La paja subvencionada

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Quizás no haya medida anticrisis más eficaz (ahí está el alivio y cierta regeneración democrática) que ese taller de masturbación que ha pagado la Junta de Extremadura a los adolescentes, aun debiendo abrir el cupo al pueblo, porque la manola, como los exámenes, es una de esas cosas que se mejoran copiando al de al lado. En España, sin embargo, estas moderneces socialdemócratas se reciben siempre con escándalo puritano y mirando de reojo al Valle, no se levante el muerto. A mí me parece bien que haya un curso de pajas y que la gente no aprenda a golpes, como ha aprendido toda la vida. En los ochenta circulaban por Campolongo tantas leyendas sobre la masturbación, y todas tan terribles, que no nos desabrochábamos el pantalón ni para ir a mear. Habrá quien crea que “eso” se aprende de forma natural, tocando (“explorando”, diría un cursi, como si nos tocásemos con linterna) nuestro propio cuerpo, pero estar en clase rodeado de toda una generación y poder dirigirse al Gordo Méndez como “camarada onanista” es lo más cerca que van a estar muchos de la Revolución. Miren: este país está en marcha. Si se subvencionan las pajas mentales de Vicente Aranda también deben subvencionarse directamente las pajas. Y aun siendo así, no me parece mal que Manos Limpias haya denunciado a la Junta: no deja de ser un sutilísimo ejercicio de coherencia.