Anatomía

Hace unos meses me informaron, con escrupulosa puntualidad, de que una profesora de EGB fumaba en nuestra clase. La exclusiva no era menor, y la fatigosa biografía de uno siempre se va construyendo con estos hallazgos ligeros. Así que contrasté el anuncio con tres fuentes (unos compañeros de colegio con los que contacté rápidamente) y regresando me crucé, pasando por delante de un patio de colegio colmado de hojas secas y un profesor de gimnasia al que llamábamos René (apúntame ésta a mi cuenta, Perico), con una señora mayor de voz ronca sentada en la mesa y fumando un cigarro mientras explicaba la anatomía de un batracio. Pensé no en el pitillo, que hoy sería un pasaporte a Auschwitz, sino en esa suerte de periodismo íntimo según el cual uno va fortificando su memoria, que al cabo es su vida. Ahora que de todo empieza a hacer ya veinte años, y es bueno ponerse a salvo.


Podrías incluso denuciar a tu profe, yo creo que esos delitos no prescriben.