8.02.10

Telmo Martín

El viernes por la noche setenta periodistas de Pontevedra se reunieron en su cena anual de confraternización y pelotazo para celebrar a su patrón. Unas horas antes el PP envió a radios, televisiones y periódicos un vídeo en el que Telmo Martín decía: “Los medios son unos hijos de puta”. Hombre, se han visto campañas de imagen mejores. El PP ha dicho que aquello era una conversación informal, que no es que apareciese Martín felicitando el patrón a los periodistas sentado en un sofá con la foto de la familia y una bandera de España. A mí ya digo que no me molesta. Yo me retiraré a cultivar amapolas en Afganistán el día que un político me diga que soy lo mejor que le pasó en la vida. Lo que sí me irrita un poco es la frialdad de Martín pidiendo disculpas. Tuvo poquita ambición. Lo normal hubiera sido decir, qué sé yo, que se estaba refiriendo a los medios del Barça, que no la dejan tocar, o a los medios de rescate de Haití. Porque el insulto, a estas alturas, es innegociable. Al fin y al cabo hoy en día si estás en el PP y no llamas a alguien “hijo de puta” delante de las cámaras no eres nadie. Los ‘populares’, por decirlo de otra manera, han decidido encarar las Generales 2012 volcados en la doctrina chanante, que se resume en el estribillo de Joaquín Reyes Ernesto Sevilla: “Hijo de puta hay que decirlo más”.


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7.02.10

Don Camilo

En los cambios de clase hacíamos el escándalo que se espera de unos niños de EGB, pero si la clase que venía a continuación era la de don Camilo se nos iba todo de las manos. A veces, de pura desesperación por no saber montar aún más jaleo, cogíamos el pupitre y lo azotábamos contra el suelo haciendo temblar las paredes. Con pistolas en las manos hubiéramos disparado al techo de purita felicidad.

Don Camilo, en FronteraD


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6.02.10

“Al que aparezca, al mar con él”

Cuando en 1988 Lois Pena decidió subir escandalosamente el impuesto de contribución urbana, no sabía dónde se metía. Cangas fue un sindiós, y dos años después, con el pueblo ‘okupando’ el Concello, ya se estaban anunciando muertos. Hubo huelgas, palizas y un suicidio: el de sobredosis por barbitúricos de la ex mujer del alcalde cangués.

«Habrá muertes». Lo dijo hace veinte años el concejal de Esquerda Unida en Cangas do Morrazo, Antonio Sangabriel. La frase resume el estado de zozobra en el que estaba sumido el municipio pontevedrés desde que a finales de 1988 Lois Pena, alcalde socialista de la localidad, decidiese subir exageradamente las tasas de contribución urbana. No fue la mejor idea de su vida. En algunos casos la subida fue de un 500% y hubo gente que pasó de pagar al año 6.000 a 70.000 pesetas: fue el catastrazo. Buscando la paz, el 6 de diciembre de 1988 Pena reunió a los vecinos en la plaza del Concello y desde el balcón empezó un discurso que terminó con improperios hacia unas mujeres que le gritaban. El 1 de junio de 1989 un pleno frustrado acabó con la intervención de los antidisturbios, cincuenta vecinos heridos (a uno le estalló un ojo) e innumerables minutos y portadas en los medios nacionales. Desde ese día los vecinos  tuvieron secuestrado el Concello, se sucedieron manifestaciones violentas y cruces de insultos entre los adeptos al alcalde y sus contrarios. «Estuvimos un año entero, día y noche, haciendo turnos para que  ningún concejal entrase en el Ayuntamiento. Una  vez nos despistamos o no sé qué pasó, pero Pena entró a las cinco de la mañana. Lo echamos, claro», contó el pasado verano una vecina a Xornal Diario. A Pena lo llamaban Bochechón, en referencia a sus amplias mejillas.

