Escrito el 17.12.14 a las 14:00

Sabina se hizo canción

Conocida la faena de Madrid en la que naufragó emocionalmente, paralizado como un conejo en la carretera, pudo existir la tentación de escribir aquella frase de Joaquín Vidal en 2001 constatando un fracaso, «el mayor de su vida», de José Tomás en Las Ventas: «La tarde estaba desmitificadora a tope». Ese año pasaron más cosas, entre ellas el ictus que casi se lleva por delante a Joaquín Sabina. «Si estoy escribiendo una canción se me olvida que está muriendo alguien querido», había dicho con más razón de la que creía, pues estaba olvidando que se moría él.

Sabina se hizo canción, en El Mundo


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Escrito el 12.12.14 a las 11:39

Propongo cerrar esa ventana

Alfonso Alonso siempre tuvo la misma edad. Hay una foto del año 1999, o sea de otro siglo, en la que Alfonso Alonso está como ahora, sonriendo de lado, un poco sobrepasado porque lo acaban de hacer candidato a una alcaldía y tiene junto a él a Iturgaiz y Arenas, y si Alonso es Louis, Arenas es Lestat (a Iturgaiz le chuparon la sangre). Hay otras imágenes famosas de Alonso, como las del balcón del Ayuntamiento de Vitoria, cuando los abertzales le aciertan en la cabeza con un tomate y él no cambia el gesto. Ese vídeo está en internet, y si se repasa frame a frame se comprueba que Alonso no reacciona nunca, ni siquiera durante el impacto; es una película de terror.

Propongo cerrar esa ventana, en El Mundo


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Escrito el 10.12.14 a las 11:13

Lage Carreira, Vanessa

Los amigos del colegio son los únicos con los que puedes contar la misma historia mil veces seguidas, una detrás de otra, y quedarte con ganas de la última. Hace poco comí con uno de ellos y regresaron todos los hits de Campolongo, como el de nuestra profesora llamando a la profesora de la clase vecina, muy serena, porque no tenía claro que un número multiplicado por cero fuese cero.

Lage Carreira, Vanessa, en El Mundo


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Escrito el 8.12.14 a las 19:46

The Beatles sin Liverpool

Buena parte de la construcción intemporal llamada The Beatles sucedió en Hamburgo, cuando llegaban a tocar hasta 12 horas seguidas los mismos temas. Les abastecían de drogas y alcohol, dejaban las guitarras sonando por el suelo «por frustración, no como pensamiento intelectual» según John, comían y dormían en el escenario (Lennon detrás del piano, dejándose caer como un fardo) y aprendieron a tocar juntos, a anticipar lo que iba a hacer el otro con 10 segundos de antelación, de tal manera que cuando regresaron deportados a Liverpool ya eran imparables. No sólo habían compuesto Love me do: la habían tocado un millón de veces.

The Beatles sin Liverpool, en El Mundo


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Escrito el 7.12.14 a las 21:12

Memoria caprichosa y sentimental

Oriana Fallaci. Autora de entrevistas célebres de las cuales, con el paso del tiempo, se supo que se las estaban haciendo a ella. La entrevistaron dictadores, terroristas, príncipes y James Bond. Ambientó con ficción la realidad en novelas tan precisas que al final la realidad, derrotada, optó para ser lo que Fallaci había imaginado. En Villa Triste fue torturado su padre por los nazis mientras ella curaba el dolor moviendo armas para la resistencia.

Miguel Delibes. “El cazador que escribe se termina al tiempo que el escritor que caza”, escribió Delibes de él mismo. Anunció su muerte en 1998 al regresar de una operación quirúrgica. “En el quirófano entró un hombre inteligente y salió un lerdo”, dijo. Fue un periodista de talento que olfateaba la redacción como el campo, y en toda su escritura, la de los periódicos y la de las novelas, sobrevive un tiempo en el que él encontraba la paz que exigía su mirada.

Daniel Defoe. Se arruinó tantas veces que acabó siendo panfletista, que es el periodismo de callejón, como los futbolistas que se hacen pateando bolas de ropa. Lo fue a conciencia y tan a lo bonzo que terminó en la picota y salió de allí para hacerse de la MI5 de principios del XVIII. “El miedo al peligro es diez mil veces más terrible que el propio peligro”, escribió.

