Escrito el 18.07.15 a las 4:31

Son de amor

En son de paz llegan los enemigos. Lo sabe Artur Mas, que agitó la bandera blanca por la ventanilla al entrar en La Zarzuela, y lo sabe Felipe VI. Por eso cuando Mas dijo que visitaba al Rey en “son de paz” lo raro fue que la Guardia Real no se pusiese alerta, pues esperaba a un presidente autonómico y se encontró con la confesión de un guerrero. Y sin embargo el presidentresumió el estado en que se encuentra el soberanismo catalán: una paz tranquila y mansa, sin perturbaciones, que aspira al monopolio de la moral.

Son de amor, en El País


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Escrito el 16.07.15 a las 20:47

Ítaca

A estas alturas deben de estar volviendo de sus vacaciones las primeras remesas de jóvenes que han hecho un viaje “experimental” o “iniciático”. Digo deben de estar porque ya no queda ningún amigo de la partida; el último que volvió de Perú lleva diez años llamándonos a todos para “hablar”. Lo imagino desde entonces con un hatillo de notas y unas fotos en sepia sin nadie a quién enseñar, como si le hubiesen amputado la mejor parte del viaje: contarlo. Me gusta verlo junto a un chamán en una colina mientras escucha que nada tendrá sentido si en la oficina nadie se entera de sus misteriosas conversaciones nocturnas.

Ítaca, en El País


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Escrito el 16.07.15 a las 20:45

Saca el güisqui cheli

A las 11.30 entró Moreno Bonilla por la puerta de Ifema, se agarró de la cintura a Alicia Sánchez-Camacho y los dos se fueron medio tambaleándose hacia las escaleras mecánicas. Parecía que estaban llegando a Pachá. Había órdenes de que hubiese cierto rollo, de que la gente viese que los populares saben estar en la onda; Bonilla parecía Milhouse en Ciudad Capital. Después de 30 años de viaje al centro, el PP probó a hacer directamente de su conferencia política una discoteca. Sin alcohol, como en las que hacía de relaciones el Pequeño Nicolás, pero con ese marchamo de carteles electrónicos, expresiones en inglés y poses ante la cámara como la de Moragas y Rajoy, que salieron haciendo una especie de saludo de Panteras Negras del que luego se supo que era para apoyar dólmenes en Antequera.

Saca el güisqui cheli, en El País


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Escrito el 11.07.15 a las 15:51

Casillas en Matrix

Hubo un tiempo en el que Casillas sabía volar. Lo hacía sin esfuerzo, como esos jóvenes bailarines rusos medio drogadictos que estiran las extremidades en el aire y caen al suelo como Batman. Ocurrió cuando Morfeo le hablaba a Neo de una época en la que los hombres no nacían: los cultivaban. En medio de ejercicios rígidos de entrenamiento, del dominio de la máquina sobre el hombre y de las carreras milimetradas por padres obsesivos, Casillas nació como elegido.

Casillas en Matrix, en El País


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Escrito el 9.07.15 a las 17:10

Más razón que un santo

Mi abuela es un termómetro de populismo. Pasa el día viendo la tele, y cuando sale alguien gritando se gira hacia mí y dice: “Máis razón cun santo”. Por mi abuela he aprendido a sospechar automáticamente de la gente que tiene más razón que un santo. No nació todavía la abuela que se haya girado entre aspavientos diciendo: “Máis razón que Voltaire”.

Más razón que un santo, en El País


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Escrito el 8.07.15 a las 13:41

Pavés

Hay quien piensa todavía que a muchos de los que vemos el Tour nos gusta el ciclismo. Son los mismos que piensan que cuando vemos un partido del Madrid nos interesa algo el fútbol. Sí, es un contexto. Pero yo conozco a gente que cuando se sienta a ver el Tour se sienta a ver su vida.

Pavés, en El País


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Escrito el 6.07.15 a las 16:16

La orilla

A las pocas páginas de Años luz James Salter tira encima del lector a Nedra Berland. Es, dice, una mujer “que lo hace todo; no hace nada”. “Lo que le preocupa de verdad es lo esencial de la vida: la comida, la ropa de cama, las prendas de vestir. Todo lo demás no significa nada; se arregla sobre la marcha. Tiene una boca grande, la boca de una actriz, emocionante, intensa. (…) Tiene veintiocho años. Sus sueños, que todavía perduran en ella, la adornan; es confiada, serena, está emparentada con criaturas de cuello largo, con rumiantes, santos abandonados”. Nick Paumgarten, en un artículo en The New Yorker que ha traducido FronteraD, cuenta cómo los Rosenthal, el matrimonio amigo de los Salter, empezaron a leer el libro y se dieron de bruces con su hogar, sus conversaciones, sus infidelidades, innumerables detalles que el escritor había llevado en la ficción un poco más allá que en la realidad: el matrimonio de la novela naufraga; tras la publicación del libro lo haría el de los Rosenthal. También el de los Salter, algo que sirvió de consuelo a sus vecinos: quizás el escritor había mezclado las historias de las dos parejas, incluidas sus propios amantes.

La orilla, en El País


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Escrito el 1.07.15 a las 16:30

Entrevistas digitales

17 de junio, 2015

24 de junio

1 de julio

Todos los miércoles en El País.


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Escrito el 1.07.15 a las 16:25

El mal Dios

Tras los atentados asistiremos hoy, entre otros espectáculos, a uno particularmente tóxico: el de ensalzar a las religiones, o sea el de alabar a Dios, para que entre las víctimas no haya daños colaterales en la comunidad islámica. Es una acción rutinaria que suele tener éxito. “Los violentos no son verdaderos gallegos”, decía Quintana, como si hubiese una raza superior que solo praticase amor. “No son vascos, son hijos de puta”, se cantaba para desligar a los etarras de lo que les llevaba a asesinar, que era el País Vasco. O “esto nada tiene que ver con el fútbol” porque aficionados de dos clubes de fútbol aprovechen un partido para apalizarse.

El mal Dios, en El País


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Escrito el 24.06.15 a las 10:24

San Xoán

Hace un par de semanas cenamos en Madrid el marqués y yo. El marqués lo es de verdad, o sea que no tiene título. Es cínico y descreído, pero también brillante, por lo que duró poco en política. He conocido pocos sibaritas con más gusto. Esta vez el vino lo deja nostálgico y empieza a hablar de su barrio mientras señala desde la mesa del fondo lugares más allá de la puerta. Estamos en La Tasquita y el marqués nació en los años cincuenta a pocos metros, en Estrella. Enumera las calles, los negocios de entonces, su abuelo y bisabuelo, y la iglesia en que fueron bautizados todos. Hay un momento en que se le quiebra la voz. “Este barrio”, me dice muy serio, “es el coño de mi madre”.

San Xoán, en El País


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