Desde el día del frustrado pleno y la posterior revuelta con  la que se paralizó la vida del pueblo (los vecinos llegaron a ‘okupar’ la iglesia  e hicieron tocar las campanas a rebato hasta sangrarse las manos), no existió actividad municipal en Cangas, y en el lío tuvo que meterse el ministro Joaquín Almunia. Se pretendía ya no el ejercicio del poder, sino la mera «paz social». También desde ese día dos centenares de personas hacían guardia delante de la puerta del Ayuntamiento para no permitir entrar a nadie: «Lois Pena ya no es el alcalde», decían. «Y al que aparezca», sentenció una mañana el concejal Sangabriel, «al mar con él». Así que en febrero de 1990 se convocó un pleno, el primero desde los sucesos del 1-J. Y Sangabriel dijo eso de que iba a «haber muertos». «Cangas se convertirá en una tragedia. El pasado uno de junio el pueblo de Cangas sufrió un atentado, ahora Cangas está preparada para poder repeler el atentado», añadió. Las «muertes» que iba a haber en Cangas tenían responsables, según este edil: el gobernador civil de Pontevedra, Jorge Parada; el delegado del Gobierno en Galicia, Domingo García-Sabell; y Lois Pena, naturalmente.

El orden del día del pleno era un tanto insípido, porque lo extraordinario era precisamente el pleno y, con él, tratar de retomar el pulso de la vida municipal. No hubo forma. Pena cedió a las amenazas continuadas y la crispación brutal del pueblo. El alcalde ya había solicitado incluso al Gobierno Civil el envío de fuerzas antidisturbios. Y mientras, la oposición en bloque (PP, IU, Esquerda Galega y Fronte Popular Galega) anunció acciones legales contra la celebración de ese pleno, ya que a su entender vulneraba la Ley de Bases del Régimen Local por celebrarse a puerta cerrada, como pretendía Pena. Por si acaso, también se convocó una huelga general. El 10 de febrero el alcalde renunció a reunir a la Corporación en el Concello. «Pena arría velas», tituló Diario de Pontevedra.

«Yo soy víctima del pulso entre HB y la democracia», se había destapado Lois Pena en 1989, diez días después de los sucesos que catapultaron Cangas a las portadas. La entrevista era con el diario Abc, y en ella Pena ligaba su continuidad al frente del Consistorio cangués con la democracia: «Si dimito yo, ¿qué pasa con la democracia de este país?». «Empiezo a tener miedo cuando veo que en medio de todo esto está Herri Batasuna, y todos sabemos quién está detrás de HB. Empiezo a tener miedo cuando el Ejército Guerrilleiro ya ha matado a algún guardia civil y cuando todos sabemos quién es el Frente Popular Gallego. En los últimos días voy a dormir a mi casa de Rodeira protegido por la Guardia Civil y por las noches me despierto sobresaltado. Cuando voy caminando por la calle tengo la idea de que me van persiguiendo», dijo. La referencia a HB era debido a que este grupo político vasco tenía el apoyo explícito de la Fronte Popular Galega (FPG), con presencias de tres concejales en Cangas, para las elecciones del Parlamento Europeo.

Un mes después del 1-J y días más tarde de esa entrevista del alcalde cangués en Abc, Ángeles Fernández, de 41 años, ex esposa de Lois Pena, se suicidó con una sobredosis de barbitúricos. Fue un martes 4 de julio. Según Pena, sufría crisis nerviosas continuas «debido a las presiones que estaba sufriendo por parte de esa gente y la imposibilidad de ver a sus hijos, que estaban amenazados de muerte igual que yo, y estábamos todos fuera de Cangas».

