastado y furiosamente iluminado, venerado hasta la extenuación por los fieles, con la llama poderosa parpadeando al final del túnel, como quien deserta de una guerra implacable que él mismo fundó, el 7 de julio de 1990 murió pesando 38 kilos.
Al hablar de la grandeza de Cazuza y su comparación con Renato Russo, este verano mi amigo brasileñista JollyRoger estalló: «Un día una amiga me enseñó un souvenir musical: una lista de canciones que había arrojado al público el gran Cazuza en uno de sus conciertos. La lista estaba algo sucia. Tenía como restos negruzcos y grasos. Huellas digitales de Cazuza. Mugre de debajo de sus uñas. No llegaría a más de medio miligramo el peso de toda aquella roña. Bien, aquel medio miligramo de roña de las yemas sucias de Cazuza y de la mugre de debajo de las uñas de Cazuza contenía más genio y talento que toda la obra de Renato Russo».
Sale una pareja medio magreando en la piscina.
Francine: “¿Qué te parece que tu novio se esté follando a esa tetona cachondísima?”.
Novia: “Pero, pero… Si parece que sólo se están como tocando, ¿no, tía?”.
Francine: “Ah, bueno, hija, pero es que te estamos enseñando una parte del vídeo nada más…”.
Novia: “¿Có-co-mo?
Francine: “A PUBLICIDAD!”







Gracias por la dedicatoria, querido. Dos de las letras más hermosas de Cazuza son “Mais feliz” (que compuso junto con su amiga Bebel Gilberto). Aquí está interpretada por Adriana Calcanhotto (“rimas fáciles, escalofríos”):
http://www.youtube.com/watch?v=S64YjWObN0s
Y “Todo amor que houver nessa vida” (“y algún veneno antimonotonía”):
http://www.youtube.com/watch?v=DGh0FLLqy48
Escrito el 12.01.10 a las 10:19