El periódico y los bandos

ABC

La actualidad, en el periodismo, suele ser una excusa melancólica para presentar la Verdad.

Durante la Guerra Civil se produjeron hechos extraordinarios, como en todas las épocas de grandes crímenes, y uno de ellos tuvo que ver con el periodismo. El Abc de Madrid publicó desde el bando republicano y el Abc de Sevilla desde una ciudad tomada por los sublevados. Durante un tiempo la cabecera exhibió algo más que propaganda de guerra: también la voluntad histórica del medio impreso por presentarse ante los lectores como la Verdad.

Las líneas editoriales de Abc estuvieron enfrentadas durante tres años. El diario madrileño, fusilado su subdirector y huidos sus redactores, lo gestionó Unión Republicana. Fue descendiendo de tirada hasta que a principios de 1939 la publicación era un cuadernillo de cuatro páginas. Lo que se demostró entonces es que un periódico puede cambiar de bando, pero sus lectores no. Claro que tampoco aquello era un periódico ni aquellos, en puridad, unos lectores.

Las dos almas de un periódico es un asunto a tratar con una profundidad que yo no tengo ni los lectores de este diario toleran. Recuerdo ahora que El Mundo mantuvo una diferencia bastante importante con su versión digital, que le salió rebelde, adolescente, teñida y rojeras hasta que, y escribo de memoria porque fue hace unos años, Pedro J. cortó por lo sano. Pero nada como aquella viva metáfora del Abc de la guerra, enfrentado a su diablo más enconado salido de sus propias entrañas.

De entonces, de los años republicanos de Abc, se conservan portadas gloriosas como un campesino formando la hoz y el martillo y hasta un homenaje a Castelao en 1937 para publicitar Galicia Mártir. Antes de la guerra, en una página, el Instituto Reus se felicitó del éxito de sus alumnos, en particular del número uno en unas oposiciones de Hacienda: Alejandro Bóveda. Y en 1903 el diario reparó por primera vez en Julio Camba. Lo hizo en una columna López Barbadillo a cuenta de un «panfleto» anarquista, y dijo: «No conozco más que a uno: se llama Julio Camba y es un chiquillo; a los dieciocho años ha estado preso varias veces, fue desterrado de la República Argentina. Su carrera es corta pero aprovechada».