Ángeles Fernández estaba internada en un hospital psiquiátrico cuando se enteró de los acontecimientos que tuvieron lugar en Cangas el 1 de junio. Decidió regresar al pueblo. «Intentó ponerse en contacto conmigo varias veces para manifestarme su apoyo, pero al final fue para pedirme que dejara la Alcaldía y que sus hijos volvieran con ella. Yo no sé si hice bien y si hago bien estando de alcalde», dijo Pena a la cadena Cope. Paradójicamente, en la misma entrevista, el regidor mostraba su decisión de no retirarse de la presidencia de la Corporación canguesa porque, si lo hacía, «sería un cobarde y traicionaría incluso la memoria de mi ex mujer».

El entierro de Ángeles Fernández fue la primera vez, desde el 1-J, en la que Lois Pena se dejaba ver en Cangas do Morrazo. Un grupo de vecinos no quiso desaprovechar la oportunidad y se presentó en el funeral para llamarlo «asesino»: «¡Se ha muerto por tu culpa y de tu hijo!», le gritaron unas mujeres. El funeral terminó a bofetadas, bastonazos, pedradas  y agresiones a los hijos del matrimonio. Un mes después, un grupo de personas lideradas por el concejal Antonio Sangabriel irrumpió en un bar buscando al teniente de alcalde, José Antonio Otero, que estaba acompañado de una militante del partido. Tras pedirle a ésta que se apartase, y sin mediar provocación, le propinaron una paliza que lo dejó inconsciente. «Minutos más tarde, Otero perdía el conocimiento, momento en que sus agresores se dirigieron al domicilio de otro concejal socialista, Juan Portela, quien hubo de refugiarse en casa de un vecino para evitar ser agredido», relató el diario El País. «José Antonio Otero fue trasladado por la Guardia Civil a la Casa del Mar de Cangas, donde se le efectuó un primer reconocimiento, y posteriormente a un centro médico de Vigo, donde se le apreció traumatismo craneoencefálico, erosiones múltiples y contusiones en brazo y rodilla derechos». Sangabriel dijo que había sido Otero el que se abalanzó sobre él al descubrirle unas cuartillas en las que era calificado como «fascista».

El 17 de enero de 1990, el juez de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Cangas do Morrazo dictó una orden de búsqueda y captura contra Lois Pena, un primo suyo y dos guardaespaldas. La razón de la orden fue que Pena no compareció días antes a declarar por unos incidentes ocurridos el 9 de enero. Ese día un concejal de FPG, Martín García Cordeiro, presentó una denuncia contra el alcalde y sus acompañantes, que supuestamente lo habían agredido «con barras de hierro». El edil dijo a los médicos que fue asaltado cuando circulaba con su automóvil por la carretera de Coiro. Cuatro personas que ocupaban otro turismo, contó, le obligaron a abandonar el coche con la siguiente amenaza:  ‘Baja, que te vamos a poner de verano’. Entre ellas estaban el alcalde y un primo suyo. Lois Pena reaccionó diciendo que fue el concejal quien intentó agredirle. Asimismo, una vecina de 61 años que ingresó en un centro sanitario de Vigo se sumó a la denuncia y dijo que también había sido agredida por el regidor. La reacción de Pena, que dijo que comparecería ante el juez, fue de anunciar una denuncia por intento de homicidio. El portavoz del PP, José Manuel Chapela, había dicho: «Los vecinos se han tomado esto como una cruzada. Aquí cualquier día va a haber una revolución».

No hubo tal. Tras diez meses de estado de sitio, Lois Pena dimitió el 5 de abril de 1990. Cangas fue gobernado, hasta la siguientes municipales, por la primera gestora municipal de la democracia. En la localidad leonesa de Valporquero, contaron unas vecinas en Xornal de Galicia el pasado verano, las dependientas de una tienda se interesaron amablemente por las turistas, y cuando éstas le contaron que eran de Cangas, las dependientas preguntaron:

-¿De Onís?

-Non, do Morrazo.

Y las echaron a gritos de terroristas y otras variopintas lindezas.


