Escrito el 22.05.13 a las 15:36

Más Daisy que Gatsby

De El gran Gatsby, que empieza con un vigente mandato moral que cito de memoria: «Cuando sientas deseos de criticar a alguien piensa que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú», siempre me sobresalta la escena en la que Nick se encuentra con Tom y Daisy mirando el escaparate de una joyería meses después de la tragedia. Tras hablar con ellos repara en que «hacían añicos cosas y personas y luego volvían a su dinero o a su enorme desconsideración, o lo que fuese que les mantenía unidos, y dejaban que otros se encargaran de limpiar lo que ellos habían ensuciado». Donde dice Tom y Daisy pongan a un matrimonio de banqueros o ministros, refugiados sino en el escaparate de una joyería sí en un consejo de administración. Daisy fue siempre mi personaje favorito de Fitzgerald; la cuidó incluso con más celo que su Nicole de Suave es la noche, acaso porque el extravagante brillo de la Zelda de los años 20 se recrudeció en la siguiente década con la virtud imparable de la locura, y con los locos no cabe la ficción. Pero aquella Daisy que tenía la voz llena de dinero encarnaba un tipo de mujer que perseguí obsesivamente. Chicas a las que nunca les apetece realmente nada y que todo, hasta enamorarse, lo hacen por aburrimiento. Que viven tejiendo a su alrededor una aparente burbuja de frivolidad que al romperla con un diamante, como la rompió Gatsby, hace morir todo alrededor para dejar al descubierto un vacío aún más grande; quieren liberarse, comprando joyas, de escrúpulos provincianos. Esa búsqueda mía cesó con horror cuando comprobé, con el tiempo, que me he enamorado, me he casado y he tenido hijos con mujeres que representaban lo opuesto a Daisy, y de las que a veces pienso que a lo único que se dedican es a tratar de reconstruir las cosas y personas que hago añicos yo, una Daisy absurdamente envejecida, mortalmente cínica.

El Mundo, 23-05-2013


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Escrito el 17.05.13 a las 13:05

Últimas tardes con Mou

Las mocitas madrileñas se han puesto minifalda para joder al telediario, que les ha puesto dos rombos en los muslitos morenos, y bajan hoy descocadas a ver a su Madrid, que es el equipo de las citas locas, el champán francés y Xabi Alonso. Son las últimas tardes con ‘Mou’, alegres como sauces. Mou se va al Chelsea, se lo ha dicho al presidente y lo ha hecho con todo el dolor de su corazón, porque él intuye que el Madrid es el cielo, exigencias infernales incluidas, pero la familia no aguanta más y ha pedido volver a Londres. El amor de una mujer es tan grande como cambiar a España por Inglaterra; ¡bueno!, el de algunas mujeres, pero Mourinho está enamorado, como cualquier hombre de orden.

Últimas tardes con Mou, en El Mundo


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Escrito el 15.05.13 a las 16:58

Se buscan 50.000 euros

José Tomás, escuálido y recogido, casi una visión, entró en el edificio de la Bolsa de Madrid perseguido por un murmullo. Cojeaba el torero, y era tanta la devoción por él que empezamos a cojear todos un poco. Así, se formó sobre el espléndido parqué una sucesión de cojeras que iban desde las discretas hasta las estridentes. Cojeaban Enrique Cornejo y Laura Valenzuela, que entraron corriendo por si volvía a salir el sol un momento a derretirlos, y cojeaban Paloma Segrelles madre y Paloma Segrelles hija; no estaban todas las Palomas Segrelles de Madrid porque faltó Guti. El único que no cojeaba era Anson, parado en la puerta; miró de reojo mi camisa y me dejó pasar. Franquear a Anson es también un poco como franquear España, que ya da todo igual.

JT no da entrevistas ni deja grabar sus corridas, que son muy pocas. No frecuenta la fama, que la considera una cosa de marcianos, y como en España a estas alturas quien más y quien menos está saliendo en los periódicos, se produce a su alrededor la llamada mística, que no es otra cosa que callarse. Va desapareciendo a los pocos, también físicamente, y se ha dejado una barba muy oscura para que nadie tropiece con él.

Lo que hizo ayer en su discurso devino en acontecimiento intelectual: despiezar el reloj de su toreo y exhibir ante una audiencia pasmada el mecano soberbio con el que aborda al animal. Fue una enorme digresión de ninguna parte, pues José Tomás es en sí mismo una digresión: un segmento de tiempo que se desprende de golpe y alcanza a quienes llenan las ciudades por las que pasa. En este mundo inmemorial del toreo Tomás es lo más rabiosamente antiguo; por tanto, lo más moderno. Empresarios riquísimos y señoras que estaban muy buenas se acercaron a tocarlo como si no pudiese ser de verdad. A un prototipo de torero del ¡Hola! y la custodia compartida Tomás lo ha devuelto a Hemingway; ayer hasta se puso a presentar un libro. Fue después de deconstruirse ante su propio asombro, pues de todos los espantos íntimos del creador ninguno mayor que el de abrir las cortinas. Lo hizo de memoria desplazando varias ideas hasta llegar temblando a esta frase: «Cuando uno se viste de torero se viste también de presente. El pasado no cuenta, el futuro no existe». «No le gustan los toros, maestro», le chivaron cuando me tuvo enfrente. «Eso se arregla en la plaza». Habla muy líquido Tomás, con eses silabeantes y los labios en tensión, como si se le estuviesen amontonando frases ahí dentro que dan la vuelta, resignadas.

