Mario Conde: “El problema era yo”

“Me lo dijeron claramente: vendes tus acciones y nos pides que nombremos a un presidente. Lo nombramos, cambiamos al Consejo y en paz”. Se lo dijo Miguel Martín, número dos de Luis Ángel Rojo en el Banco de España. La propuesta la escuchó Conde en silencio. “Entonces el problema no es el banco, sino yo”. Y Martín respondió: “¿Es que no te enteras de que eres tú?”. Y así acabó una vida Mario Conde, y empezó otra.
Tres meses antes de que el Banco de España anunciase el 28 de diciembre de 1993 la intervención de Banesto, Mario Conde y su mujer Lourdes Arroyo asistieron a una cena en el edificio del Ministerio de Defensa. Allí se sentaron junto al ministro Julián García Vargas y su esposa, a la que Conde había nombrado directora general de la Fundación Banesto. Con el discurrir de los platos y de la noche, García Vargas se dirigió a Mario Conde para contarle un pequeño secreto: el PSOE había encargado una encuesta de intención de voto referida a él. Lourdes Arroyo cortó en seco la conversación: “Pues no perdáis el tiempo, porque Mario no tiene ninguna intención de dedicarse a la política”. Olvidaron la indiscreción en la terraza, a donde salieron “porque recuerdo que hacía una temperatura agradable, no sé si estábamos aún en verano o ya había empezado el otoño”.
Mario Conde Conde (Tui, Pontevedra, 1948) da vueltas en su casa gallega con las manos en la espalda y el mentón pegado al pecho, en semblanza reflexiva. El pelo engominado y unas gafas premontadas que popularizó el forense de CSI. El perfil exacto de aquel tiburón que emergió a finales de los ochenta con la voracidad insaciable de la juventud y el viento de cola, y la sonrisa clavada, ahora ya despojada del temor que inspiraba entre sus colegas. Como aquel personaje de Scott Fitzgerald que conservaba en su mirada la vieja nostalgia de esos seres que asaltan el cielo en plena juventud, Conde regresa de golpe a las emociones de su edad dorada para recogerse luego en una retranca desesperada.
¿Ha trabajado usted tanto para fracasar?
De situaciones como la mía normalmente no se sale. La gente muere. Murió Mariano Rubio. Murió el presidente de Enron. Murió el presidente de Parmalat. Otra gente se trastorna psicológicamente. En el plano personal yo no he fracasado, sino todo lo contrario. Estar en una cárcel física es relativamente fácil: hace un poco de frío, pero bueno, se arregla. Estar en una prisión virtual porque estás esperando sentencia, porque te tienes que presentar en tal sitio, porque tienes que pasar las noches en tal centro, o porque tienes que estar directamente en la propia cárcel… Quince años de tu vida. Mira: cinco años para terminar una carrera, dos para ser abogado del Estado, cinco trabajando en la industria farmacéutica, seis en banca. Y quince en prisión.
El impacto
La leyenda de Mario Conde es gigantesca. La banca fue siempre un sector opaco repleto de perfiles sombríos alejados de los focos. España se los imaginaba como los banqueros que dibujaba Ibáñez, en limusinas y cargados de sacos de dinero en la parte trasera. Mario Conde trascendió las fronteras del particular universo del dinero y se convirtió a principios de los noventa en una superestrella. Tuvo el mismo impacto que una banda de rock. Los jóvenes quisieron irse a estudiar Derecho a Deusto como él. Su estética de yuppie de trajes a medida, el pelo engominado que retrató a una generación, la mirada insolente y segura de sí misma, y aquel encanto social con el que llenaba los periódicos y las revistas lo depositó ruidosamente en la cima. No hubo nadie en España que no supiese quién era ese gallego agraciado y simpático “de un carisma brutal, algo desconocido”, como relata un amigo suyo, que se encontraba con 40 años, según la prestigiosa International Investor, entre los seis banqueros más importantes del mundo. La fotografía que ilustra este artículo es un icono reproducido en decenas de ocasiones durante los años de esplendor.