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2.02.10

Apuntes en sucio

Desde hace años, los artículos que yo voy echando a estas páginas van a parar a un blog que se llama Apuntes en sucio. Alguna vez me han preguntado por qué el título. Es una pregunta habitual en el oficio. No suele ir dirigida en tono amable:

-Oye, ¿y por que titulaste así la crónica? -te pregunta un jefe de prensa.

Lo primero que piensa el periodista es en sus cojones y todos los titulares que han salido de ahí dentro a lo largo de los años. En el arte de titular sólo hay algo que está por encima de los cojones del redactor: los cojones del director. Pero como en el trabajo se impone ser cortés, el periodista dice que lo creyó un punto de vista interesante, o que parece que esta tarde viene lluvia, o hay que ver qué mala suerte el Pontevedra, la cantidad de ocasiones que falló el domingo.

No es el caso del blog, por el que me preguntan con cierta curiosidad. Yo pude haberle puesto  Locos en Alabama o algo semejante, pero con la edad va uno siempre a lo práctico. Se despoja uno del ornamento, no sin lástima, y después de todo para eso publiqué yo una novela: para testimoniar los años tontilocos. El título, además, es un nombre justo. Uno escribe primero sus artículos y luego los pasa a sucio; los descuida, quitando aquí y allá algo que se haría imprescindible o añadiendo frases innecesarias, despeinándolos como esos adolescentes que se echan horas delante del espejo colocándose mal los pelos. Va desenfocando uno los artículos, sacándolos un poco de plano, y los deja estar así, macerando a la espera de tiempos mejores. Quiere decirse que uno escribe la versión definitiva y la pasa luego a distintos borradores hasta llegar a la primera, y ésa es la que acaba publicando un poco descuidadamente.

Se trata, en definitiva, de darle a la escritura un aire casual, oh, my God. No mediante un ejercicio de deconstrucción, como pudiera parecer, sino dándole un desaliño con el que no hay más pretensión que la de entretener un rato con lo primero que a uno se le pase por la cabeza. En esta web mía entra gente buscando apuntes de asignaturas y otra que escribe la palabra ‘sucio’ acompañada de alguna expresión que sólo se le puede ocurrir a uno delante del teclado en un período especialmente difícil de su vida. Se llevan todos, supongo, una decepción, porque lo que hay aquí son frases pasadas a sucio, ideas nuevas que uno envejece para que no parezcan tan originales y el lector pueda aburrirse así un poco a gusto, que si no se me entusiasma.


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1.02.10

Antigalego

Antes de que una bomba estallara a la puerta de su casa, a Roberto Blanco Valdés le habían escrito “antigalego” en sus muros. Blanco Valdés también escribe, así que alguien, después de darle muchas vueltas, encontró la manera adecuada de comunicarse con él. Yo siempre digo que cuando no pueda escribir en los periódicos voy a escribir en las paredes. Lo que ocurre es que a Blanco Valdés su periódico le paga porque él escriba, así que lo lógico hubiera sido que el autor de “antigalego” fuese a final de mes a llamar a casa del catedrático a preguntar qué hay de lo suyo. El negocio funciona así, no es que esto sean cosas mías. Para escribir “antigalego” ha tenido uno que pasar frío, comprar spray y consumir tiempo pensando, que una ocurrencia así no es algo que llegue de la noche a la mañana. Hay detrás una semántica. Y una investigación: ser antigallego no es fácil. Siempre hemos sido un pueblo echado a la compasión de los demás. “Apadrínennos”, gritaba Carlos Blanco en el Prestige. No se encuentra uno a un antigallego ahí fuera, donde te agarran de las mejillas y te dicen: “Ay el galleguiño, qué simpatiquiño”. Quizás por eso los aprendices fascistas, sabiendo que aquello era un scoop y la palabra iba con la ortografía correcta, reclamaron la soldada con una bomba, que es un lenguaje más propio en tanto no hay que andarse con palabras y si acaso, algún día, todo lo más te manchas la camisa.