Clarín. Hacía paliques mordaces y vitriólicos con los que ponía a andar el mundo que tenía alrededor y que le procuró un buen número de enemigos fastidiosos, de los que dan prestigio. “El calor sentimental de las ideas”, dijo de él Pío Caro Baroja, que lo llamó “fiera literaria”. En su obra maestra puso a un cura a sufrir de amores y el obispo le dedicó una carta a los fieles, que ya hay que ser grande para que te dediquen no una columna, sino una pastoral.

Hemingway. Ernest escribía de pie. Cubría las guerras con la petaca en la mano y los soldados le pedían selfies mientras volaban las bombas como Martin Sheen reclamaba surfear en un bombardeo vietnamita. Fue reportero legendario porque vació las tripas en novelas y cuentos que utilizaba para esparcir su hombría y su talento martilleado por la Stein, que le reclamaba frases cortas y repeticiones casi musicales. Se disparó a sí mismo ante la imposibilidad de seguir disparando a los demás.

Carmen Rigalt. Ha devenido en dama con una peculiaridad abrasiva: conserva la belleza de la juventud y del talento, como si éste se le hubiese pegado a la piel de forma desesperada. Sus artículos no se cansan. Tiene la mordacidad de la adolescente encerrada en casa y las negritas de quien no conoce el mundo, sino que lo pasea. Escribe a la espalda de todos, como Umbral.

Charles Dickens. “Pude haber acabado siendo un pequeño ladrón o un vagabundo”, dijo. Lo fue incluso como cronista parlamentario, donde quien no es vagabundo no vale para otra cosa. Luego hizo crónica de su vida y creó los personajes entrañables y polvorientos de sus novelas.

Chaves Nogales. Han vuelto a las librerías sus crónicas porque hasta los países más infames con sus héroes tienen una segunda oportunidad.

Manuel Vicent. Fue el cronista de la democracia más joven y escribió en El País piezas con las que parecía que nunca se había producido la Guerra Civil por lo que tenían de continuidad dinástica con una tradición de excelencia. Es autor de daguerrotipos a los que conviene volver no para saber sino para seguir sabiendo, por ejemplo de Esperanza Aguirre: “Esta niña ganadera le ha acariciado el rabo al dragón del Leviatán”.

Hunter S. Thompson. Copió primero El gran Gatsby y Adiós a las armas a máquina porque quería desentrañar el mecano del estilo de Fitzgerald y Hemingway. Afortunadamente no salió de la experiencia convencido de haber capturado lo mejor de los dos, como aquel Renaldo que llegó a Coruña diciendo que era una mezcla de Ronaldo y Rivaldo. Fue despedido de un periódico por la única razón por la que debería ser despedido un periodista: estropear la máquina de bebidas.

Thomas Bernhard. Antes de ser uno de esos escritores a los que hay que asomarse con cianuro en los bolsillos (y sin embargo un escritor que procura felicidad a disgusto, como Cioran), Bernhard fue periodista fantasioso, cronista inventor de detalles tan delirantes que de cualquier suceso estúpido hacía una guerra mundial.

Josep Pla. Escribió todo lo que vio y no lo que vieron los demás, lo cual le convierte en un periodista imprescindible. Fue a su manera el cronista del XX sin quitarse, como decía, la boina de payés. Cuando mejor se aprecia lo valioso que fue su testimonio, más allá de las circunstancias políticas del Madrid republicano que describió como un francotirador paciente, es en estas pocas frases a Salvador Pániker: “Ahora estoy muy cansado; mi madre murió hace 15 días, y esto, claro, siempre produce una cierta cosa extraña. Pruebe este vino; no sé si le gustará. ¿Le gusta? Lamento no poder ofrecerle otro”.

Manuel Alcántara. Ha rebajado la cantidad de dry martinis al día y acaba de publicar un libro, una crónica de sus años al pie de las 12 cuerdas. “Es el hambre lo que hace golpear”. Columnista a diario y cronista seductor, caballeroso y de bigote que ha dejado blanquear al sol de Málaga mientras es saludado como una institución, como un ayuntamiento paralelo.

Ruiz Quintano. Llama tanto la atención porque escribe como es y al conocerlo no se puede imaginar uno otra cosa que una de esas columnas suyas de Abc que son como rabos de lagartija, cortas, sobreentendidas, malévolamente divertidas.

Umbral. Fue una fiesta, como París. Desde el spleen de El País hasta los placeres y los días proustianos de EL MUNDO, diario al que Umbral trasladó la bufanda, las gafas y la melena porque, decía, para ser escritor primero hay que parecerse. Último de una estirpe, el mérito de Umbral no fue escribir el final del cóctel sino el principio: el momento en que dejaba a todos con la copa para irse corriendo a escribir lo que pasaría después.

