El tigre fuera de la jaula o la moral ancha

Cuando en Paraguay empezó a parir niños Fernando Lugo, el presidente del Gobierno al que se le empezaron a destapar los pecados de sus años locos de obispo como si los hubiese pasado en un piso de estudiantes de Santiago de Compostela, una revista prometió un premio al paraguayo que se presentase en la Redacción acreditando que no era hijo de él. A Fernando Lugo le favorecieron dos cosas: Gillete no patrocina a presidentes y los guardianes de la moral le dieron cierto carrete.
Tiger Woods tuvo en su vida épocas más felices. Por ejemplo, cuando sus amantes estaban calladas. Estados Unidos, tan apasionado de sus mitos, halló en Woods un tesoro improbable. Negro, joven, número uno y una hoja limpia de los escándalos habituales: las drogas, el alcohol y las mujeres. Todo eso en lo que se gastó su fortuna George Best, porque el resto, según dijo, lo despilfarró. Ahora que se ha descubierto que Woods tenía más mujeres de las que supuestamente le correspondían, la prensa empieza a preguntarse si el golfista, del que recuerdan que ya ha cumplido 34 años y no ha ganado un grande esta temporada, será negro de verdad o un truco publicitario de Nike.
El ocaso del tigre, sentencia el periodismo, que vive de los ocasos y los renacimientos. Y se relata un accidente de tráfico misterioso, una esposa persiguiendo al campeón con el palo de golf víctima de una sobredosis de Hollywood (o aún peor: de Haneke), los mensajes del móvil y un divorcio por el que se van todos los millones hoyo abajo, nunca tan grandiosamente traído. La historia está tan manoseada que parece de segunda mano. Uno siempre piensa que tiene un hijo perfecto y acaba descubriendo que copia en los exámenes, o lleva enganchado un año a la heroína, o falta a misa más de la cuenta.
Estas cosas que un padre puede pasar por alto o no, dependiendo de la pureza del caballo, no las pasa nunca el patrocinador, que exige de su patrocinado el camino más corto a la perdición: un modelo de conducta. Libre Dios a sus obispos como Fernando Lugo, que ya va por su sexto hijo, a sus deportistas de élite y hasta a sus apóstatas, de los modelos de conducta. Ese ecosistema artificial de la proyección pública, otro término endiablado, es el elegido por los patrocinadores para vender el producto. Un juguete estupendo, porque normalmente se rompe con algún chisme de dimensión planetaria, como aquellas rayas públicas de Kate Moss, y luego el mártir se levanta de sus cenizas y lo revaloriza todo, hasta los relojes.
Lo hará Tiger, aunque sea culpable de enviar mensajes tan destroyers a su amante como un «mándame algo picante», cuando el hijo de la Reina de Inglaterra, un hombre de los de antes, no se andaba con chiquitas: «Quiero ser tu támpax». Y en los próximos días se paseará con la corona de espinas pidiendo perdón a la gente no sabrá ni siquiera él muy bien por qué. Probablemente no haya moral más ancha que la del dinero. Por ganarlo se justifica un crimen; soltarlo exige del otro la santidad.
Hablando de Gillette, no sé si viste esto:
http://www.sinruido.net/news/?p=317
Lo leí tarde el otro día y llevabas razón: el diario del poeta Juan García Madero es una joya. No me he divertido más leyendo en los últimos diez años.