Las horas
Hay un momento milagroso en Las horas, la película de Stephen Daldry. Se trata de los últimos minutos del personaje de Ed Harris, Richard, un enfermo de sida al que Clarissa, Meryl Streep, sorprende apartando trastos para abrir una ventana. Se va a tirar y ella lo sabe. Ahí está desmenuzada una pasión. El enfermo terminal sentándose en el alféizar con las piernas encogidas, evocando con su cuerpo ovillado, y sin misericordia, la infancia desértica de su vida, y éstas son sus últimas palabras: “Has sido muy buena conmigo, Mrs Dalloway. Te quiero. Nadie podrá ser más feliz de lo que tú y yo hemos sido”. En la película hay un rasgo estremecedor: el rostro de Julianne Moore. Hay en esa interpretación no una película, sino una filmografía. Es la desolación sedada de una vida feliz y una casa con jardín y columpio a finales de la Segunda Guerra Mundial. Remite a la belleza estéril de American Beauty. Todo lo inquietante que ocurre en esa película pasa fugazmente por el rostro de Julianne Moore. Su hijo, su marido, su libro de Virginia Woolf. Las tempestades eligieron a los espíritus más inciertos y silenciosos. Muchos años después el hijo huérfano de esa mujer tembló de frío sentado en el alféizar de una ventana con las piernas encogidas, apoyado en el quicio, y se dejó caer de lado.







He de confesarte que me ha encantado este resumen crítico poético, si me dejas inventar categoría.
Una película maravillosa, que encierra en cada frase mil sentimientos correspondientes a las vidas de quienes la ven, una película que grabó en mi su frase de: las horas, y las horas de después de las horas.
enhorabuena
Escrito el 7.05.11 a las 22:42