Larra. Se suicidó a los 27 años como una estrella del rock. Hizo del costumbrismo una preocupación fundamental de España. Fígaro criticaba el país y lo sometía a su cáustico destino mientras se enamoraba de una mujer casada que un día le devolvió sus cartas y le dijo adiós.

Carmen de Burgos. Se pretendía abajarla como amante de Ramón Gómez de la Serna, en un cliché de reduccionismo que permanece para las mujeres, pero fue corresponsal de guerra, redactora feroz. Firmaba con el pseudónimo de Colombine y mientras sus contemporáneas bebían de la leche materna ella lo hizo de la tipográfica de su padre.

Elvira Lindo. Una vez dijo que su columna de los domingos era un escenario al que salía a hacer un número, y que éste tenía los tiempos controlados. Pero de ser así, ese escenario está siempre en la habitación de al lado. La novelista ha convertido su articulismo en una suerte de fenómeno de masas a base de hacerlo circular al oído, de señalar aquí y allá los géneros, las voces y las preocupaciones; tiene algo de épica de lo cotidiano.

Tom Wolfe. El periodismo estadounidense se ha distinguido por crear una figura de reportero que escribe vistiéndose. Es al principio del día, cuando se enguanta el traje y quién sabe si los guantes, cuando empieza a poner frases. No para hasta la noche. Wolfe, al que llaman padre del Nuevo Periodismo y de tanto llamárselo un día acabará siéndolo, se viste muy bien y bebe con cierta elegancia. Entre medias, la Underwood.

Julio Camba. Periodismo es escribir tropezándose con el mundo. Camba lo ejerció sin pretensiones, y al acercarse al paisaje lograba que bajo su mirada siempre se apaciguasen las cosas. Esto es debido a la ironía con la que escribía, y también a un rasgo muy acusado de su talento: el de transmitir en directo la vida española.

Pérez-Reverte. Se trajo de Sarajevo una prestigiosa mala hostia que dosifica con temperamento british, acaso influencia de Marías. Cuando calla es cuando más inglés escribe. Su carrera es una especie de faro: la novela que los reporteros tienen criando malvas en el cajón, él la publicó.

Gaziel. En el periodismo español, al contrario que en el estadounidense, no se vestía tan bien pero también se exigían méritos fuera del folio. Concretamente haber cosechado éxito contemporáneo y ser enterrado a toda velocidad de tal manera que nadie supiese si realmente habías existido. Gaziel es uno de los más consagrados al olvido. Tanto, que recordó Arcadi Espada: “Leyéndole en su propio periódico, al que sirvió y quiso con obsesiva tenacidad y que convirtió en el primer periódico moderno de España, no dejaba de pensar en la extravagante anécdota de que su nombre no pudiese imprimirse en el periódico durante muchos años, por causa de las disputas y traiciones de la guerra civil que lo enfrentaron con su editor, Carlos Godó”.

Raúl del Pozo. Es lo mucho y bueno que queda en Madrid del diario Pueblo, ese diario del que Reverte dijo que se daba “la mayor concentración imaginable de golfos, burlangas, caimanes y buscavidas por metro cuadrado”. Entre ellas había un tipo afilado y hambriento que llegó de provincia y que es a donde se mira ahora para saber por dónde va el viento. Conserva melena en la vejez, como Mick Jagger. “He visto en todos los ojos y ahora en la vejez me doy cuenta de que sólo encuentro paz en la mirada de un perro”, dijo.

Gay Talese. Hacía reportajes que le llevaban unos años y que luego publicaba en medio de un estrépito sordo canonizando la profesión, macerándola de tal manera que en trabajos como Honrarás a tu padre lo único que sorprende es que Talese no haya acabado de Don.

Fernández Flórez. Era tan desconsideradamente gallego que escribió un bosque animado, quién sabe si impulsado por sus años haciendo crónica en el Congreso de los Diputados. Era antitaurino, una excentricidad en escritores y articulistas de la época.

Margarita Nelken. Empezó a los 15 años escribiendo un artículo sobre Goya y la Historia de España casi la deja dentro de un cuadro de él. Rechazó el voto femenino porque no veía a la mujer madura para tales menesteres. Cuando ellas pudieron votar, la socialista Nelken contempló absorta cómo en España ganaba la derecha.

Ruano. Tenía un talento tan descarado y desacomplejado que escribía a todas horas y en Madrid aún se están publicando ahora sus artículos.

