Escrito el 20.04.14 a las 12:29

Saberlo en la intimidad

Una mujer que está buscando trabajo envió un curriculum a un hotel de Llanes, en Asturias, y la dueña del establecimiento le respondió diciéndole que no era posible dárselo porque la plantilla estaba llena. Líneas más adelante, explica: «Le recomendamos que borre de su curriculum vitae la información en idiomas relativo a que tiene un nivel alto de gallego, nos resulta del todo ridículo, absurdo e innecesario. Le recomendamos eleve su nivel de inglés a alto y si puede ser en francés y alemán mucho mejor. El gallego lo puede utilizar en Galicia nada más creo, una lástima que haya perdido el tiempo en estudiar ese ‘idioma’ y no en otros más elementales».

Saberlo en la intimidad, en El Mundo


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Escrito el 5.04.14 a las 12:36

Movida con la pasma

No aparecer en los papeles de Bárcenas y salir indemne del caso Gürtel para terminar huyendo de la Policía como una loca tras aparcar en un carril bus. La imagino alborotada al volante con el corazón a cien, dando volantazos mientras va convirtiéndose, con frialdad, en uno de esos ciudadanos comunes que de repente adquieren cualidades de agente secreto.

Movida con la pasma, en El Mundo


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Escrito el 2.04.14 a las 8:36

Creer y no creer

No debe extrañar que las palabras de la periodista Pilar Urbano hayan tenido más fortuna entre aquellos dispuestos a escucharla si confirman sus juicios predeterminados. Podría incluso el portavoz de Izquierda Plural, José Luis Centella, dirigirse a la sede de Opus Dei, preguntar por la periodista Urbano y decirle eso que se nos dice a veces a los articulistas para nuestro espanto íntimo: «Gracias por pensar como yo».

Creer y no creer, en El Mundo


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Escrito el 26.03.14 a las 13:20

Un muerto ejemplar

Por razones de turismo institucional me acerqué a ver el tránsito del pueblo de España hacia el cadáver de su presidente, según los últimos rumores, más querido.

Un muerto ejemplar, en El Mundo


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Escrito el 21.03.14 a las 9:45

La niñera

Probablemente sea por razones de clase -en mi familia servíamos, servimos, y el cliente siempre tiene razón aun en su grosería- pero a mí esta euforia de la niñera española de los príncipes de Cambridge (seguimos luchando contra los elementos: ahora los pañales) me llena de cinismo aristocrático.

La niñera, en El Mundo


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Escrito el 20.03.14 a las 12:41

Pensar a lo grande

La sesión de control empezó con pregunta del señor Bosch, portavoz de Esquerra Republicana, interesado en las razones del Gobierno para impedir la consulta soberanista. Rajoy se levantó para responder críptico: «La ley». Bosch se abanicó fuertemente, como en un funeral de torero, y volvió a la carga. Fue la suya la intervención más española que se recuerda en el Congreso desde que un diputado de CiU llamó a tener limpios los cuarteles con empresas catalanas. Bosch comparó al pueblo con un atasco y a Rajoy con un semáforo en rojo («puede haber accidentes», dijo). Como si se arrepintiese, matizó que estaban todos buscando pasos de cebra, como los Beatles, y palmeó a Lorca, cantor de gitanos, para decir «verde que te quiero verde».

Pensar a lo grande, en El Mundo


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Escrito el 18.03.14 a las 7:41

El Príncipe negro al que amo

Á sombra das chuteiras imortais es una recopilación de textos futbolísticos de Nelson Rodrígues. Rodrigues trabajaba con varios de sus hermanos en el periódico Crítica que fundó su padre. Un día de 1929 se publicó la noticia de un divorcio sonado; la mujer se presentó en el diario con una pistola y mató de un disparo a Roberto, hermano de Nelson, delante de él. Su padre, Mario Rodrigues, que era a quien buscaba la divorciada, murió deprimido a los pocos meses. Con el apoyo de los diarios de la competencia, la mujer fue absuelta. Uno de los hermanos de Nelson, Mario Filho, promovió el estadio de Maracaná, al que da nombre: Estadio Jornalista Mario Filho.