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31.01.10

Noches alegres, mañanas difíciles

Una mañana de verano de 2001 tuve un despertar particularmente amargo. Amanecí echado en un portal en posición rastrera, y fui recuperando la consciencia intentando acompasar el corazón, porque podía explotar allí mismo y ponerlo todo perdido. Aquello parecía el final de una de esas borracheras épicas de las que uno sale de milagro, y cuando abrí del todo los ojos temí encontrarme junto a un cadáver o algo aún peor: una mujer.

Noches alegres, mañanas difíciles, en FronteraD


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28.01.10

No saben lo que no saben

«(…) Internet es un instrumento maravilloso. Es, claramente, el sistema de distribución de información del futuro, pero hasta ahora no distribuye mucha información de primera generación. Más bien, absorbe el reporterismo de las grandes publicaciones, contribuyendo poco, repitiendo mucho e inundándonos de comentarios. Los lectores reciben las noticias de agregadores y abandonan su punto de origen: los periódicos. En pocas palabras, el parásito está matando, poco a poco, el huésped.

Está muy bien recibir información gratis y también que muchas más personas tengan acceso a los nuevos medios. Es cierto que mientras algunos de los comentarios de Internet -como sucede siempre con los trabajos sin editar y sin comprobar- son ideología rampante, ridículamente inexactos y en ocasiones infantiles, algunos son bastante buenos, incluso originales. No estoy blandiendo un argumento ludita (el que ve la tecnología como una amenaza para el ser humano) contra Internet y todo lo que ofrece, pero, por democrática e independiente que sea, no se encuentra uno con blogueros o los llamados ‘periodistas ciudadanos’ en el Ayuntamiento, en los tribunales o en los bares donde se reúnen los policías. No se les ve cultivando y presionando a sus fuentes. No se les ve en instituciones que tengan que rendir cuentas a diario a los ciudadanos.

¿Por qué? Porque el periodismo de calidad es una profesión. Requiere compromiso pleno, diario, de hombres y mujeres formados que vuelven una y otra vez a las mismas fuentes hasta que los mejores de ellos logran saber casi todo lo relacionado con la institución que cubren (…) El reporterismo moderno ha sido el más difícil y, de alguna manera, el trabajo más gratificante que he tenido. Me preocupa que alguien, en cualquier lugar, crea que instituciones tan aisladas y egocéntricas como departamentos policiales, sistemas educativos, legislativos y ejecutivos puedan ser sometidas a ese control por aficionados sin compensación y sin formación. ¿Les va a preocupar mentir y ocultar información a estos aficionados? No saben lo que no saben, algo peligroso para cualquiera, y quienes comprendemos lo sutil y complejo que puede ser el buen reporterismo, su ignorancia, por sincera que sea, nos avergüenza. El propio término de ‘periodista ciudadano’ me suena casi orwelliano. Un vecino que escucha con atención y se preocupa por la gente es un buen vecino, no tiene nada que ver con un asistente social. De la misma manera que un vecino con una manguera de riego para el jardín y buenas intenciones no es un bombero. Pensar otra cosa es un insulto a los asistentes sociales y a los bomberos (…)».

David Simon ante la subcomisión de Comunicaciones, Tecnología e Internet del Senado de EE UU en mayo de 2009


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26.01.10

21

El periodismo de sensaciones de Samanta Villar se reduce a una máxima temible: «No es lo mismo contarlo que vivirlo». Casi parece una canción de Alejandro Sanz. Bajo esa premisa la chica se dispuso a vivir la vida de otros. Todo falso, claro; una mentira insultante, salvo que la vida de una anoréxica se resuma en dejar de comer 21 días. O que el periodismo consista en «meterse en la piel de», ese engaño universal. Pero la vida está para vivirla, dice ella, así que todos dimos un respingo cuando Samanta anunció que su próximo 21 sería en el porno. Hasta entonces Samanta había ido a juicio por participar en un robo de su vida de cartonera y había fumado porros ante la cámara con una cadencia yonqui. Le tocaba follar, naturalmente, que no es mal ejemplo y algo aún mejor: no es delito. Pero su profesionalidad tiene un límite, y la chica lo que hizo fue pasearse por los rodajes no sabemos bajo la piel de quién y dirigir al final una escena. Como si en su 21 días de anoréxica se dedicase a comer yogures Vitalínea y Special K.


