Escrito el 26.03.15 a las 12:12

Mi vida en el Pro

He sido fiel a pocas cosas en mi vida como al Pro Evolution Soccer, lo que ocurre es que para demostrarlo debería escribir un libro. Desde hace mucho tiempo conozco a los jugadores por el Pro, que me sirve de escaparate para saber quiénes son, en la vida real, los más rápidos, los más talentosos o los que tienen más proyección. En todos los equipos en los que he entrenado en Liga Master (Mallorca, Deportivo, Zaragoza, Celta, Sevilla, Real Sociedad, Newcastle o Aston Villa) siempre mantuve una filosofía reconocible en el campo: jugadores negros en el centro y al menos uno en la delantera, abriendo huecos con el cuerpo y explotando espacios desde el callejón del 10 con zancadas de gacela (Kalou en el Zaragoza) o bien a modo de locomotora (Makinwa en la Real). Los iba a buscar personalmente mirando uno a uno sus características, su edad y su estatura –nunca mayores de 25 años, nunca por debajo de 1,75, salvo que fuesen balas. Un trabajo de chinos que me llevaba tardes y que dejaba a mis novias pasando por el salón alarmadas por no ver nunca el balón en juego. Costados abiertos, un punta caído con funciones de mediapunta (menudas dos temporadas que me dio Pastore en Sevilla o Pato en Coruña), dos stoppers funcionando como un acordeón y siempre una leyenda atrás, apoyada por dos centrales fuertes, altos, preferiblemente germanos. Mis equipos son un ordenamiento del mundo en el que tiene que haber siempre un argentino en el campo y ningún español en la convocatoria (hay que decir que Konami nunca ha sido generosa con los nuestros).

Mi vida en el Pro, en Líbero


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Escrito el 24.03.15 a las 13:46

No hay derrota dulce, no hay victoria amarga

La buena noticia del Madrid es que salió al Camp Nou como Madrid. A la vuelta de Navidad el Madrid había regresado como exequipo, uno de esos veteranos de guerra dedicados a la exhibición de sus medallas. Son lujos tradicionalmente veraniegos que al Madrid le da por hacer en medio de la temporada. Aquello fue degenerando en un juego que colapsó contra el Atleti y contra el Schalke: la primera como tragedia y la segunda como farsa. El club, fiel a su costumbre, estuvo a punto de consumirse hasta la desaparición a principios de marzo dejando un charquito en los puestos de Champions. En una reunión informal y alborotada de varios directivos y empleados del club tras la derrota del Schalke el diagnóstico empeoraba por momentos. En la búsqueda de razones del fracaso, agotadas las futbolísticas, se empezó a divagar sobre las viejas pasiones de siempre, como si el recuerdo de los galácticos empezase a cercar al equipo. A los pocos días, en frío, llegó el veredicto del cuerpo técnico: el Madrid dependía de sus emociones. Se reivindicó un sentido freudiano del fútbol. Los equipos ganan cuando los jugadores muestran solidaridad entre sí, cuando se sienten capaces de cruzar la frontera. Y cuando los equipos se instalan en ese estado mental entrenan más fuerte, corren más rápido y se atreven a hacer más cosas.

No hay derrota dulce, no hay victoria amarga, en El País


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Escrito el 23.03.15 a las 16:33

Por favor, arregle mi trozo del mundo

Cuando entré en el cuarto del hotel leí de pasada los cartelitos que cuelgan del pomo. “Do not disturb” por un lado, que se ha traducido como si la fuesen a estrenar en los cines españoles: “el mundo puede esperar”, y “please make my room”, que en español ha resultado ser “por favor, arregle mi trozo del mundo”. Era el resumen de la campaña andaluza distribuido entre el turismo. Ahí estaba la sequedad anglosajona, sin ningún aditivo, y el complejo emocional español, desbordado, como en la película de Camarón, cuando lo pusieron a cabalgar por la playa para contar sus problemas con las drogas. Por supuesto, ante semejante mensaje de que “el mundo puede esperar” la empleada de limpieza entró dando patadas en la puerta y la recibí aplaudiendo de pie en la cama, ya vestido y duchado, porque es verdad: el mundo no espera a nadie. El rodeo, la cursilería y el guiño cómplice al cliente para terminar en la ineficacia: todos los males de España colgados del pomo de una puerta.

Por favor, arregle mi trozo del mundo, en El País


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Escrito el 18.03.15 a las 17:37

Hacienda no es para tanto

Cristóbal Montoro cerró su primera temporada como ministro de Hacienda (las segundas siempre son las mejores) avisando del impacto económico de una promesa socialista: la de equiparar las parejas de hecho con el matrimonio. El día anterior Rouco había abandonado el terreno de las almas para advertir que si los gais podían casarse se produciría una quiebra de la Seguridad Social, que fue lo más cerca que estuvimos de ver a Cristo preguntando por la inflación antes de los panes y los peces. Montoro añadió que si las ventajas económicas eran para todos crecería el gasto público, y por tanto aumentaría el paro. Había algo más en esa teoría complejísima, pero el ministro pasó de largo: consiste en que el problema de la caja no es que vivamos mucho, como dijo Lagarde, sino que vivamos sin cotizar. En una economía ideal un hombre se jubila saltando por la ventana. No le vas a pagar la pensión a un muerto, aunque Fraga en su momento los llevase a votar aún no sé si presencialmente.

