Salieron putas como su padre

Cuatro emite ahora, de madrugada, en homenaje a Maradona y a su audiencia más friqui (la de Cuatro y la del propio Maradona), el programa La Noche del Diez, que arrasa en Argentina. Obviamente llega a España con unos meses de retraso, pero ofrece momentos intemporales, que se pueden disfrutar seis horas o seis siglos después. El programa comenzó el martes a las dos de la mañana, y hubo que zapear en el porno de las cadenas vecinas hasta llegar, de sorpresa, al momento cumbre: Maradona recibió como invitado a Joaquín Sabina. Se abrazaron y se besaron mientras Sabina celebraba: “¡Yo también me he quitado de todo!”: parecía un reencuentro familiar a la salida de la cárcel de A Lama. Se sentaron en una mesita cubierta por un cristal sobre las banderas argentina y española, firmadas por ellos mismos. En sus buenos tiempos allí estaría acumulado el 70% del Producto Interior Bruto de la República colombiana. Algo así no se podía deber a la casualidad, y cuando empecé a preguntarme por dónde andaría el 30% restante, apareció una caja gigante en el plató y de ella salió Charly García.
La entrevista no tuvo un sólo segundo de desperdicio. Sabina aportó su lucidez habitual, su deshuesado sarcasmo, su canallería socarrona, todo ello regado de cierta demagogia a la que los argentinos tanto deben y con tanta euforia celebran (“¿en Nueva Orleáns no prevén los huracanes y en Cuba sí?”, dijo el artista). Maradona, sin embargo, dio mucho más juego: llegó al programa en helicóptero, quizá en homenaje de sus tiempos desmadrados, se maquilló como Marlene Dietrich y desvió todo cuanto pudo la mirada de Sabina para atender al apuntador, o las tetas de una de las minas (“menos mal que vengo solo”, dijo el bribón de Úbeda rodeado de azafatas). Las preguntas de Diego tuvieron milagrosamente la misma coherencia que él: empezó queriendo saber cómo se había tomado Madrid el 11-M y, después de una pausa para consultar con la mirada al apuntador, o las tetas de la mina (“éste, Joaquín…, che, éeeeste….”), le preguntó por Argentina. Ahí Sabina estuvo poco ágil. “¿Argentina después del 11-M, quieres decir?”, tuvo que haberle preguntado.






Dios los da y ellos se juntan.
Será muy buen cantante el Sabina (que lo es doy fe), tendrá una voz única (que la tiene) pero es un tremendo gilipollas. Con este me pasa lo mismo que con Umbral, en las entrevistas no lo soportaba y era leer un libro suyo y elevarlo a los altares. Hay gente que no debería salir de casa.
De Maradona no hablo, era demasiado pequeña para conocerlo en su momento de Gloria y ahora solo veo un ex yonki que no vocaliza.
No entiendo que estos dos gilipollas sean adorados, ¿a quién coño le importa una entrevista suya? Cualquier aspirante a miss a su lado parecería lista, incluso la Vania Millán podría ser notario.
Escrito el 14.08.09 a las 14:18