El tercer tomo

CESAR

La semana pasada, cuando ya creí que estaba todo dicho en mi vida, recibí un correo de Xavier Campos. Correos así le hacen a uno el día más sencillo, pero los hay que justifican haber vivido todos estos años. Me enviaba tres enlaces a dos entrevistas a César Antonio Molina y una crónica de su reentrè en la Universidad, donde dejó una primera frase que hizo temblar a Fray Luis de León: «Regreso y tenéis la suerte de recibirme». Acabó con otra gran cita, en medio de un enfado, cuando un alumno (que también manda carallo) le preguntó cómo se llamaba: «Hay que leer más la prensa».

La primera de las entrevistas fue en La Opinión hace un año. Entonces escribí que ministros así eran buenos para el periodismo y en general para la vida. Hoy aún la leo con la satisfacción con la que uno revisa los viejos éxitos de Woody Allen: siempre se descubre un chiste nuevo. Por ejemplo, no le disgusta que le llamen Kaiser, como a Beckenbauer, y tuvo «el honor» de correr ante la Policía (se supone que en el franquismo, aunque incluso entonces es un honor un poco extraño).

Creo que ayer, en una nueva lectura (uno no elige sus bajas pasiones), di con su particular cumbre, que no es el titular («Soy muy conocido y popular y no necesito hacer un gran esfuerzo»), sino cuando la periodista le pregunta dónde estudió: «Lo cuento en el tercer tomo de mis memorias». No sé si queda alguien en España que no haya leído el tercer tomo de las memorias de César Antonio Molina. En El País, la semana pasada, Xosé Manuel Pereiro le hace una entrevista en la que Molina se sincera ya a tumba abierta: «Sólo puedo ver lo que hice como un tiempo brillante».

Hablando de egos y entrevistas, ayer Gloria Lago habló en el Xornal. Dio para grandes cosas, como era de esperar: «Eu fun bilingüe en inglés e español, pero non todo o mundo está capacitado». Con este panorama no es de extrañar que con el tiempo se haga aún más épico el día en que pidió la palabra Isaac Newton en el Parlamento, donde acabó por designación de la reina de Inglaterra. Sabio, Newton calló durante meses y de él sólo consta en acta una intervención maravillosa: «Propongo cerrar aquella ventana porque aquí hace un frío considerable».