El último morreo del siglo XX
Una noche de finales de los noventa, en un bar de copas de Pontevedra, una chica me empezó a merodear un poco alocadamente hasta que al final aceptamos morrear, no sin disgusto por mi parte, porque a mí eso de morrear siempre me dio apuro y me parece una cosa de paletos.






Jajaja, qué bueno.
No te había leído aún en tu nueva casa, haciendo de putilla. Así no vas a conseguir aburrirnos nunca.
Felices cousas.
Escrito el 27.12.09 a las 10:34