¿Qué hizo con aquel vértigo?
Algo muy difícil: mantener a mis amigos. Ese ejercicio es imprescindible. Trataba de no identificarme con el personaje. Pero lo de mis amigos… Es complicado. Yo gané una enorme cantidad de dinero con la venta de Antibióticos [Mario Conde y Juan Abelló vendieron Antibióticos a una multinacional italiana por 58.200 millones de pesetas; Conde tenía 38 años] y después tuve una posición tremenda como presidente de un banco. Había una separación descomunal entre mis amigos y yo. Y sin embargo no nos afectó.
Se dice que es imposible no convertirse en la persona que los demás creen que uno es.
Exacto. Pero mantener esa amistad me salvó. En la mayoría de casos así se rompe todo, empezando por los matrimonios.
¿Y vanidad?
La hubo. Es inevitable. No tengo la menor duda.
Mario Conde pasa muchos fines de semana en la antigua casa rural de A Cerca, en Chaguazoso (A Mezquita, Ourense). La ha alquilado por unos años. De hecho, la casa sigue teniendo su web intacta ofreciendo las habitaciones (120 euros la noche en la suite), y desde la página se pueden ver los patios interiores, la biblioteca o el salón en el que Conde recibe al periodista. A la entrada, la placa de inauguración del presidente de la Xunta, Manuel Fraga, y ya en el recibidor, una fotografía de Conde con el Rey de España, firmada por el monarca. Con su padre, don Juan, mantuvo una amistad íntima que se prolongó al hijo. “Sigo teniendo relación con él, pero no hablo de ella. El Rey no lo pasó bien con la historia del banco, pero no pudo hacer más que lo que dijo”. Conde se refiere a una llamada del monarca a Felipe González para decirle que intervenir Banesto sería “una locura”. González le respondió que no se metiese en asuntos políticos. Luego el Rey llamó a Conde a las ocho de la mañana a su despacho en Banesto, el mismo día de la intervención, para decirle que “a los bancos se les ayuda, no se les hace esto”. El ex banquero lo relata en su libro Memorias de un preso, que ya va por la quinta edición. “El libro es un aperitivo. Relato lo más superficial. Hay cosas que he dejado sin contar porque podía hacer daño y otras tan brutales que podrían restar credibilidad al propio relato. Una señora en Sevilla cuando iba a coger el AVE me reconoció y me dijo cogiéndome la cara: ‘Ay, me he leído el libro. Pobrecito”.
“Quizás aquí haya frío”, dice invitando a pasar al salón. Por las paredes hay carteles de toros dibujados por Picasso y una chimenea que pone a funcionar. Manda traer una estufa. Pero ni así. Hace frío en casa de Mario Conde. Al mediodía, fuera, en el campo de Ourense, hay cinco grados. “Con el frío me pasa una cosa muy curiosa. Lo noto, pero lo soporto sin problemas”. Se levanta el jersey. No lleva nada debajo. “Yo fumaba cuatro cajetillas diarias cuando estaba en el banco. Y la primera noche en Alcalá Meco no pude ni encender un pitillo del frío que hacía. Así que dejé de fumar. Cuando pude regresar a Madrid lo primero que hice al llegar a casa fue abrir las ventanas en pleno invierno”.
¿No se sienta?
No me siento nunca. Me costó trabajo que lo comprendiese el Consejo del banco. Pero prefiero estar de pie.
Durante el encuentro sólo se sienta dos veces, las dos para azotar con la cucharilla un té caliente y sorberlo. Cuando preparaba desde la cárcel la defensa del Caso Banesto, una trama repleta de nombres, cuentas y traiciones en la que él, como presidente, estaba en el centro de todo, Mario Conde se duchaba a las cuatro de la madrugada en agua helada. “Y lo odio”, advierte. “Las famosas duchas marianas”, como las llama un amigo. Un día apareció por allí un preso que había llegado esa misma noche por orden de Garzón vinculado con la trama financiera de ETA. Un problema dejó la ducha sin agua caliente. El preso etarra no lo sabía, así que se metió debajo y salió de un salto. Al ver a Conde allí, como si nada, pensó que se trataba de un privilegio del ex banquero. “¡Y el cabrón metió la mano!”. No fue la única experiencia de Conde con la banda terrorista. Como encargado de tomarle la ficha a los reclusos nuevos, el pontevedrés se encontró haciéndole fotos a un etarra que le dijo que era el jefe del equipo que se iba a “encargar” de él. “Lo tragué todo. No me inmuté. Le dije: ‘Muy bien. Luego me lo explicas’. Más tarde le pregunté por qué no lo habían hecho: ‘Porque entró usted en la cárcel’.
