Arriba España
Recuerda uno una larga entrevista a Joaquín Sabina hace un lustro en la que el cantautor reconocía su complejo personal con la banda, ya sacudido, e instaba a la sociedad, en especial a la izquierda, y más aún en especial a los artistas, a denostar en público a los terroristas. A Sabina le hicieron poco caso. La canción-protesta en España siempre ha mostrado interés por asuntos más serios que el asesinato indiscriminado: el paro, la policía, incluso el cadáver de Franco. Quiere decirse que la canción protesta pero no es tonta, y no era cosa que los descarriados empezasen a cargarse músicos. Hace poco he visto que Sabina reemprendía su personal batalla no contra ETA sino contra el miedo a España, y le dedicaba a una dolorosa canción en su último álbum, Mater España, escrita por Francesco de Gregori: “Mater España, más guapa que ninguna”.
Pero treinta años después de la agonía del dictador todavía hay un miedo reverencial al conceto, que diría Manquiña, como si las cadenas de la dictadura todavía arrastrasen sus amenazas por los sótanos de la Historia. En Galicia, por ejemplo, los nacionalistas no suelen pronunciar la palabra España (uno juraría que no la pronuncian nunca). Por miedo, por complejo o porque, en el mejor de los casos, niegan la existencia de España, al menos lingüísticamente. Una de las grandes atracciones del Mundial de fútbol de Alemania será observar los esfuerzos de contención de muchos nacionalistas si a la selección se le da por ganar más de un partido: al final de la tanda de penaltis de los octavos de final del Mundial de Corea, en la que Casillas hizo unas paradas de infarto, se formó rápidamente en un bar una cola de gente que se iba metiendo en el baño, cerraba por dentro y apretaba los puños en silencio con evidente furia española.
Viene todo esto a cuento porque el partido Ciutadans de Catalunya, una plataforma de intelectuales antinacionalistas, realizó su puesta de largo en Madrid. Y allí Arcadi Espada finalizó así su discurso: “Y ahora me permitirán que firmemente, aunque sin énfasis. Con frialdad y en caja baja. Seco, sinecdótico y sin música les diga viva españa”. No estoy por los vivas ni por las naciones, con o sin charanga. Si algún día soy objeto de una de esas entrevistas telefónicas en las que te preguntan si me siento más español que gallego les diré la verdad: me siento flex. Desde hace tiempo soy pasto de la banalidad. Uno se limita a criticar la intolerancia y a defender sus puntos de vista, a menudo contrarios a todos. No espero decir nunca viva España, pero no por miedo o por complejo, sino porque a mí, como a Savater, España me la suda. Y si algún día lo digo espero hacerlo como Cela, que al ver en un cóctel en Argentina a una elegante dama rajando de la España de Franco logró llevársela, horas después, a la cama, y cuando estaba ella a punto de llegar al orgasmo, entre gritos imposibles, el escritor le chilló: “¡O gritas ahora mismo Arriba España o te la saco!”. Un patriota, claro que sí.






Qué bueno, Jabois.
Escrito el 11.02.10 a las 16:39