21
El periodismo de sensaciones de Samanta Villar se reduce a una máxima temible: «No es lo mismo contarlo que vivirlo». Casi parece una canción de Alejandro Sanz. Bajo esa premisa la chica se dispuso a vivir la vida de otros. Todo falso, claro; una mentira insultante, salvo que la vida de una anoréxica se resuma en dejar de comer 21 días. O que el periodismo consista en «meterse en la piel de», ese engaño universal. Pero la vida está para vivirla, dice ella, así que todos dimos un respingo cuando Samanta anunció que su próximo 21 sería en el porno. Hasta entonces Samanta había ido a juicio por participar en un robo de su vida de cartonera y había fumado porros ante la cámara con una cadencia yonqui. Le tocaba follar, naturalmente, que no es mal ejemplo y algo aún mejor: no es delito. Pero su profesionalidad tiene un límite, y la chica lo que hizo fue pasearse por los rodajes no sabemos bajo la piel de quién y dirigir al final una escena. Como si en su 21 días de anoréxica se dedicase a comer yogures Vitalínea y Special K.

Si señor, periodismo froilanesco (“la puntita solamente/ la puntita don froilán”)