El Príncipe negro al que amo, en El Mundo


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Escrito el 11.03.14 a las 9:22

Elogio tímido de la siesta

The New York Times ha vuelto a reñir a los españoles, ahora por la siesta. Dentro de poco no se va a poder salir a la ventana a fumar desnudos sin que esté debajo un corresponsal tomando notas y gritando “¡typical, typical!” como si hubiese visto cacatúas. Las costumbres de los periódicos respecto a las esencias del país siguen siendo que se ocupen de ellas periodistas sobre el terreno, que es como pegar un señor a un cuadro. Para informar bien de España (los cafés, el dinero, la política a grosso modo y no digamos la siesta) hay que hacerlo desde Nueva York y ser español, preferiblemente gallego. Sólo en la distancia ya hay seis horas; así cuando unos acaben la siesta la empieza el corresponsal. De la actualidad, como de la vida, lo primero que hay que saber es colocarla en el meridiano adecuado; Cayetana de Alba, con 85 años, se fue de luna de miel a Tailandia, donde hay seis horas más. Temeraria siempre.

El primer periódico del planeta, que ilustra su reportaje con una imagen que parece sacada por los Seals entrando en la salita de Bin Laden, reprocha a España los horarios de la siesta y de las cenas, que son competencia exclusiva de Javier Tebas. Pero basta leer cualquier sumario judicial para saber que la hora caliente de los negocios sospechosos en España se produce después de comer, con medio país dormido. En el extranjero los crímenes suelen realizarse de madrugada, con los barrios desiertos, pero la siesta española permite que las conspiraciones se adelanten a las cuatro de la tarde; lo que no hacía la Liga en consideración a los japoneses lo estaba haciendo Special Events. Dormir la siesta reduce la productividad, pero no dormirla la sube demasiado. Se encuentran varios de repente solos, con el servicio en duermevela y los vecinos bajando las persianas, y se fomenta la sensación de impunidad, la alegría de vivir.

Los antiguos dormían la siesta en mecedoras con una moneda de plata en la mano y un plato debajo; en ese estado de sopor, si se quedaban dormidos, la moneda caía y el señor despertaba (la tradición terminó cuando uno que no dormía robaba la moneda). Cela y Churchill apostaban por la siesta de pijama. Pero Pujol y Fraga admitían microsueños: cerraban los ojos unas décimas y los abrían de forma abrupta como si alguien les estuviese revolviendo el bolsillo. Quizás la siesta sea mala, pero no hay que fiarse de los hombres que duermen cuatro horas y les falta tiempo para todo. Es imposible dedicar 18 horas a la legalidad. No hay tanta en España.

19-02-2014


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Escrito el 10.03.14 a las 9:59

Los líderes pacientes

Casi lleno en el Bernabéu en noche primaveral con hierba en perfectas condiciones, validada por la Organización Mundial de Céspedes tras enviar una muestra al laboratorio libre de orugas y cortada al cepillo años 90, suave pero no lechosa, ideal para el toco y me voy, toco y me voy. Se recibió como aprobación una nota que decía “¡era esto, era esto!”.

Los líderes pacientes, en El Mundo


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Escrito el 9.03.14 a las 16:28

Mujeres que beben

La Universidad de Vigo acaba de publicar un estudio muy difundido por los periódicos, como no podía ser menos, sobre la relación de los universitarios y el alcohol, que es muy reciente de unos años para aquí. Efecto imitación como los que se echan por la ventana, que hay un solterón en mi edificio que al ver el telediario dice amargamente: «Voy a tirarme yo también, a ver si bajando conozco a alguien». Del estudio se desprende que más de la mitad de las jovencitas beben para emborracharse en tiempo récord, no sé si como flappers. Es una diferencia muy superior a la del hombre, que lo hace en menor medida. De todos cuantos placeres me concedió la vida, y han sido muchos, el mayor es el de la mujer bebiendo a mi lado, mayormente para que no beba yo. No en tiempo récord, desde luego, ni para emborracharse inútilmente, sino con verdadera elegancia, afilando la inteligencia con intensidad y disparando a discreción, plena de facultades. He estado siempre rodeado de mujeres bebedoras; mujeres que piden whisky después de comer, encienden un pitillo y empiezan a bajar la copa a hachazos sin perder un gramo de compostura; luego se van al baño aún más altas y exuberantes que cuando se sentaron, subidas a tacones improbables. En una mesa manda siempre quien agarra la botella por el cuello como si fuese una cabra y no quien la levanta por el culo, escurriéndola. Una mujer cerca de la barra pero sin llegar nunca a la barra; una mujer a punto de estar borracha pero siempre sin estar borracha. La seducción es estar a punto de algo, por eso persistimos, y el sexo es conseguirlo holgadamente, por eso nos arrepentimos. Esas chicas que dicen beber para emborracharse no saben aún que no se bebe para olvidar, sino para recordar menos, de la misma manera que lo contrario de obedecer no es desobedecer, sino mandar.

El Mundo, 4-01-2013


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