El escándalo
Tres meses antes de que el Banco de España interviniese Banesto, cuando García Vargas susurraba tentaciones al oído de Conde para ira de su esposa, que ni siquiera habría querido saber nada del banco, la élite económica ya sabía del tejido que estaba atrapando al presidente de Banesto. La estrategia de expansión de créditos provocó, según la inspección del Banco de España, un desfase patrimonial de cerca de 605.000 millones de pesetas. “Que no se hable de la incompetencia de los políticos españoles. Banesto se interviene el día 28 de diciembre y el día 30 se celebra una sesión parlamentaria a la que van todos los diputados de todos los partidos políticos. En dos días tuvieron tiempo para estudiar con profundidad los balances y las cuentas de resultados de los bancos, se habían formado un juicio e incluso los que no tenían conocimiento financiero en esos dos días lo aprendieron, y votaron todos. Día 28, con el turrón y tal, y el 30 a votar. La IU en la que estaba Frutos, CiU, Montoro, Rudí…. Gente que no se pone de acuerdo ni en la dirección entre Coruña y Madrid consultando un mapa. Todos a votar lo mismo”.
El escándalo de la intervención de Banesto fue tan grande que la gente, en un primer momento, ni siquiera se lo creyó. Era el Día de los Inocentes. Un año después, el 23 de diciembre de 1994, Mario Conde entró en la cárcel. “Aquello fue una farsa. Estaba en el guión”.

¿Qué fue lo más le dolió?
Cuando en el año 2002 tuve que explicarle a mi mujer, a mis hijos y a mis amigos en unos minutos, porque eso fue lo que me dieron, un concepto nuevo: 20 años. Es una cifra monstruosa. Pensé que no los volvía a ver. Pero ahí me juramenté que iba a resistir. No los podía defraudar a ellos ni a mí mismo. Lo conseguí, pero no fue nada fácil.
En 2001 la Audiencia Nacional falló contra Conde y le condenó a 10 años y dos meses por los delitos de estafa y apropiación indebida y le obligó a devolver 7.200 millones de pesetas a Banesto. Un año después el Supremo aumentó las penas y Conde fue condenado a 20 años de cárcel. Esta sentencia ha sido anulada por el Tribunal de Derechos Humanos de la ONU. Ahora debe pronunciarse el Constitucional. Él cumplió inicialmente la condena en Alcalá Meco. En 2008 disfrutó del tercer grado acudiendo a dormir al Centro Victoria Kent, y en la actualidad está en libertad condicional. Conde saltaba en prisión una hora diaria a la comba. Ayudaba a los presos, a los que redactó recursos con los que acortar su pena, y mantiene amistad con dos de ellos “que la verdad, están ahí dentro sin haber hecho nada”, y con algunos funcionarios de prisiones, entre los que está el que fue director de Alcalá Meco, Jesús Calvo, cesado en 2004 por Mercedes Gallizo por supuesto trato de favor con el ex presidente de Banesto, al que permitía más visitas. Conde confirmó en su momento la amistad con un par de funcionarios que le trataron bien, pero “siempre con la ley en la mano”.
Hubo un tiempo en que toda España se sentó a esperar que Mario Conde tirase de la manta.