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25.01.10

El asesinato de Alfredo Ramos

Treinta años de un crimen

Alfredo Ramos Vázquez tenía 52 años y había nacido en la parroquia de Borraxeiros (Agolada), en la provincia de Pontevedra. Estaba casado, tenía dos hijas y regentaba un bar en Barakaldo, el Stadium, desde los años sesenta. Su vida dio un brinco a finales de 1979, cuando la revista Interviú publicó un reportaje sobre la «ultraderecha vasca». En los años de plomo, cuando los cadáveres en el País Vasco se recogían y se enterraban en silencio, el impacto de este trabajo fue brutal. La revista entrevistó al ex policía Francisco Ros y éste citó bares que, según él, eran frecuentados por «elementos ultraderechistas». Puso varios nombres sobre la mesa. El bar Goikolate, La Viña, El Epi (“cuyo dueño es un confidente notable e íntimo amigo del comisario de Baracaldo”), la Tasca-6,  el Tres Rombos, el Stadium (“que tiene un dueño gallego que se divierte participando en enfrentamientos con abertzales”) o el Munich.

El 5 de enero, Jesús García, propietario del bar Yon Kola, que también aparecía citado en el reportaje de la revista, fue asesinado dentro de su establecimiento. Había escrito una carta a la desesperada a Interviú para negar que fuese un ultra y anunciar que tenía que cerrar su negocio e irse cuanto antes del País Vasco si no lo asesinaban antes. Tres días después del crimen, doscientos vecinos de Baracaldo enviaron una carta al periódico Hierro para estimar «inexacta y peligrosa» la información publicada en la revista Interviú. «Somos unos baracaldeses que solemos salir todos los días a tomar unos vinos. Uno de los lugares que incluimos en nuestra ronda es la cervecería Munich. De ahí nuestra sorpresa cuando hemos leído en la revista Interviú un artículo en el que se decía que este es un lugar ‘habitualmente frecuentado por fachas’».

Tras ver su nombre en la revista y saber del asesinato de Jesús García, Alfredo Ramos Vázquez pidió una entrevista con un periodista de La Gaceta del Norte. Se presentó en el diario acompañado de su mujer y sus dos hijas, y relató a lo largo de una hora todos los perjuicios que a él le habían provocado la aparición de su nombre en el reportaje de Interviú. Ramos explicó en ese periódico que antes de ser citado por la revista era un hombre «muy popular» en Barakaldo, pero que ahora se había quedado sin clientela. Contó además que había remitido una carta a Interviú desmintiendo todo lo que esta publicación decía sobre él, pero que no había sido publicada.

No se detuvo ahí Ramos Vázquez. En un último empeño por lavar su nombre, que había sido incluido en una diana en una tierra de pistolas y en un tiempo de silencio, envió el 8 de enero una carta a varios medios de comunicación vascos. En ella afirmaba que ni él ni su familia habían pertenecido nunca a ningún partido político, ni habían tomado parte en ninguna de las acciones y enfrentamientos a los que se refería la revista. «Se ha atentado contra mi dignidad personal, mi honradez y mi negocio, cuando soy en todo punto inocente de todo cuanto se me imputa», acababa.

