Marqués

Antes la aristocracia contactaba con el pueblo para ponerlo de servicio en palacio y que los nietos de los marqueses se desfogasen con la criada, cuando la dejaba libre el propio marqués. Eso y dar que hablar en las televisiones, que siempre fue un oficio de clase alta hasta que la Revolución plantó a las chonis en el prime-time y el lugar de Jaime de Mora y Aragón fue ocupado por Belén Esteban y una niña que comía pollo. El desequilibrio es imparable: el nieto de un marqués ha sido detenido por los jaleos de Pozuelo. Es sabido que en las fiestas familiares ciertos espíritus inquietos bajan a la cocina a divertirse con la plebe: cambian a Stravinski por el acordeón de María Jesús, y bailan con la cabeza entre las tetas de la cocinera. Para lo que hoy debería estar entrenándose Andreíta (la borroka de las clases populares, el desafío del proletariado bañado en tinto y cocacola, la guerra eterna de los desheredados) lo está haciendo el nieto de un marqués, lo que nos viene a decir que muy mal está la aristocracia o muy alto ha caído el botellón. En Francia fueron los inmigrantes en paro y sin hogar (la chusma de toda la vida) los que tuvieron en jaque a la Policía y aquí los señoritos del cortijo: el día menos pensado los porsches, los bemeuve y la ganadería de los Domecq rodean la Comisaría.






No joda, M., ¿usted también?
Escrito el 14.09.09 a las 12:48