Una tontería. Entre los años 88 y 96 pasan cosas en España que no se saben y que no se han escrito. Eso desemboca en dos acontecimientos que están ligados entre sí. Uno es la intervención del banco y otro la victoria de Aznar. De la intervención del banco nadie quiere hablar. Ese momento clave de la historia de España encadena una serie de movimientos subterráneos y termina en una victoria muy complicada de Aznar por unos pocos votos. Nadie discute que su victoria fuera democrática, pero habría que saber qué fuerzas se pusieron en marcha, como la campaña beligerante de los medios, porque el convencimiento en el 95 era que Aznar no ganaba. De hecho hubo muchos intentos para que no se llegara a las elecciones. Pero no son mantas, son acontecimientos de la propia Historia.
No sé si le entiendo.
No me refiero a que se tratase de evitar las elecciones, sino de conseguir la dimisión de González antes de ellas para que no se midiera en las urnas con Aznar.
La conversación se interrumpe un par de veces por llamadas de su hija, Alejandra Conde, una réplica de su madre, Lourdes Arroyo, fallecida en 2007 a los 52 años. El matrimonio tuvo otro hijo, Mario. Los dos se encargan del negocio familiar: la producción y venta de aceite Los Carrizos, que lleva el nombre de la finca de los Conde en Sevilla. La mitad de la familia de Arroyo es gallega. Su bisabuelo fue el último señor del Pazo de Goián. Pero ni Mario Conde ni su mujer frecuentaron Galicia. “Cuando estaba en el banco le pregunté a ella si quería recuperar el Pazo, que podíamos recomprarlo, pero no le interesó. No sé si Lourdes le cogió un poco de manía a Galicia. Se afincó en Mallorca. Pero veraneó muchos años en Playa América”. El mes de agosto de 1971 Conde lo pasó allí, en Playa América. A las diez de la noche, en el bar Angelito, se encontró a una rubia de 17 años acompañada de un amigo “no tan amigo”. Crecido, le dedicó un piropo a la chica que molestó al acompañante. “Pero cuando no hay nada que hacer no se puede hacer nada”, dice. Era su época de ligón con guitarra que se sentaba en la playa a tocar canciones. Se casaron dos años después.
Desde ese día volvieron muy poco a Galicia.
Ni Playa América, ni Tui… No me gusta. El subconsciente almacena unos recuerdos y los recuerdos remiten a unas emociones. Si ves que se produce un choque entre lo almacenado y lo que ves… No me interesa. Traje a mis hijos alguna vez, cuando eran pequeños, porque son gallegos aunque no nacieran aquí. Y a mi padre le quise buscar un casa para él en Galicia, pero murió, y sí que se la encontré, pero un panteón en Tui.
Mario Conde aprobó con el número uno las oposiciones al Cuerpo de Abogados del Estado a los 24 años. Tiene la mejor nota de la Historia de España. “Pregunté cuánto tiempo se tardaba en sacar esas oposiciones y me dijeron que entre cuatro y cinco años. Pregunté cuánto se estudiaba y me dijeron que seis o siete horas al día. Así que me puse a estudiar catorce horas durante dos años. Desde las cinco de la mañana hasta las siete de la tarde. Y a las siete, a dar temas”. La disciplina y la espiritualidad. Conde ha escrito La palabra y el tao y Cosas del camino. Hace yoga todos los días y desde hace muchos años. “Es pretencioso decir que es yoga. Son ejercicios que me sientan muy bien. En la cárcel lo hacía muchísimo más. Y si no lo hago lo echo de menos. Soy otra persona. Incluso en el banco, cuando tenía que enfrentarme a una reunión jodida, especialmente jodida, hacía ejercicios de respiración. ¡Y si no lo hago lo noto más que dejar de comer!”.