«Vosotras estad tranquilas»

Pero su suerte estaba echada. El 19 de enero de 1980, un artefacto explosivo, reivindicado por los Grupos Armados Españoles (GAE), que habían prometido vengar la muerte de Jesús García, causó cuatro muertos y diez heridos en un bar frecuentado por nacionalistas vascos. Cuatro días después, el 23 de enero, Alfredo Ramos estaba sentado en el comedor de su bar con su mujer, mientras en la barra atendía una hija suya y una sobrina del matrimonio. Eran algo más de las dos y media de la tarde. En ese momento irrumpieron en el bar dos hombres encapuchados agitando sus pistolas. Llegaron hasta el comedor y obligaron al hostelero pontevedrés a levantarse e irse con ellos. Lo agarraron queriendo calmar a las tres mujeres («Vosotras estad tranquilas, que no os va a pasar nada»), y el hombre, llevado por los terroristas, empezó a gritar: «¡Ay, mi familia! ¡Ay, mi familia!». Su hija gritó también, y uno de los que se llevaban a su padre la amenazó con una pistola. En la puerta del bar esperaba un Chrysler 150 amarillo en marcha, y al volante un tercer encapuchado.

Sólo dos horas después, un desconocido llamó al diario Egin. Una voz joven dijo: «Secuestrado. Interrogado. Ejecutado. Propietario bar Stadium». Su cadáver, añadió este informante, se encontraba cerca de San Salvador del Valle, una localidad cercana a Bilbao: concretamente en La Arboleda, un barrio del municipio vizcaíno de Abanto y Ciervana. La Policía hizo por la zona una batida intensa, pero fue un chico de quince años, antes de la seis de la tarde, quien se encontró un cuerpo cuya cabeza estaba tapada por una capucha y las manos atadas en la espalda. En la prensa apareció boca arriba, con la cara bañada en sangre y las manos atadas sobre el pecho, rodeado de cinco casquillos de bala: le habían metido cinco en la cabeza. Su foto asesinado fue difundida por Efe. Los restos mortales fueron enterrados en su tierra de Borraxeiros.

La Policía encontró al testigo que se topó el cadáver en la zona. El chico dijo haber oído los cinco disparos y, después, arrancar a dos coches. Los llegó a ver, pero dijo no haberles prestado demasiada atención y no aportó ningún dato relevante sobre ellos. Policía y Guardia Civil montaron inmediatamente controles de carretera para tratar de detener a los terroristas.

Ese mismo día, Interviú hizo público un comunicado. En él, la revista publicó una nota en la que hacía constar su repulsa por el atentado, «esperando poseer datos fiables sobre la autoría del crimen para hacer una nueva declaración si fuera necesario». Y añadió: «Ligar la muerte de un ciudadano al título de una revista resulta, cuando menos, insidioso. Interviú lamenta la muerte del señor Ramos Vázquez, dolorosamente una más en el marco de la ola sangrienta, y rechaza con energía esta nueva manifestación de violencia». Fuerza Nueva exigió su cierre inmediato: “De seguir la presunta información de dicha revista -que es pura delación- por ese camino, asistiremos a la situación más difícil e irreversible por la que haya atravesado España históricamente”.

El periodista que publicó el reportaje, Xavier Vinader, fue condenado a siete años de cárcel por imprudencia temeraria. El ex policía Francisco Ros, a cuatro años por cooperador de esa imprudencia. Vinader huyó a Francia, y volvió a España, donde cumplió unos meses de cárcel en Carabanchel. Los dos fueron indultados por el Gobierno en 1984.


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23.01.10

Hambre

Acostumbro a comer dos días a la semana cerca del trabajo, seleccionando con cuidado el restaurante por el tamaño de la mesa y la disposición de la clientela, así como su estatus social o lo que quedó de él. No me gusta chirriar en ningún sitio, así que procuro mimetizarme en el ambiente, y como quiera que yo me siento a la una y cuarto, frecuento ambientes palilleros y pocas charlas, porque el pueblo humilde come en silencio y sabe, como yo sé, que todo está dicho desde los griegos.

Hambre en FronteraD


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