El Mundo, 30/05/2014


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Escrito el 27.11.14 a las 14:42

No te vayas todavía

España es la única democracia del mundo que tiene a la oposición fuera del Parlamento. Esa presencia invisible que se siente fuera, una amenaza silenciosa que se extiende más allá del porche, en las llanuras y bajo las estrellas, lo condiciona todo. Pedro Sánchez se ha desprendido de las vocales como si fuesen bolsas de arena, y para coger aún más altura ha tirado por la borda a Zapatero a riesgo de terminar como aquel cura brasileño que se agarró a mil globos de helio para batir un récord y acabó perdiéndose en el cielo, o sea en el Atlántico. Rajoy, con corbata gris de boda, dedicó la mañana a echar de menos a Rubalcaba como esos piperos del Madrid a quienes los traspasados les parecen de repente los mejores del mundo. Es tan incierto lo nuevo que el PP, con tal de agarrarse al pasado, es capaz de reivindicar a Bibiana Aído.

No te vayas todavía, en El Mundo


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Escrito el 26.11.14 a las 15:58

En el nombre de Pablo

Una vez el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, dijo: “Yo soy el alcalde de todos, pero me debo a quien me votó”. En 1999 Lores fue elegido primer alcalde nacionalista de Pontevedra y su primer alcalde de izquierdas desde la restauración de la democracia. Ateo y antitaurino en una ciudad de casino, toros y procesiones, a los dos meses no se dignó a presentar sus respetos a la Virgen de la Peregrina, y vista la indignación eliminó las reinas de las fiestas, como Herodes. Pudo asistir en su condición de alcalde, pues los cargos públicos son como superhéroes al revés: hacen cosas que les parecen indignas poniéndose un traje. “Yo pude ir y demostrarle a todos que no era el demonio que la derecha pintaba. ¡Pero sí lo era! ¡Por eso me votaron! Y algo sé de política. Sé que cuando te pones a hacer guiños a los votantes del PP, seguirán sin votarte en la vida, y lo único que conseguirás es que se vayan los tuyos”.

En el nombre de Pablo, en El Mundo


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Escrito el 21.11.14 a las 15:28

Cayetana porque sí

Cayetana de Alba fue un acontecimiento biológico. Importante, ineludible y alegre, pero nada más, y nada menos, que biológico. Sus grandes momentos políticos, entendida la política como regimiento de asuntos públicos, han sido sus bodas, sus nacimientos y sus muertes, pues de esos movimientos tan sensibles y tan privados dependían los palacios y los picassos.

Cayetana porque sí, en El Mundo


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Escrito el 30.10.14 a las 18:16

Amar, ¿para qué?

Tres grandes actos ocuparon ayer la atención del mundo: las conclusiones del presidente del Gobierno sobre el Consejo Europeo, un desayuno informativo de Susana Díaz en el Villamagna y la presentación del libro Amar, ¿para qué? de María Teresa Campos. Díaz y Campos se hicieron un lío y acabaron una en el hotel de la otra, si bien nadie, en el Villamagna, se dio cuenta.

Rajoy permaneció impasible en el Congreso porque no lo mueve de la silla ni Terelu. Europa está cada vez más lejos, debió de pensar, como A Coruña, pero el viaje merece la pena. Hay algo en el regreso como de fin de vacaciones, cuando todos llegaban a clase contando los amores que habían tenido en el pueblo. Uno de mi colegio, el de la aldea más remota, nos quiso hacer creer entre quinto y octavo de EGB que entre los Ancares estaba el pueblo de veraneo de Victoria’s Secret, tal cual describía aproximadamente a sus novias; en invierno no se le veía con nadie «por compromiso». Así España en Bruselas, como el discurso del alcalde de Vigo cuando lía la mundial y se defiende diciendo que en la calle lo felicitan.

«Hemos pasado de ser el rostro más visible del problema a convertirnos en la faz más expresiva de la solución», dijo Rajoy. Podría haber pasado por una de las frases del epílogo que escribió la Campos cuando conoció a ‘Bigote’. De hecho, al mismo tiempo estaba defendiendo algo parecido Susana Díaz. Ante el vacilante rumbo de las economías europeas, el contrapunto español, anunció el presidente.

-Y esto es lo que piensan en Europa de nosotros, ahora vayamos con los que pensamos dentro, que menuda tela.