En la cola del besamanos que se organizó al final y que JT soportó con más estoicismo que una cornada todos cojeaban a su manera y el espectáculo había que verlo. Cenamos delante de los valores bursátiles y siguiendo en directo el Nasdaq y el Nikkei, que se desplomaban cada vez que un ganadero iba al baño. Conocí a Ana Botella, que se interesó cariñosamente por dónde vivía para mandar una patrulla y sacarme de Madrid a multas, y cené con Carmen Rigalt, que llevaba una rana en el vestido a la que si besabas se aparecía una infanta, por lo que todos la trataron con mucha delicadeza, no fuese a haber una desgracia.

José Tomás salió de la Bolsa en medio de la noche. No quedó nadie dentro del edificio. Pasadas las horas, el único que no había cojeado durante la cena empezó a cojear metido en cama; Anson recordó que el cheque de 50.000 euros no se había entregado. Eran las dos de la mañana y casi hubo que despertar al Rey. El dinero fue rescatado por el personal del Ritz: estaba debajo de una servilleta. Así trajimos a Zidane a España.

El Mundo, 16-05-2013


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Escrito el 14.05.13 a las 14:05

Memorias de Julián

Julián Muñoz va a publicar unas memorias cuyo adelanto leí ayer con mucho detenimiento en LOC porque yo también voy a publicar las mías, aunque no haya tonadilleras ni candelarias -ni siquiera alcaldes ahora que lo pienso; mi vida se precipita a un doble fondo municipal, donde están los archiveros-. En esas memorias que Julián escribió desde la cárcel como Celine sus cartas, pero sustituyendo el antisemitismo por un negro, cuenta su enamoramiento de Isabel Pantoja. Una infidelidad enorme, probablemente los cuernos más grandes que se hayan puesto nunca en España, al menos por parte de un señor así.

Memorias de Julián, en Elmundo.es


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Escrito el 29.04.13 a las 10:11

Trío arbitral

El Gobierno cuando tiene que decir algo importante sale de tres en tres. Sale siempre Soraya, que ya sabemos que da muy bien la vez, y si los anuncios son muy duros vienen con ella De Guindos y Montoro. De Guindos se coloca a la derecha de Soraya y Montoro, que siempre se ríe un poco, a la izquierda. Pareciera que Montoro piensa siempre el mismo chiste al llegar pero prefiere quedárselo para él.

Trío arbitral, en Elmundo.es


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Escrito el 24.04.13 a las 11:28

Compradores de cosas

El urbanismo, la crisis y los millones no sólo me producen cierta angustia, pues como periodista ha de estar uno siempre bregando en el filo del escándalo y el hastío, sino que de vez en cuando se conceden alegrías poéticas.

Compradores de cosas, en GQ


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Escrito el 21.04.13 a las 18:14

Off the record

El pasado miércoles, durante algunas horas en el digital de ‘La Vanguardia’ y un día en el papel, María Dolores de Cospedal dijo que los votantes del PP preferían dejar de comer a pagar la hipoteca. Se levantó gran escándalo que no amainó la rectificación, pues entre los lujos españoles más preciados está el de contextualizar gravemente la fábula; detener el proceso está mal visto por razones de seguridad nacional: se van al garete cientos de ocurrencias, insultos y hasta algún programa electoral. La periodista que publicó la cita adujo que recogía el espíritu de lo dicho y hubo sensación generalizada de que para eso habían quedado los entrecomillados, para las psicofonías.

Off the record, en Elmundo.es


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Escrito el 12.04.13 a las 17:51

Prohibido en catalán

El diputado Tardà se subió ayer a la tribuna del Congreso, y como no se le entendía, fue expulsado. ¿Y qué más da que no se le entendiese? ¡Ni que fuera Ortega y Gasset! Si uno repasa las intervenciones en castellano de Tardà en el Congreso se preguntará con asombro por qué no se le dejó hablar en catalán.

Prohibido en catalán, en El Mundo


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Escrito el 11.04.13 a las 11:41

El Madrid de Pla

Hacia el final de su primera estancia en Madrid, donde vivió como corresponsal en 1921, Josep Pla se cruza con un condiscípulo suyo que acaba de doctorarse y quiere volver a Barcelona a montar un despacho. “¿No hay bastantes despachos todavía?”, inquiere el escritor, que le reclama que se quede a Madrid a “observar”. “Tu curiosidad, ¿ya se acabó?”, pregunta. Y al escuchar a su compañero decir que las cosas deben seguir su curso, Pla refiere la historia de un matrimonio de campesinos que se encuentra a un hombre ahorcado aún con vida, lo salva y se lo lleva para casa. “Pero, al cabo de varios días, la campesina dijo: ‘No me gusta ese hombre.’ El campesino, tal vez para no disgustarla, encontró que su mujer tenía razón. Al cabo de muy poco rato de discutir, dijeron con naturalidad: ‘Hay que dejar que las cosas sigan su curso…’ Cogieron al exahorcado y lo volvieron a ahorcar.”

El Madrid de Pla, en Letras Libres


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Escrito el 10.04.13 a las 13:35

Dinero rico, dinero pobre

Hay un dinero rico y hay un dinero pobre. Umbral decía que ganando dinero pobre nunca se llegaba a rico. El testamento de Don Juan demuestra que tenía mucho dinero inmensamente pobre. Don Juan fue un rey que no pudo reinar y un rico que no pudo ejercer. ¿Por qué? Porque su fortuna era de dinero pobre que había que tener escondido para mantener la reputación, que es un vicio de nobles

Dinero rico, dinero pobre, en El Mundo


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