La madrugada
Se levanta a las cuatro de la mañana. “Es una hora magnífica. Los espiritualistas dicen que es la hora del néctar. A esa hora la energía es muy limpia, muy transparente”. Nunca frecuentó la noche y sus tentaciones, aunque es un fanático del flamenco, y antes de entrar en Banesto tuvo un local con Juan Abelló y Lucio, el restaurador. Fue un club privado que acabó teniendo tanto éxito que se abrió al público. También organizó veladas a las que acudía Chiquito de la Calzada antes de que fuese conocido en toda España. “Lo localicé en un local perdido en la sierra malagueña. Y aunque cantaba, me interesó más su faceta de cómico. También me atrajo su faceta humana, su modo de entender la vida”. En una esquina de A Cerca descansa una guitarra española, casi en un altar. “No soy de copas, ni de la noche ni nada de eso. Pero si hay un flamenco, una guitarra, una fiestecita de amigos, y me tomo un vino… Es otra cosa. Pero no, nunca me interesó la noche. Nunca me interesaron las discotecas. No tengo nada en contra, pero me parece que hacen ruido, es sólo eso. A mí me gusta hablar”.
El día anterior a la entrevista participó en el foro de un diario local. La foto de la portada del periódico muestra una sala abarrotada. “Cuando hay acontecimientos tan importantes en la vida de un país, y la gente tiene la percepción de que esos acontecimientos no han sido suficientemente explicados y que le han contado alguna mentira, sigue demandando información. La gente percibe que aquello fue denso políticamente hablando. Ahí hubo una traición, un pacto entre la derecha y la izquierda que no pudo ser más que espúreo, con una finalidad. Los detalles poco a poco van a ir saliendo. Yo tengo muchos, pero tengo que vivir, tengo que escribir más libros”.
¿Qué pasó?
Pasó que Aznar era una persona que había perdido dos elecciones y de la que se creía que no valía. Y González ya había tenido la crisis de Guerra, empezaba con los GAL y había ganado sin mayoría. Dos troncos que se caen, si se encuentran en el camino, se sostienen. Y Felipe pensó que no tenía que intervenir el banco, que yo iba a coger el dinero e irme. Que fue lo que me ofrecieron, en una palabra.
Conde fue el símbolo del éxito y la imagen de marca de una generación. Nadie se creyó nunca que no quisiera entrar en política. Él mismo dice que su contrato de cinco años que había firmado con JP Morgan lo tenía la Comisión Nacional del Mercado de Valores, y que después “ya se vería”. En un encuentro con el presidente del Gobierno, narra Conde, Felipe González le dijo: “Mario, tú no perteneces a una familia bancaria, tienes muy pocos años, lo has conseguido todo y es muy probable que la gente piense ahora que te vas a meter en política”. Conde le contestó ‘telenovelesco’: “No me importa lo que piense la gente, sino tú”. Ambos pactaron una estrategia, que consistía en publicar una entrevista aclarando el futuro de Mario Conde. El ex presidente de Banesto se ríe al recordarlo: “Felipe es un andaluz muy listo, y me dijo: ‘No digas que no te quieres dedicar a la política porque eso no se lo cree nadie. Di que ‘de momento, no’. Y al final resulta que el que no se lo estaba creyendo era él”.
¿Y si lo quería González con él, como quiso a Garzón?
No creo. Yo nunca tuve esas ofertas. En 1993, en el último trimestre, personas significativas y de importancia se acercaron a mi despacho de Banesto para decirme que Aznar no ganaría. Pero yo siempre decía lo mismo: tengo un compromiso firmado y ése es mi trabajo.
¿Personas del PP le ofrecieron descabalgar a Aznar?
No, no. No eran del PP en concreto. Me dijeron que había la necesidad de que yo diese el paso de entrar en política. Nunca recibí una invitación de nadie del PP formulada oficialmente para que me presentara como su candidato. Supongo que tendrían en mente otra alternativa. No lo sé.
Por la finca corretea un pastor alemán de cuatro meses al que Conde llama Clinton. “Lo estoy educando”, dice para justificar los gritos que suelta cuando el perro saluda subiéndose a sus invitados. No hay un alma en Chaguazoso a las doce del mediodía y el ex presidente de Banesto recibe fuera de casa con las manos en los bolsillos. A su llegada abrió las puertas de su nuevo hogar y organizó una comida para la aldea, en la que viven algo más de medio centenar de personas. La emigración fue intensa aquí. Se dice que de vecinos de Chaguazoso descienden al menos 400 chilenos que habitan en la capital, Santiago.