Sánchez quiso abortar ingenuamente el ‘y tú más’ con un ‘yo más’ para decir que él, de todo, más

Si algo positivo tienen los intercambios entre Rajoy y el líder de la oposición es que permite ver la clase de autopsia que está gestando el bipartidismo en España: uno de esos carnavales en los que las máscaras, de tan gastadas, empiezan a ser auténticas. Se trata de un reconocimiento espontáneo de sí mismo repitiendo fórmulas de ultratumba. Pedro Sánchez enumeró nombres famosos del PP hoy metidos en los juzgados, en las cárceles o en Génova, le dijo al presidente que estaba rodeado de todos esos fantasmas de Canterville y quiso abortar ingenuamente el y tú más con un yo más para decir que él, de todo, dos.

«No somos peores que otras profesiones», apuntó Rajoy pasando del ‘y tú más’ al ‘vosotros’

Hubo un momento en que Mariano Rajoy evocó la suntuosa imagen de Jiménez Losantos, según la cual, la llegada a Ferraz de Sánchez tras su victoria en el PSOE con Susana Díaz era la de Danearys de la Tormenta con su dragón. Sánchez rompió a reír, y curiosamente su sonrisa, repetida en la televisión como los penaltis dudosos, parecía tener más de chanza hacia Díaz que hacia Rajoy. Era una risa de qué fuera estás, Mariano, si ya quemo el ganado solo. Lo curioso es que Susana Díaz estaba en la capital, pero en Sevilla se quedó haciendo guardia la propia Daenerys, que está rodando una temporada de Juego de Tronos en el único país europeo en que George R.R. Martin pasa por finolis.

Aitor Esteban, diputado del PNV extremadamente sutil, cazador de mariposas en otra época desplazándose entre flamboyanas, incorporó esta pregunta a Rajoy en el orden del día: «¿Piensa que el Gobierno debe cumplir la ley?». Fue la que más quebraderos de cabeza dio en el equipo de Gobierno, que finalmente optó por reconocer que sería un espectáculo responder que no. Cayo Lara, más comedido, animó al presidente del Gobierno a emular a Estanislao Figueras, un presidente de la República que reunió a su Gobierno para sugerirle: «Estamos hasta los cojones de todos nosotros». Rosa Díez instó a la Cámara a generar anticuerpos para que no se extendiese ni el ébola ni la corrupción. «¡Podemos curarnos!», dijo, y hubo un rugido sordo en la grada parecido al de aquel alcalde de Vilanova que, al escuchar cantar a unos niños «Pokemon, Pokemon» creyó que le estaban vacilando con Pablo Iglesias y les organizó un pollo que casi se lo llevan detenido.

El presidente, que había leído unas disculpas el día anterior (hay cosas que nada más empezar a leerlas parece que las ha escrito el secuestrador) defendió delante de todos la profesión de la política y el orgullo de pertenecer a un país que en absoluto está sumido en la corrupción. Todos los casos se incluyen en el «salvo alguna cosa», que es como cuando dominas un partido de fútbol, ellos llegan seis veces puntuales y meten las seis. Un poco en la línea de Posadas, que dijo que el número de corruptos no era excesivo, dando a entender que para el percal que hay dentro bastantes pocos son. Hubo incluso un instante para el tradicional momento subversivo que Rajoy se reserva en los plenos. Fue cuando alejó el discurso del ataque frontal al PSOE y lo dirigió maravillosamente al pueblo: «No somos peores que otras profesiones», dijo pasando del y tú más al vosotros. Añadió que la política es una actividad «muy noble» y que el Estado de Derecho, con estas detenciones, funciona.

-¿Cómo se declara?

-Satisfecho de la separación de poderes, señoría. ¡Las cosas que tengo que hacer para demostrarlo!

El Mundo, 30-10-2014


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Escrito el 29.10.14 a las 19:04

El gobierno de los mejores

Una mañana a Esperanza Aguirre, enterada de la metedura de pata de uno de sus consejeros, le cambió la cara. Ordenó que le trajesen ante ella a aquel amigo suyo desde muchos años atrás, y nada más verlo montó en cólera lanzando insultos mientras el político, abrumado, pedía perdón. Los testigos no se escandalizaron: era el modo con el que Aguirre se dirigía a sus subordinados cuando perdía los nervios. Hasta que de repente gritó al consejero que lo que tenía que hacer era arrodillarse. Lo repitió una y otra vez, dicen testigos del momento, hasta que el hombre terminó por ponerse de rodillas para obtener el perdón de la lideresa. El consejero no repitió con ella y tiempo después Aguirre dejó la primera línea de la política. «Esto no tiene vuelta atrás: es el Rubicón». Al día siguiente hizo lo que ni Julio César: cruzarlo otra vez.

El gobierno de los mejores, en El Mundo


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