Un buen chico

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Cuando toda esa gente me para por la calle para preguntarme escandalizada por qué yo no tengo más premios que el premio Julio Camba suelo responder que es que yo, de natural modesto, sólo me presenté a uno más, en el que me topé con un rival a mi altura: las bases. Y que con Camba bastaba, porque yo era un chico que había aprendido a escribir bien, o muy bien, como ellos insistían, bebiendo mucho de muy pocos, y que arriba de esos pocos siempre estaba Camba. ¿Por qué? Porque escribió sencillo (o sea, maravillosamente), porque firmó en Diario de Pontevedra y porque mostró su simpatía por el bando nacional en la Guerra Civil, y eso, conociendo el mercado, fue algo que siempre me puso muy caliente. Así que ahora se entenderá que pase las noches delante del que Abc ha abierto, y en la que puede leerse a Camba en su , como lo leyeron los españoles de la primera mitad de siglo, en aquellas grandes columnas junto a Sánchez Mazas o González Ruano. Es otra forma de leer y casi otra forma de vivir. En su primer artículo se presenta: “Yo soy tímido, necesito saber que el lector me conoce ya, que es indulgente con mis apasionamientos, que acostumbrado a mis pequeñas paradojas, no va a tomarlas completamente en serio, que va a leerme en fin como se lee a un amigo y que muchas veces en lugar de enfadarse contra mí, va a sonreír afectuosamente diciendo ¡pero qué tonterías se le ocurren a este hombre! Porque a mí se me ocurren muchas tonterías y cuanto tengo confianza con la gente, las digo. La cuestión es pasar el rato, yo no quiero callarme una tontería que pueda divertirnos a todos para echármelas de hombre serio y sesudo. Mi nombre es Camba y en el fondo soy un buen chico”.