¿Qué le pareció la cárcel?
La cárcel es una destruyehombres. Ves de todo. La gente está allí, consume chinos…
En Alcalá Meco tuvo relación, entre otros, con Javier Rosado, el asesino del rol. Cuenta que los ‘vis a vis’ eran “la fusión fría”. “Una habitación desangelada y un funcionario allí diciendo al que le tocaba: ‘Venga, a follar, y sin preparativos que está esperando el siguiente”. Un día a un preso de su módulo (“un tío que probablemente no se duchó en toda su vida”) se le acercaron varios skins: “O te duchas tú o te duchamos nosotros”. “El tío acabó con la ropa y todo bajo el agua fría. ¿Sabes los cerdos en las matanzas aquí? Pues qué gritos, qué gritos”.
El peor trago de la vida de Mario Conde fue la muerte de su mujer en 2007. Ajena a las luces, en un plano semioculto de la dimensión pública del famoso banquero, Lourdes Arroyo dio varios pasos al frente después de la caza y captura de su marido. Como las leonas pacíficas que ven amenazada la integridad de su familia, saltó a defender a su esposo en todos los foros. “Lo han querido matar socialmente”, sentenció en la revista Época. Varias fotos de ella adornan la casa de A Cerca. La hermana de Conde envió hace unos días un libro de imágenes familiares que le remitió desde Tui, el pueblo en el que nació el abogado.
Quiso volver a Galicia, pero no a su pueblo.
Yo esta zona no la conocía, y eso que presumo de conocer muy bien Galicia. Es una zona muy simbólica porque esto es O Penedo dos Tres Reinos, que es donde está la frontera entre los tres viejos reinos medievales de Castilla, Galicia y Portugal.
Conde abre el libro y lo muestra al periodista. Une sus gafas gracias a un pequeño imán. Son fotos de una familia acomodada en las que reluce el abundante pelo negro del niño. “¿Qué pintiña, verdad?”, dice. Dos de ellas las ha subido a su blog. Las de su infancia son las únicas imágenes públicas en las que se puede ver a Mario Conde sin gomina.
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Así vivió Conde el 28-D de 1993
“A las 11 de la mañaba llego al despacho del gobernador del Banco de España. Me esperan Luis Ángel Rojo y el subgobernador Miguel Martín. La palabra la toma Martín. Me propone que venda. Yo le digo que no tiene sentido, que si quieren que compren a todos los accionistas con una OPA. Pero me dice que tengo que vender yo. Fuera del banco Vicente Figaredo habla con Rato. Rato habla con Aznar y transmite a Figaredo la posicion del líder del PP: ‘Si Mario Conde vende al BBV y se va no se interviene’. Es la posición de Miguel Martin. Alguien comienza a vender títulos de Banesto de forma bárbara. La CNMV suspende la cotización. Me citan en el Banco de España. Son casi las cinco de la tarde de ese mismo día. Me recibe Rojo. Aparece Fanjul Alcocer, de la Asesoría Jurídica. Me entrega unos folios que firmo. Tiene a Rojo a la derecha, en la esquina, fumando cabizbajo, con la mirada perdida en la alfombra. Yo me voy. Convoco al Consejo y les informo. A las 7 de la tarde llega a Banesto Alfredo Sáenz, nombrado interventor por el Banco de España. Le recibe Enrique Lasarte. El comentario de Sáenz es: ‘Vaya lío. Siempre pensamos que iba a coger el dinero y marcharse, ¿por qué no ha vendido?’. Lo mismo que Miguel Martín y Aznar”.
Diario de Pontevedra, 29-11-09
Es uno de los personajes más interesantes de la España democrática. Ese ascenso y esa caída, tan rápidos los dos. Un personaje de Fitzgerald. Habría que escribirle la novela.
Cuando empezó con su blog solía leerlo. Me cae bien (y no sólo por ser Conde, como yo), aunque a veces se pone un poco pesadito con todo ese rollo del Tao y la espiritualidad.