Escrito el 25.02.15 a las 17:57

Todos hablarán de nosotros

Hace dos años, después de la ceremonia de entrega de los Goya, varios actores terminaron la noche en el pub Toni 2 de Madrid rodeando el piano como si fuese el cadáver de un enemigo. Eduard Fernández revolvió en el bolsillo de su abrigo, se sentó en el banquito del cantante y, al micrófono, leyó el discurso que tenía preparado por si hubiese ganado el Goya. Fue un texto emocionante que puso la piel de gallina a todo el mundo. Carlos Bardem y Juan Diego Botto, también nominados, se sumaron. Todos agradecieron a su familia, a sus amigos, a la gente que siempre confió en ellos, el Goya que no ganaron en aquel escenario feliz, decadente, oscuro y alcohólico cuando fuera ya empezaba a salir el sol.

Todos hablarán de nosotros, en El País


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Escrito el 21.02.15 a las 0:55

El padre secreto de Umbral

Francisco Umbral escribió 110 libros y 135.000 artículos, y casi todos en torno a él. Según su biógrafa Anna Caballé es el autorretrato más largo de la historia de la literatura española. Cuando Umbral acabó, nadie sabía sus apellidos ni su fecha de nacimiento.

El escritor fue el resultado de dos heridas: la ausencia del padre y la ausencia del hijo. Hubo una tercera, voluntaria, que consistió en su propia disolución. “Llevamos la verdad por fuera, la carne, y la máscara por dentro”. Umbral sabía, y lo que no sabía lo inventaba, pero lo que no permitía es que los demás supiesen; sobre ese vacío construyó su vida, y cuando se cansó de su vida empezó con su obra. Él mismo avisa: “He vivido el mundo intensamente, pero literariamente”.

—Todo empieza —dice Jorge Urrutia frente a un ventanal del Gijón— cuando Umbral y el poeta Leopoldo de Luis se conocieron en Madrid, a mediados de siglo, en medio del bullicio de la época. El poeta Leopoldo de Luis era mi padre.

El padre secreto de Umbral, en El País


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Escrito el 13.02.15 a las 17:16

Tomás Gómez nunca estuvo aquí

A menos de dos meses para las municipales de 2011, Pepe Blanco convocó a la prensa en Ferraz, detalló el programa, habló de lo buena que es la socialdemocracia en todos los órdenes de la vida, y al querer nombrar a su candidato no recordó quién era. Se quedó sin habla, como si le hubiesen cambiado las normas en el último momento y se le exigiese un señor que poner en los carteles. Alguien llegó a chivarle: “Simancas”, y Blanco, molesto, dijo: “No, Rafa Simancas no, no me confunda”. Al final, alucinado, soltó dos palabras: “Tomás Gómez”.

Tomás Gómez nunca estuvo aquí, en El País


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Escrito el 12.02.15 a las 12:55

Tania Sánchez, una política en urgencias

—Políticamente soy dura. Incluso temeraria.

Hace una semana, Tania Sánchez dio una patada al tablero político de la Comunidad de Madrid y echó por los aires las piezas de la izquierda, que bajan ahora como las del Tetris, pendientes de encaje. La candidata a la presidencia se fue de Izquierda Unida tras ganar las primarias, un hecho que dice del funcionamiento de IU tanto como del de ella misma: ambos son duros, incluso temerarios.

Tania Sánchez, una política en urgencias, en El País


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Escrito el 7.02.15 a las 18:13

Futre y Buyo, un odio de película

Había que ver el partido de Paulo Futre aquella noche. Cada vez que cogía la pelota echaba a correr como si fuese un jugador de rugby. Años después, retirado, confesó que sólo había necesitado una semana en España para odiar al Real Madrid. Se convirtió en el enemigo público número uno del Santiago Bernabéu y en el gran ídolo del Atlético. Paulo Futre no defraudó a nadie, tampoco al niño que crecía en la cantera mirándose en su reflejo: Raúl González Blanco. Era fumador, teatrero, explosivo y talentoso. Un día de marzo de 1990, tras anunciar que quería irse del Atleti, durmió hasta las tres de la tarde, pidió que le llevasen la comida a la cama y ordenó a su familia que bajase las persianas, caminase despacio y hablase en susurros, además de desconectar el teléfono: oficialmente estaba deprimido. Todo en Futre, hasta la tristeza, tenía el viejo sentido del espectáculo de las divas del cine.

Futre y Buyo, un odio de película, en El País


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Escrito el 3.02.15 a las 10:00

¿Tú otra vez, Grecia?

El 4 de junio de 2006 un helicóptero aterrizó en la cárcel de Korydallos, cerca de Atenas. Los guardias creyeron que se trataba de una visita rutinaria de inspectores: les faltó estirar la alfombra. Pero el helicóptero estaba pilotado por Nikos Paleokostas, hermano de Vassilis Paleokostas, el criminal más famoso de Grecia: atracaba bancos y secuestraba ricos para redistribuir el botín dejando tras de sí, a modo de burla a la policía, un rastro de monedas que recogían los ciudadanos borrando sus huellas. Paleokostas se subió al helicóptero junto a un delincuente albanés, Alket Rizai, y se marchó por los aires.

¿Tú otra vez, Grecia?, en El País


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Escrito el 3.02.15 a las 9:58

Alguien tiene que hacerlo

El miércoles, cuando publiqué el artículo de los asesinatos de Marisela Escobedo y su hija, omití un detalle por falta de espacio, concretamente por falta de 300 páginas. Marisela se instala delante del palacio de Gobierno con su hermano. Cuando un asesino llega y se le encasquilla el arma, el hermano le golpea el brazo, pero al cargar otra vez persiguiendo a la mujer -y esto no lo escribí- apunta antes al hermano, que al ver la pistola se echa atrás. Así que el asesino ejecuta a Marisela y se va. En esas décimas de segundo se construye un tratado sobre valentía e instinto de supervivencia, también llamado miedo. En este caso incluso responsabilidad.