Hacienda no es para tanto, en El País


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Escrito el 16.03.15 a las 12:22

Aguirre en tiempo de paz

El viernes 6 de marzo al mediodía, en su casa de Malasaña, el mismo lugar al que llegó huyendo de una patrulla de agentes, Esperanza Aguirre (Madrid, 1952) supo que el PP quería que fuese la alcaldesa de Madrid. No solo eso, sino como candidata del partido. En la pantalla había saltado un nombre: “Cospedal”. Aguirre soltó los cubiertos, apartó el plato y escuchó como se le pedía, de paso, que dejase la dirección del PP de Madrid. Aguirre y ella discutieron hasta terminar colgándose el teléfono. La condesa consorte de Bornos y grande de España siguió a lo suyo, devorando el plato y tratando de convencer a Eva Tormo, a la que tenía en la mesa, de que fuese la candidata del PP a la Alcaldía de San Sebastián de los Reyes. Al terminar la reunión se fue a recoger a sus nietos al colegio.

Esperanza Aguirre en tiempo de paz, en El País


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Escrito el 15.03.15 a las 16:17

Cifuentes en tiempo de guerra

El viernes 6 de marzo a las 19.15 sonó el teléfono de Cristina Cifuentes (Madrid, 1964). “Secretaría general”, anunció la pantalla. Cifuentes estaba en su despacho del palacete de Borghetto, un edificio afrancesado con antiguos salones de baile, enormes tapices y jardín interior. Sobre el techo se descuelgan relieves de ocho pavos reales. Tiene en las paredes dibujos de Tintín y un cuadro que compró a un anticuario en Singapur: un guerrero japonés con lanza y flechas subido a un caballo negro. La atmósfera oriental explica el palacete, embajada de Japón durante la II Guerra Mundial, y explica a Cifuentes, que se pasea recogida en un quimono abriendo las puertas lacadas del despacho con su tatuaje chino en una muñeca. En medio de esa delirante melancolía zen llama la atención una bandejita cool llena de piedras. Son adoquines de mármol de los veladores del Gijón y del Espejo, y cascotes arrancados de Recoletos para lanzarlos a la policía en la batalla campal del 22-M.

Cristina Cifuentes en tiempo de guerra, en El País

 


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Escrito el 13.03.15 a las 0:26

Fuera y dentro

La entrada en campaña del delegado del Gobierno en Andalucía (“no quiero que mande un partido que se llama Ciutadans y que tiene un presidente que se llama Albert”) tiene tres lecturas, todas exuberantes. La primera es que no le gusta que a Andalucía se le mande “desde fuera” sin especificar, el representante del gallego Rajoy asentado en Madrid, hasta dónde es fuera. La segunda es que tomó posesión de su cargo con una declaración muy pesada sobre la España plural y la necesidad de cohesionarla. La tercera hunde discretamente sus raíces en la xenofobia: no queremos al diferente, sobre todo si se nos parece. Es una versión libre del alemanes en Mallorca que ya propuso Floriano pronunciando Ciutadans como si estuviese en medio de un ictus, y que explica la credibilidad que tiene el Gobierno en asuntos que considera sagrados, como España.

Fuera y dentro, en El País


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Escrito el 9.03.15 a las 8:37

¿No prefiere que le abra yo?

Andalucía mira para Madrid como si en el piso de arriba hubiese un after, con lo cual podrían llamar a la policía, pero es la que está pinchando. Es tal el desconcierto que el sábado, en un late-night, Moreno Bonilla prometió 600.000 empleos, que sumados a los tres millones de Rajoy vuelve a obligar a los españoles a la emigración. El candidato hizo la promesa con tanta credibilidad que luego pareció vérsele corriendo por el plató como el técnico de Amor obsoleto, el culebrón de Airbag. La derecha tiene un problema de autoestima desde los tiempos de Arenas, que son anteriores a la propia derecha; Arenas, por cierto, acaba de sentenciar que las elecciones están abiertas, un diagnóstico con el que lleva sobreviviendo como animal político 40 años.

¿No prefiere que le abra yo?, en El País


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Escrito el 8.03.15 a las 12:18

La vida ocupada de Yuri Mykhaylychenko

Esta es la historia de Yuri Mykhaylychenko. Un día su abuelo se subió a un caballo, se adentró en la estepa y se pegó un tiro. Su padre fue liquidador en Chernóbil, su madre nació en un campo de concentración. Escuchó a los Stones poniendo la aguja del vinilo en radiografías de huesos rotos, fue estrella del rock en la perestroika,dirigió un pelotón contra los talibanes en Afganistán, traspasó a Shevchenko al Milan después de ofrecérselo al Barcelona, salió de gira con el Chaval de la Peca, dobló a los malos soviéticos de James Bond y hoy es empresario teatral, poeta y descendiente de cosacos. “Ya sabes lo que dicen de los cosacos”, dice abriendo una botella de champán a media mañana.

—¿Eres nacionalista, Yuri Mykhaylychenko?

—¡Cómo voy a serlo, si soy cosmonauta!

La vida ocupada de Yuri Mykhaylychenko, en El País


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Escrito el 1.03.15 a las 15:38

Ni nos vendemos ni nos alquilamos

Mi última experiencia con el arte contemporáneo ocurrió en 2008 durante la Bienal de Pontevedra. Un artista gallego, Carlos Rodríguez-Menéndez, reclamó personas mayores de 55 años que midiesen 1,55 metros para que fuesen a la inauguración mientras él cocía cinco kilos de merluza. Un amigo jubilado, Ángel García Carragal, se enteró de la propuesta y abanderó el reclutamiento. Carragal había sido presidente de la Asociación de Bajos de España. Un día fue al programa de Nieves Herrero y exigió el fin de los carteles de “Se vende bajo”.

—Ni nos vendemos, ni nos alquilamos.

Ni nos vendemos ni nos alquilamos, en El País


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