Alguien tiene que hacerlo, en El Mundo


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Escrito el 3.02.15 a las 9:57

Último cuento de Navidad

Una pareja se conoce en Ciudad Juárez, diciembre de 2005: Sergio Barraza, 22 años, y Rubí Fraire Escobedo, 14. El chico se la lleva de casa e impide a su madre verla. La mujer intimidada, Marisela Escobedo, se conforma con mirar todos los días a escondidas a su hija para ver que está bien. La niña se queda embarazada y los dos vuelven con la madre para que se haga cargo; consigue trabajo para el chico, tiene en casa a la hija y a la nieta, Heidi. En agosto de 2008 desaparecen los tres. Marisela Escobedo sólo encuentra a Sergio y Heidi. Sergio le dice que Rubí se fue con otro hombre. La madre de Sergio confirma la versión. Pero Sergio Barraza desaparece con el bebé. Empieza la segunda vida de la enfermera Marisela Escobedo. Con recursos propios y ayuda de familiares emprende una búsqueda por el país para dar con Sergio Barraza, miembro de Los Zetas. Lo encuentra, avisa a las fuerzas de seguridad, siempre se escapa, a veces de forma insultante. En junio de 2009 por fin lo detienen y Sergio habla en el juicio: asesinó y quemó a Rubi Fraire Escobedo, dice dónde están los restos -aparecen huesos de la niña- y pide perdón a Marisela Escobedo. Lo absuelven por unanimidad. La lectura de la sentencia está en Youtube: Marisela Escobedo se levanta, grita, tira algo al suelo y termina desmayándose. Barraza se va. Empieza otra vida, la última, de Marisela Escobedo. Organiza marchas en varias ciudades, recoge firmas y clama por algo más que la resolución del asesinato de su hija: quiere saber el punto en el que se encuentra la desintegración del Estado mexicano. Se instala frente al palacio de Gobierno de Chihuahua para demandar respuestas. «Tengo amenazas. Él ya está involucrado en un grupo del crimen organizado. ¿Qué está esperando el Gobierno? ¿Que venga y termine conmigo? Pues que termine conmigo, pero aquí, a ver si les da vergüenza», dice el 12 de diciembre de 2010. La matan el 16 de diciembre. Una cámara fija graba el asesinato: un hombre se acerca a ella con una pistola pero se le encasquilla. El hermano de Marisela le golpea en el brazo con una silla de plástico, pero el asesino carga otra vez. Marisela corre hacia la puerta del palacio de Gobierno: el hombre la mata de un tiro en la nuca. Marisela se desploma en la acera frente al despacho del gobernador, el asesino se sube a un vehículo y se va. En octubre 2012 un sicario llamado El Wicked confiesa el asesinato: fue encargado por Los Zetas al Cartel de Juárez para callar a la mujer. Un mes después el Ejército mata a Sergio Barraza, condenado en rebeldía a 50 años tras la revisión de su juicio, en un tiroteo. El Wicked, arrepentido y usado por el Gobierno para dar charlas en colegios, murió en su celda el pasado 30 de diciembre. Por un infarto fulminante, anunció la Fiscalía. Asesinado, rectificó días después. Lo mató Jimmy Cuevas, antiguo cómplice del asesinato de 16 personas en un bar. Según la Fiscalía El Wicked había delatado a su socio, que se presentó en su celda de máxima seguridad, grabada las 24 horas, y lo estranguló. La familia de Marisela nunca reconoció a El Wicked como asesino de la mujer. El hermano, testigo presencial, dice que fue Andy Barraza, hermano de Sergio. En cualquier caso El Wicked, condenado por otros asesinatos, no llegó a ser juzgado por el crimen. La familia de Marisela huyó del país, amenazada, y vive en El Paso. La prensa mexicana se pregunta cómo El Wicked pudo delatar a Jimmy si fue detenido dos meses después que él.

Último cuento de Navidad, El Mundo (6-01-2015)


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Escrito el 17.12.14 a las 14:00

Sabina se hizo canción

Conocida la faena de Madrid en la que naufragó emocionalmente, paralizado como un conejo en la carretera, pudo existir la tentación de escribir aquella frase de Joaquín Vidal en 2001 constatando un fracaso, «el mayor de su vida», de José Tomás en Las Ventas: «La tarde estaba desmitificadora a tope». Ese año pasaron más cosas, entre ellas el ictus que casi se lleva por delante a Joaquín Sabina. «Si estoy escribiendo una canción se me olvida que está muriendo alguien querido», había dicho con más razón de la que creía, pues estaba olvidando que se moría él.

Sabina se hizo canción, en El Mundo


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Escrito el 12.12.14 a las 11:39

Propongo cerrar esa ventana

Alfonso Alonso siempre tuvo la misma edad. Hay una foto del año 1999, o sea de otro siglo, en la que Alfonso Alonso está como ahora, sonriendo de lado, un poco sobrepasado porque lo acaban de hacer candidato a una alcaldía y tiene junto a él a Iturgaiz y Arenas, y si Alonso es Louis, Arenas es Lestat (a Iturgaiz le chuparon la sangre). Hay otras imágenes famosas de Alonso, como las del balcón del Ayuntamiento de Vitoria, cuando los abertzales le aciertan en la cabeza con un tomate y él no cambia el gesto. Ese vídeo está en internet, y si se repasa frame a frame se comprueba que Alonso no reacciona nunca, ni siquiera durante el impacto; es una película de terror.

Propongo cerrar esa ventana, en El Mundo


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